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Cádiz, 27/11/04

Todo arreglado

Carlos Colón
YA lo han arreglado. Menos mal, porque en toda Andalucía la movida o la botellona se han convertido desde hace tiempo en una pesadilla para miles de ciudadanos que, en algunos casos, hasta han tenido que mudarse para huir de las zonas contaminadas acústica, olfativa y físicamente por ella. La Consejería de Gobernación ha puesto en marcha una campaña publicitaria institucional –es decir, pagada por todos nosotros– que entre el 29 de noviembre y el 12 de diciembre dirá: "¿A que no te gustaría que tus vecinos montaran una ruidosa fiesta en la calle a las diez de la mañana del domingo?. Entonces, ¿Por qué lo haces tú a las cinco de la madrugada?". En la prensa, este texto se acompañará de la "foto de un chico o una chica con el pelo revuelto, cara de sueño y gesto aturdido, como si padecieran ellos mismos los efectos de la movida" . "Los jóvenes deben ser conscientes de que deben tener ese respeto para con el descanso de los demás", ha manifestado la consejera, descartando que la solución a este problema pase por medidas restrictivas y coercitivas.

Lo dicho: ya está todo arreglado. Seguro que los jóvenes, al oír o leer esta campaña, caen en la cuenta de que molestaban a alguien abarrotando ruidosamente las calles hasta la amanecida, poniendo la música a todo volumen en los disco-coches, orinándose donde se les ocurre y dejando tras de sí un paisaje de botellas, bolsas y vasos que para sí quisiera una instalación vanguardista de la Biacs. No es cosa de pensar que lo hicieran a sabiendas, que fueran incívicos o mal educados, que se pasaran por allí mismo las normas de urbanidad y convivencia y hasta que encontraran cierto regusto gamberro en hacerlo. La mayoría de ellos no se daban cuenta de lo que hacían y, gracias a esta campaña, recapacitarán y no lo harán; o hablarán bajito, harán pipí donde esté indicado hacerlo y lo recogerán todo antes de irse. Eso en lo que se refiere a la mayoría sensata que no era consciente de molestar hasta que se lo dijeron estos anuncios que pagamos todos. Los otros, los pocos que lo hacen a conciencia, son víctimas del sistema –por lo que los vecinos, que por lo visto son el sistema , deben fastidiarse– o se ven obligados a ello por los altos precios de los bares de copas que vulneran su derecho a divertirse cogiendo una cogorza.

Se comprende que la consejera renuncie a todo tipo de medidas restrictivas y coercitivas. ¡Faltaría más: esto no es el franquismo! Como vivimos en el mejor de los mundos posibles y los chavales lo saben todo sobre el imperativo moral categórico kantiano, basta decírselo para que se den cuenta del mal que procuran a los vecinos y dejen de hacerlo. No es cosa de caer en el pesimismo reaccionario o en las maneras represoras de la derecha.

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