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San Sebastián, 17/08/05
GILBERT VARGA , DIRECTOR DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI

«El ruido es mi mayor tortura»

El director de la Sinfónica de Euskadi no soporta la música ambiental de los aeropuertos y centros comerciales. «Somos como fumadores pasivos», sostiene

CRISTINA TORRES

Gilbert Varga
EN SILENCIO. Varga en su casa en el campo, a donde escapa del ruido de las ciudades. / I. PÉREZ.
Gilbert Varga, director de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, desde 1997, es un hombre apasionado que disfruta con su trabajo. Buen conversador y amante de la naturaleza, reside en un pueblo pequeño, cerca de Toulouse, sin vecinos ni ruidos que le molesten. Considera su profesión un privilegio y que la música es «un idioma que puede expresar mucho más que la palabra».

-Vive en un pueblo muy pequeño.

-La naturaleza es una necesidad para mí. No soy una persona de ciudad, no me gusta. Mi casa está aislada y no tenemos vecinos. Es fantástico. Tengo suerte de que a mi mujer y a mis hijos también les guste.

-Creo que no soporta la música ambiental de los aeropuertos.

-Así es. El ruido es la mayor tortura para mí. He escrito varias veces a los responsables de los aeropuertos diciéndoles que debería estar prohibido. Todo el ruido de los hoteles, de la habitación de al lado, de la calle... Pienso que somos como fumadores pasivos. Lo mismo ocurre con la música. Hay una diferencia entre escuchar y oír. Cuando una persona viene al concierto, escucha; pero, cuando está en el aeropuerto o en un gran centro comercial, no escucha, sólo oye. Me molesta el ruido, es insano. Pienso que destruye la salud.

De descanso

-¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

-Leer. Estoy con dos libros, uno de Chandler y otro sobre la historia de América. Tengo una gran colección de libros. Puede que sea porque descubrí muy tarde la literatura.

-¿Antes no le gustaba leer?

-Tenía un problema mayor. No sabía qué leer.

-¿Y cuántos idiomas habla?

-Mal, muchos.

-¿En verano escucha otra música?

-Mi hijo estudia la percusión y ama el jazz. Yo lo escucho y también obras de clásica que no conozco.

-¿Algún compositor le relaja especialmente?

-El más completo, además de que se puede escuchar en cada circunstancia de la vida, es Bach. Lo contiene todo. Creo que hace veinte años hicieron un experimento en Alemania con vacas para comprobar con qué música daban más leche y el resultado fue: con Bach.

-¿Es fan de algún grupo de rock, pop...?

-No conozco a ninguno. Lo más moderno que conozco son los Beatles.

-¿Y le gustan?

-Sí. Son clásicos. Las melodías me gustan mucho.

-¿La música clásica debería vivirse con más normalidad y menos rigidez?

-Para mí, la música es un idioma con el que se puede expresar más de lo que se puede decir con palabras. Es mucho más rica que cualquier idioma del mundo. Vivimos en una época en la que debemos pensar mucho lo que decimos, porque a veces las palabras son fuente de conflictos. En cambio, con la música puedo expresar mucho más. Es abierta, rica y permite llegar al fondo. Por ello, es un privilegio ser músico o artista en general.

Vuelta al trabajo

-¿A que orquesta le gustaría dirigir?

-A la que ya dirijo, la Orquesta Sinfónica de Euskadi.

-¿Y, el momento más importante de la trayectoria de la OSE?

-La primera gran gira por América del Sur. En especial, el concierto que ofrecimos en Buenos Aires. En aquel momento, se despertó un sentimiento en la orquesta al comprobar que tenían un nivel internacional.

-¿Sufrirá el síndrome postvacacional a la vuelta al trabajo?

-Es normal sufrirlo, pero siempre, dos semanas antes de trabajar, hago una descomprensión. Me quedo en casa y me preparo para volver a trabajar.

-Es usted bastante cerebral.

-Si. En definitiva, la mitad de la vida es organización.

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