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Barcelona, 23/08/05

Aquí no hay quien viva

Amplias zonas del céntrico distrito acumulan suciedad, que incluye orines y excrementos

Los vecinos más afectados coinciden en que la actual situación es insostenible y piden soluciones
Los responsables de limpieza dicen que la respuesta debe ser más civismo y sanciones y no más efectivos
Los vecinos reclaman a la policía que persiga a quienes ensucian las calles

Ó. MUÑOZA. / A JUSTÍCIA

Ciutat Vella muestra estos días la peor estampa de Barcelona: la imagen de la suciedad y de la degradación humana en sus calles. Los lugares más concurridos por la noche - amplias zonas del Raval, la plaza Reial y sus alrededores, así como la Ribera- son los que suelen acabar en un estado más lamentable. La peor parte se la llevan las callejuelas que rodean estos puntos calientes . En sus rincones se amontonan los restos de la diversión que continúa sin límite fuera de los bares o directamente en la vía pública, alentada por los fenómenos del botellón y de los lateros ,que no cesan. Unas veces son latas y restos de comida por el suelo, junto a vómitos y excrementos. Otras, enseres y desperdicios de quienes duermen a la intemperie, que en verano proliferan en estas zonas. El fenómeno continúa hasta bien entrado el día ya que los servicios de limpiezan a menudo se ven incapaces de dar respuesta eficaz a tanta porquería. Hay lugares en los que la presión humana es tal que al poco de pasar las brigadas, vuelven a estar sucios. Así las cosas, los responsables municipales, más que incrementar los efectivos, consideran que se debe insistir en la concienciación cívica y en la fuerza de las sanciones.

"En Ciutat Vella se dan todos los condicionantes que favorecen la acumulación de suciedad - explica Núria Badia, directora de los servicios de limpieza del Ayuntamiento-: hay una gran concentración de personas, muchas de ellas visitantes, las calles son estrechas, no hay contenedores de basura, hay gente que vive en la calle..." Por ello, en este distrito es el que más presupuesto se destina a limpieza. Incluso hay actuaciones especiales, como los circuitos de orines ,en los que las brigadas despliegan un producto especial que combate los malos olores de estos excrementos. Badia asegura que las calles más castigadas se limpian hasta quince veces a la semana, aunque recuerda que este verano hay restricciones por la sequía. "Pero - prosigue- aun así, muchas veces da la sensación de que todo lo que se hace, que es mucho, no es suficiente; limpias y al poco parece que ya no luce; podríamos poner muchos más medios y me da la sensación de que las cosas no cambiarían mucho". Badia añade: "Las encuestas nos dicen que los vecinos de Ciutat Vella creen que hay suficientes efectivos de limpieza en el distrito".

Por todo ello, esta responsable municipal considera que más que replantearse los protocolos de limpieza o incrementar los efectivos, "hay que sensibilizar a los ciudadanos y, en muchos casos, debe sancionarse a quienes ensucian, que son mayoritariamiente gente que llega de fuera del distrito". Badia lamenta además que ciertos comportamientos no susciten el reproche inmediato de quienes los presencian, una actitud que, en su opinión, también forma parte del civismo.

Ángeles Falcés tiene la desgracia de vivir desde hace 20 años en un primer piso de la calle Lleona, muy cerca de la plaza Reial. "La peste a meados aquí es insoportable durante todo el día. Antes tirábamos zotal para disimular el tufillo, pero ni por esas". "Esto es un váter público", añade Nieves, quien hace un año dejó a sus hijas su piso de la calle Escudellers Blancs para mudarse a l´Hospitalet de Llobregat. "Creo que al final lo venderé, porque aquí es imposible vivir entre tanta mierda, ruido de noche, borrachos y reyertas". Ambas vecinas se extrañan de que tanta impunidad campe a sus anchas por estas calles cuando están tan próximas a sedes como la Generalitat y el Ayuntamiento. "Esto tendría que estar como los chorros del oro, pero ni los turistas que vienen respetan nada", reflexiona Ángeles. Sus palabras coinciden con un turista residente en la zona que tras salir del portal de una casa tira una caja de cartón en medio de la calle. Al lado hay otras tantas bolsas de basura acumuladas. "¿Lo ves? No me invento nada", sentencia.

Además de los vecinos, quienes también ceden a la desidia y el incivismo popular son los encargados de la limpieza diaria de la ciudad. Maria pasea cada día cubo y escoba en mano por el Barri Gòtic, donde la suciedad es más notoria los fines de semana. "Donde realmente es un estercolero es en el Raval", comenta. Allí cada mañana encuentran de todo: jeringuillas, condones, vómitos, latas, orines y porquería varia que se concentra en calles como Sant Ramon, Nou de la Rambla o Sant Pau. Lo corrobora su compañero, Juan, que en más de una ocasión le ha tocado baldear estas calles. "Por mucho que le tires agua, el olor persiste y es nauseabundo. Entiendo perfectamente a los vecinos y quizás se debería aumentar el servicio de limpieza en los lugares más conflictivos", comenta, señalando también los alrededores de la plaza Reial como otro foco de conflicto diario.

Más arriba, en los aledaños de Sant Jaume, la situación mejora. A las nueve de la mañana, la plaza Sant Miquel, a la que da el Ayuntamiento, está limpia como una patena.

No así la zona infantil que hay en medio. "¡Está asqueroso!", exclama Monize Gustafson, que no quita ojo a su hija mientras juega en uno de los caballitos de madera. "Riegan la calle pero este espacio no, sigue oliendo a meados y está lleno de colillas", añade Monize, que vive desde hace ocho años en la calle Paradís. "No les costaría nada tener esto en condiciones - prosigue-; aquí vienen niños pequeños que se llevan todo a la boca". Monize dice que hasta el momento ha puesto un par de denuncias que han servido para que limpien el parque a fondo, "pero al poco vuelve a estar igual", se lamenta.

"Limpiar, limpian pero es que la gente es muy guarra", explica Lourdes Bilbao mientras barre el trozo de calle que hay frente a la tienda de bolsos de la Ribera donde trabaja, que está bajo unos grandes portales. "Estos porches son muy propicios, aquí la gente se mea y se caga - explica señalando excrementos acumulados en una esquina". Con todo, Lourdes considera que "el Ayuntamiento podría hacer más" y denuncia que "la máquina aspiradora no pasa por aquí, al menos desde el día 15". A pocos metros, un hombre duerme. "Los hay que saben dormir y los hay que no... ", añade la dependienta.

La impunidad de los incívicos es lo que más molesta a los vecinos consultados por este diario. "Esto no puede ser, entiendo que aquí venga gente de todas partes, pero lo que no es de recibo es que campen a sus anchas", manifiesta Ferran Arribas, que desde hace un año vive en la calle Rauric. A pesar de que los tres cuerpos de policía - Guardia Urbana, Mossos d´Esquadra y Policía Nacional- refuerzan su presencia en las zonas má concurridas de Ciutat Vella, de acuerdo con la operación verano, los vecinos echan en falta más control de los comportamientos incívicos. "El barrio es bastante más seguro que antes - comenta Pilar Carmona, de la calle Ample- pero la basura va a más; sólo hace falta pasear por la plaza George Orwell para comprobarlo, es un nido de porquería".

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