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Málaga, 14/04/05

De la mano del ruido: un paseo con sonómetro tras la contaminación acústica

SUR comprueba en un recorrido por la ciudad que apenas se cumplen los límites sobre contaminación acústica recomendados por la Organización Mundial de la Salud
JUAN SOTO

Obra. Sonómetro
Calle Bolsa: 95 decibelios. - Situación: En pleno Centro de la ciudad, una obra perturba aún más a los sufridos peatones. A las 13.10 horas, cuando los obreros activan el martillo eléctrico, el sonómetro se dispara hasta los 95 decibelios.
EL lugar más apacible de la ciudad puede convertirse en cuestión de minutos en un castigo para los oídos. Situaciones tan cotidianas como el paso de un ciclomotor, el claxon de un vehículo o un local musical con las puertas abiertas contaminan con ruido la ciudad e impiden el descanso de los malagueños. En un recorrido por la ciudad realizado ayer por este periódico se pudo comprobar que en ninguno de los sitios analizados hay menos de 65 decibelios, el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El recorrido comienza en el Centro. En concreto, en la Acera de la Marina. Juan Luis Puga, responsable de la página web www.ruidos-no.com, que el martes anunció la celebración de un concurso para medir la intensidad del ruido en la ciudad, lleva a cabo una primera medición con su sonómetro: 85 decibelios junto a la Diputación. Este licenciado en Ciencias Ambientales explica: «En la ciudad es casi imposible obtener los registros recomendados por la OMS, sobre todo por la intensidad del tráfico».

La situación en esta zona del Centro se complica al pasar sólo unos minutos. Al dar la vuelta a la esquina y entrar en la calle Molina Lario, el claxon de un turismo dispara el aparato hasta los 104.9 decibelios. Puga advierte: «La OMS dice que en ningún caso se deben superar las puntas de 85 decibelios porque pueden comenzar los problemas tanto físicos como psicológicos». Este experto precisa que en este sentido el umbral del dolor se sitúa en 120 decibelios.

Peligro de las obras

En la calle La Bolsa se ejecuta durante estos días una obra. Son las 13.15 horas y el sonido del martillo eléctrico hace que el sonómetro se sitúe en 95 decibelios. Los trabajadores llevan unos protectores, pero a los peatones sólo les queda taparse los oídos y pasar lo más rápido posible. Al comprobar el marcador del sonómetro, uno de ellos se defiende: «Aunque el martillo haga mucho más ruido, es el aparato más eficaz y sólo se utiliza algunos días», precisa.

En la siguiente medición se intenta comprobar si los pacientes que están ingresados en los centros sanitarios de la capital pueden descansar a salvo del ruido de los coches. Y el experimento tampoco es positivo. En la misma puerta del hospital Carlos Haya el nivel de contaminación alcanza los 75 decibelios y los enfermos que tienen las ventanas abiertas oyen el paso de vehículos. A la hora de la medición, las 13.35 horas, el tráfico no es muy intenso, y Juan Luis Puga comenta que la prueba no ha salido del todo mal. «En este punto el ruido es mucho más intenso a otras horas, porque la altura de los edificios hace que el sonido rebote».

El último punto analizado se encuentra en la calle Ortega de Prados, donde los niveles de sonido son constantes día y noche. En esta vía, situada sobre el falso túnel de Carlos Haya, se ubican numerosas viviendas y según se desprende de la medición, el cierre superior de la autovía no ha servido para acabar con el molesto paso de los vehículos a toda velocidad. Sobre las 14.00 horas, el sonómetro marca 75 decibelios, pero rápidamente sube hasta los 103 con el paso de un camión. Es más, el responsable de esta iniciativa afirma que «lo peor sucede por las noches, porque el sonido es el mismo y las personas que intentan dormir apenas lo pueden lograr».

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