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Barcelona, 20/08/05

El refuerzo policial y la tolerancia horaria devuelven la calma a Gràcia

• Más de 150 agentes impidieron ayer de madrugada actos vandálicos como los de las noches anteriores
• Las autoridades decidieron no desalojar las plazas y el 'botellón' se alargó hasta las 6 de la mañana

ALBERT OLLÉS / ROSA MARI SANZ

Plaza del Sol de Gràcia
Grupos de jóvenes ante dos furgonetas de la Guardia Urbana, a las 4.30 de la madrugada de ayer, en la plaza del Sol de Gràcia. Foto: PERE BATLLE
La calma volvió ayer a las fiestas de Gràcia, después de que el distrito decidiera cambiar sobre la marcha el modelo de seguridad anunciado para esta edición. El refuerzo de los efectivos policiales y la decisión de no desalojar las plazas, lo que prolongó la fiesta y el botellón hasta las seis de la mañana, impidieron que se repitieran los actos vandálicos de las dos noches anteriores y frenaron la escalada de violencia en la que había entrado la celebración, por segundo año consecutivo.

Los enfrentamientos entre grupos de jóvenes y efectivos policiales que habían sacudido la tranquilidad de los festejos el miércoles y el jueves, con importantes daños en el mobiliario urbano y el decorado de algunas calles, se redujeron ayer a la quema de un contenedor.

Más de 150 agentes (80 de la Policía Nacional, 50 de la Guardia Urbana y 22 de los Mossos d'Esquadra) tomaron el barrio desde primera hora de la noche y no lo abandonaron hasta que se quedó vacío.

ESPERA PACIENTE

El notable incremento de la seguridad se unió a la decisión de no desalojar las plazas a partir de las 2.30 horas, tal y como se había hecho hasta ahora, en cumplimiento de los horarios fijados por el distrito para respetar el descanso de los vecinos.

Los agentes esperaron a que los participantes en la fiesta, animados por bongos, decidieran la hora de cierre, que se alargó hasta primera hora de la mañana, con la plaza de Rius i Taulet y la del Sol, escenarios de los altercados de las jornadas precedentes, como últimos reductos. Con las calles ya casi vacías se produjo el único incidente, en el que un reducido grupo de jóvenes quemó un contenedor y lanzó algunos objetos contra la policía y la prensa.

El concejal de Gràcia, Ricard Martínez, valoró positivamente los cambios, aunque matizó que el límite horario se podría recortar el fin de semana. "No podemos pasar de cero a cien en un día. Si llenas el barrio de gente se ha de dar un tiempo para que se vayan. Mantendremos la presión, pero la manera de actuar la decidirán los responsables de los cuerpos de seguridad", afirmó.

Martínez hizo estas declaraciones en una comparecencia conjunta de la Federació de la Festa Major, organizadora del festejo; la Coordinadora Popular de Festes, responsable de la cita alternativa de la plaza del Diamant, y la Assemblea de Festes Alternatives, vinculada a los okupas.

"QUE NO VENGAN"

En la misma condenaron los actos vandálicos y apelaron a la convivencia. "No los queremos ni los necesitamos, y si no han de respetarnos, que no vengan", manifestaron en alusión a los causantes de los destrozos. Las tres entidades destacaron que las trifulcas se iniciaron cuando los actos habían acabado, y por gente "mayoritariamente ajena al barrio". El presidente de la Federació, Albert Torres, añadió que, si bien los refuerzos policiales pueden haber llegado tarde, "no serían necesarios si hubiera civismo".

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