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Salou, 07/08/05

Ley seca' en la playa de Salou'

La policía local impone 300 multas en un mes para erradicar el botellón

En sólo tres horas la patrulla de playa multa a diez grupos de jóvenes y requisa una veintena de botellas

ESTEVE GIRALT

Madrugada del pasado viernes. Una patrulla de la policía local inicia su recorrido nocturno en la playa de Llevant, en pleno centro de Salou. No han pasado ni cinco minutos y los agentes, montados en su 4x4, detectan el primer botellón. Un grupo de ocho adolescentes francesas, ataviadas con collares de flores, se disponía a iniciar su fiesta particular sobre la arena, sangría incluida, cuando llega la policía. Sus caras van de la sorpresa al susto, hasta un grado de cierta incredulidad. Una de las jóvenes incluso chapurrea una curiosa justificación: "¡Es sangría, bebida española!". Las galas entran rápidamente en razón, los agentes requisan el alcohol y tramitan la primera multa de la noche, a razón de 300 euros. Escasos minutos después, cae una pareja de franceses que degustaba plácidamente una botella de whisky frente al mar; luego tres checos y cinco jóvenes ingleses con una curiosa mezcla de sangría, vino de tetrabrick, cava y cerveza. Y la noche no ha hecho más que empezar.

La policía local de Salou, ciudad que en verano pasa de 40.000 a 200.000 habitantes, inició a principios de julio una intensa campaña de vigilancia para erradicar el botellón. La aplicación a rajatabla de la ordenanza municipal que prohíbe la ingesta de alcohol en la vía pública ha permitido denunciar en un mes a más de 300 grupos que hacían botellón en las playas del municipio. "El nivel de tolerancia es cero", destaca José Luis Gargallo, inspector jefe de la policía local.

Cada noche una patrulla se dedica exclusivamente a vigilar las playas, desde las más concurridas, como la de Llevant o la de Capellans, hasta las pequeñas calas. El dispositivo de control, que se dobla las madrugadas del fin de semana, ha disuadido a muchos de los jóvenes que antes practicaban el botellón, corrobora el inspector jefe y los agentes que patrullan esta madrugada. Estos días se tramitan de media una docena de denuncias por noche, pero cuando se inició campaña, el pasado mes de julio, algunas playas fueron desalojadas de madrugada con más de un centenar de personas que bebían alcohol.

Avanza la madrugada y la pareja de agentes sigue explicando de forma pedagógica que en Salou está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas en toda la vía pública, sea playa, plaza o paseo marítimo. De entrada, la mayoría de los infractores alucinan, pero acaban acatando la normativa y abandonan la playa. Incluso hay quienes se lo toman con sentido del humor; un grupo de ocho madrileños se juega a los chinos quién se hará cargo de la sanción económica. Pero algunos se enojan, sobre todo al observar que, tras la explicación casi didáctica y las buenas maneras, el agente empieza a tramitar la multa y las botellas de precios asequibles que compraron en el supermercado acaban en el maletero del todoterreno de la policía. "¡¿Se lo van a llevar todo?! Nos podrían dejar una de sangría. Los cubatas cuestan diez euros", se queja un joven maño. "Estamos de vacaciones", espeta visiblemente indignado, como pidiendo el indulto, otro francés, nacionalidad que hoy se está llevando la peor parte de esta particular ley seca. El agente, pedagógico pero inflexible, le quita de las manos la botella de vodka.

El perfil del asiduo al botellón es un joven de entre 20 y 27 años que busca en la playa una forma de diversión barata, explica Gargallo. El inspector destaca que no se trata de delincuentes, aunque recuerda que algunos jóvenes bebidos han provocado destrozos en el mobiliario urbano de las playas. Además, otro grave problema son los residuos que dejan estos grupos en las playas, sobre todo por los cristales rotos que a la mañana siguiente podrían dañar a los bañistas.

Esta noche está resultando tranquila, destaca el cabo Basora. Pero apenas han pasado tres horas y el maletero del 4x4 está lleno de botellas. La patrulla regresa a la comisaría para vaciar lo requisado en un carro de la compra al uso que pasada la madrugada seguro que estará repleto; algunas noches han necesitado dos para cubrir tanto botellón.

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