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Barcelona, 22/08/05
LAS CELEBRACIONES MÁS POPULARES DE AGOSTO // LA VELADA >> REPORTAJE

Hogueras de alcohol

Gràcia vive una noche con pocos incidentes y sin disturbios
El consumo de cerveza y las borracheras aumentan con los 'lateros' que campan a sus anchas

JORDI SUBIRANA

Incendio en
Incendio. Un bombero apaga un contenedor, la madrugada de ayer en la calle de Torrent de l'Olla. Foto: MARC VILA
Poco antes de la seis de la madrugada del domingo, los alrededores de la plaza del Sol ofrecían un aspecto lamentable. El día despertó con resaca y olor a orines. Una noche más los contenedores y las esquinas se convirtieron en improvisados urinarios. Los maceteros estaban llenos de latas y botellas. Las zapatillas se enganchaban en el pegadizo suelo. Decenas de personas, ajenas al mal olor, se amontonaban en la puerta del restaurante Envalira para bailar al ritmo de los bongoseros. Hacía dos horas que los conciertos oficiales habían terminado. En Gràcia, la fiesta continuaba pero tocaba a su fin.

Los servicios municipales de limpieza irrumpieron en la plaza junto a una brigada de la Guardia Urbana para desalojar a los más noctámbulos. Se repitió la operación llevada a cabo una hora antes en Rius i Taulet. Y como en ésta se saldó sin apenas disturbios.

Voló alguna lata, hubo algún insulto y gritos, y un conato de pelea entre dos borrachos en la calle de Planeta, aunque los incidentes más significativos fueron los incendios de una carpa, en la plaza de Rovira, y de un contenedor en Torrent de l'Olla. Rápidamente fueron sofocados por los bomberos. El fuego de Torrent de l'Olla despertó la curiosidad de numerosos noctámbulos: vecinos, okupas, prensa y policía secreta. Sus miembros, a diferencia de otras noches, optaron por vestir con ropa más discreta. Quisieron pasar más desapercibidos aunque no lo consiguieron.

Despliegue por etapas

No hubo más problemas, seguramente porque una noche más el despliegue policial fue importante. A las 2.30 horas, cuando los bailes populares estaban en su máximo apogeo, cinco furgonetas antidisturbios de los mossos se sumaron a los efectivos de la Guardia Urbana que ya patrullaban por Gràcia y que poco antes de las dos de la madrugada detuvieron a dos jóvenes que presuntamente causaron altercados el miércoles. A las cinco se desplegó la Policía Nacional.

Los mossos aparcaron en la confluencia de la calle de Torrent de l'Olla con Travessera de Gràcia. Un joven de unos 18 años, litrona en mano, observaba el despliegue con mirada desafiante. "A la mínima que me provoquen, salto", dijo.

Ningún policía le ofreció esa posibilidad. Las órdenes eran claras: esperar a la que los noctámbulos se cansaran e intervenir sólo cuando fuera necesario. La estrategia, al menos ayer, surtió efecto y hacia las cuatro de la madrugada, con el fin de las orquestas, se vieron los primeros bostezos y numerosos asistentes volvieron a casa. "Está siendo una noche muy tranquila", explicó un agente de la Guardia Urbana en Rius i Taulet.

Un pasado mejor

A lo largo de estos días se incautaron hasta 14.927 latas, según el concejal de Gràcia, Ricard Martínez. Sin embargo, no fue suficiente para impedir que los lateros camparan a sus anchas y el botellón tomara plazas y calles de Gràcia. Según la Guardia Urbana, los incidentes hicieron que durante estas fiestas la prioridad de los agentes fuera la seguridad y no impedir la venta ambulante de cerveza.

Lo curioso, y a diferencia de Ciutat Vella, es que los vendedores no eran en su mayoría paquistanís. Jóvenes franceses, brasileños y, por supuesto, catalanes se convirtieron en comerciantes ocasionales que intentaron hacer su particular agosto ofreciendo una gama de marcas de cerveza u otros tipos de bebidas, desde elaborados mojitos a indigesta sangría. "Es una forma sencilla de sacarme una pasta. La gente bebe mucho, y más si la bebida es barata", dijo Jaume, vecino de Barcelona de 25 años.

La venta callejera, concentrada en las plazas de Rius i Taulet, del Sol y del Diamant, no se limitó a alcohol. En la del Diamant, por ejemplo, donde se celebraron las fiestas alternativas de la Coordinadora Antirepressiva de Gràcia, se instalaron varias paradas con comida. Una joven armada con un carrito de la compra aseguraba en un cartel vender "bocadillos buenísimos". Alguien compró, pero lo cierto es que los lateros , a las cinco de la madrugada, hacían más caja. En Rius i Taulet, los desechos y vómitos se amontonaban, varios jóvenes dormían la borrachera en el suelo... Algunos vecinos lamentaron que hace años que las fiestas dejaron de ser lo que fueron.

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