Santiago, 27/09/04 Santiago inicia una 'cruzada' para silenciar motos ruidosas
Ahora, con el comienzo del curso académico, se volverán a incrementar los controles con el fin de seguir reduciendo el volumen sonoro y los incidentes que provocan motos y ciclomotores. Con todo, actualmente son más las infracciones en forma de maniobras arriesgadas para ahorrar tiempo que los escapes libres o motores pasados de revoluciones el problema principal. Detrás queda una intensa campaña iniciada ya hace dos años para acorralar a los excesivamente ruidosos y obligarles a acomodar los decibelios a la normativa. Para decidir quién se excede, no basta con la simple apreciación del agente ni con una medición en la calle, por lo que se optó por una solución más científica. Los presuntos infractores fueron cazados a oído en la calle y requeridos para comparecer en el recinto del mercado de Amio. En estas instalaciones se procedió entonces a la medición exacta del volumen mediante un sonómetro homologado y a la distancia que marca el reglamento. Una vez comprobada la intensidad del ruido del motor, en aquellos casos en los que se detectó un exceso de volumen, se les concedió un plazo máximo de quince días para realizar en la moto los oportunos arreglos y volver a comparecer para el contraanálisis. Segunda oportunidadEn esta segunda ocasión ya no cabía más alternativa que presentarse con el motor y el tubo de escape en condiciones, o exponerse a una sanción. De los ciento treinta inspeccionados en primera instancia, sólo unos treinta no superaron la repesca y fueron finalmente sancionados.Este mecanismo ha permitido una considerable reducción de los problemas porque, como explica Norberto Villaverde, se ha conseguido un importante nivel de concienciación en los conductores. De esta forma, y salvo los hechos concretos antes citados de algún motorista apresurado de más, señala que "hay un buen nivel de cumplimiento'', y que con respecto a años anteriores, las principales irregularidades que se constataban "se han ido corrigiendo''. Como prueba, destaca el bajo nivel de siniestralidad que se registra en las calles de Santiago a pesar del incremento de vehículos que se ha producido durante el Año Santo, con cerca de cien mil automóviles diarios de media. Mientras que a finales de la década de los noventa el promedio era de entre siete y nueve personas que perdían la vida en las vías públicas compostelanas al año, este promedio se ha reducido a una, gracias a los controles y también a las campañas educativas.
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