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Palma de Mallorca, 04/08/05
PALMA A PALMA

Estrépitos nocturnos

CARLOS GARRIDO
Contenedores
Hace unos siglos, las noches del barrio antiguo estaban llenas de ruidos ominosos. Decían los habitantes de Canamunt que, en la alta madrugada, resonaban pasos extraños. Crujimientos. Regurgitaciones. Los palmesanos de entonces no osaban abrir la puerta. Puesto que temían encontrarse con el temible Drac de na Coca, paseando por las calles. En busca de carne fresca para sus feroces mandíbulas.

Hoy, el cocodrilo famoso yace disecado en el Museo Episcopal. Pero los resoplidos profundos, los regarganteos crujiosos siguen escuchándose.

¿Quién los produce?

Intentaré describirlos, aunque sé que mi limitada pluma resulta incapaz de reproducir los ecos macabros, las reverberaciones ultratúmbicas que recorren la ciudad alta cuando todos duermen.

Comienza con un silbido que hiela la sangre. Como si una gigantesca serpiente estuviera enroscándose por el campanario de alguna iglesia. Después suena un sonido horrísono, abismal. Como si un monstruo prehistórico deglutiera a la vez un rebaño entero de bueyes con sus esquilas.

El pobre durmiente abre los ojos totalmente escalofriado. Pero todavía le espera algo peor. Porque inmediatamente, y sin dar tregua a sus torturados nervios, se escucha a todo volumen algo así como las cadenas de los fantasmas de antaño. El arrastramiento, el desparrame de mil objetos, que corren por el subsuelo haciendo temblar las paredes.

Luego vuelve el silencio nocturno, y la ciudad contiene la respiración, esperando la aparición de algún ser monstruoso.

Pero no. No es el Drac de na Coca, sino el sistema de recogida neumática de basuras. Esos robots silenciosos que tanto interesan a los turistas, que se paran delante, les hacen fotos y les abren las tapas con curiosidad. Parecen tan inofensivos y tranquilos. Pero a veces sus entrañas se agitan, y los cargamentos se van disparados hacia los depósitos de la Costa des Gas. Despertando de paso a todos los vecinos de la zona.

La verdad, yo prefería al Drac de na Coca. Era más discreto.

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