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Alicante, 21/08/05

El botellón se va a la playa

Los jóvenes «emigran» con las botellas a las zonas costeras de la ciudad y dejan el centro semi desierto durante el período estival

ALEJANDRO FERNÁNDEZ

Los jóvenes alicantinos han dejado semi desiertos los principales puntos de botellón durante el invierno. Salvo la ladera del Benacantil, repleta viernes y sábados, el resto de ubicaciones «tradicionales» ha ido perdiendo afluencia de forma paulatina. Ahora, la juventud se ha trasladado a los puntos costeros de la ciudad, a las playas y a las inmediaciones del campo de golf de San Juan. Este diario se ha subido a una patrulla «anti botellón» de la Policía Local y ha comprobado de primera mano el descenso de la actividad en el centro.

La ladera del Castillo de San Fernando, la plaza del Mercado Central, Canalejas, la «ruta de la madera»... En las noches inviernales, cualquiera de estos lugares es sinónimo de botellón. Pero ahora, durante los meses estivales, los jóvenes y las botellas han «emigrado» a las zonas costeras de la ciudad. La Playa de El Postiguet, la de San Juan y, sobre todo, las inmediaciones del campo de golf han recogido el testigo de forma momentánea.

Sin embargo, el verano no ha podido con la ladera del Benacantil. Allí, cientos de jóvenes siguen reuniéndose los viernes y sábados hasta altas horas de la madrugada. Su proximidad con el Barrio y las dificultades de la Policía para acceder con sus vehículos a la zona han convertido a este lugar en la ubicación predilecta de los adolescentes y no tan adolescentes de la ciudad.

Una noche con la Policía

Noche de viernes. Este diario se dispone a compartir una noche con una patrulla de la Policía Local en busca de botellones por toda la ciudad. A las 23 horas Antonio Santana, oficial de la Unidad Especial de Servicios, nos recibe en el centro de operaciones de la Policía Local. En apenas 30 minutos INFORMACION conocerá de primera mano los entresijos de sus actuaciones, sus estrategias, su «modus operandi». En definitiva, su trabajo diario.

Pero antes, Santana sitúa los antecedentes. «El verano es más flojo que el invierno, porque ahora los estudiantes están de vacaciones», dice. Junto a Antonio y Francisco Javier Esteve, el otro agente que nos acompaña, siete policías supervisan cada fin de semana toda la ciudad en busca de grupos de botellón. «Somos cuatro oficiales, y cada fin de semana sale uno», añade Santana.

Con un café en el cuerpo, ambos se disponen a pasar la noche. Son las 23.30. Francisco Javier arranca el todoterreno y comienza a rodar por buena parte de las calles de la ciudad. Y en apenas media hora llega la primera actuación. Un grupo de «punkies» disfruta con varios litros de cerveza en la acerca de la calle Poeta Campos Vasallo, en la «Ruta de la Madera». Los agentes las requisan, las vacían ante los jóvenes y levantan el acta correspondiente. La sorpresa, no obstante, llega pocos minutos después. Los «punkys» delatan al local que les ha vendido las «litronas», regentado por un ciudadano oriental, y la Policía le multa de inmediato.

Tras efectuar la primera intervención, el coche patrulla se dirige hacia el Parque de Canalejas. Cinco adolescentes, a priori menores de edad, comparten una botella de whisky. Impresionadas por la celeridad de los agentes, las jóvenes se quedan en blanco. Apenas tienen tiempo para buscar excusas (una práctica muy extendida) y dicen no tener el carné de identidad. Pero en apenas unos minutos, intimidadas por la amenaza de los policías de llevarlas a casa, dos de ellas muestran la documentación. «La mayoría de los chicos y chicas que no han cumplido los 18 años nos suele decir que no tiene el carné, pero cuando les decimos que les vamos a llevar a su casa, nos lo enseñan», apunta el oficial.

En apenas una hora de vigilancia la patrulla ya ha recorrido los puntos neurálgicos de botellón durante el invierno, pero ahora la actividad se ha reducido con una celeridad pasmosa. La Policía ha reforzado de forma notable su lucha contra esta práctica «y sí que es cierto que la gente se corta cada vez más», explica Francisco Javier.

Además, la adquisición de motocicletas ha aderezado la eficacia de los agentes. Ahora tienen la capacidad de llegar a cualquier sitio, incluso antes de que los jóvenes echen a correr. «La mayoría de veces no solemos tener problemas porque ellos suelen ser comprensivos», añade Santana.

El reloj marca las 00.45 horas y Antonio y Francisco Javier van a realizar su última intervención, esta vez en el campo de golf de San Juan. Decenas de botellones abarrotan el parque colindante con los pubs y la acera de la Avenida Locutor Vicente Hipólito.

Resulta necesaria la presencia de más agentes, y por la radio se da la alerta. En escasos dos minutos aterrizan en el lugar seis motocicletas. Los policías levantan cerca de 10 actas y vacían las botellas de alcohol ante la impertérrita mirada de sus dueños. Parte de la noche se les ha acabado. Ahora, sobre las dos de la mañana, los agentes dejan el campo libre a los basureros. Les aguardan varias horas de trabajo. La zona ha quedado infectada de basura.

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