Valencia, 20/11/04 Una ruta de 'botellón'El consumo de alcohol en la calle acompañado de música y fiesta se despliega en las madrugadas de ValenciaLYDIA GARRIDO
"Todas las noches de los jueves, los viernes y los sábados pasa lo mismo en los mismos sitios y con la misma gente, pero no se puede hacer nada, requisar la bebida, multar y ya está. A la semana siguiente, lo mismo", explica un agente local mientras guarda en el coche de su unidad una de las cinco bolsas con restos de una concentración de botellón que el jueves congregó a casi 500 personas alrededor de unos 40 coches, en el aparcamiento a la intemperie situado detrás del Mestalla, a escasos 100 metros de varios edificios de viviendas. Y la del jueves, fue una noche floja, según quienes patrullan persiguiendo que los locales de ocio cumplan el horario y no se consuma alcohol en la calle. El resto de estaciones se sucedieron siguiendo el patrón de cada noche: la Alameda, la plaza de la Legión Española...
"Quedamos después de cenar, sobre la medianoche. Es imposible para los estudiantes salir de copas a los bares, es carísimo. No sé por qué tengo que pagar seis euros por una copa cuando si nos lo hacemos nosotros sale mucho más barato". Alguno de sus compañeros de botellón agrega: "En el coche ponemos la música que nos gusta, bailamos lo que nos parece, cambiamos según nos apetece y encima en la misma compra de la bebida podemos incluir otras cosas para cuando ataca el hambre". Y se ve. Su parada suele ser en el paseo de La Alameda. Se turnan para pasar por el supermercado o por el centro abierto 24 horas, antes de que den las 22.00 porque a partir de esa hora está prohibida la venta de alcohol, y después se disponen a su singular acampada. Ni les intimida ni les preocupa que la policía les pueda abortar la fiesta. "Sólo hemos tenido mala suerte dos veces. Se han llevado las botellas. Nos han tomado los datos. La multa aún no ha llegado", dice Alfredo, un informático que ya trabaja pero que circula aún por el ambiente universitario de la calle de Polo y Peirolón y de la plaza de Cánovas. "¿Sabéis que está prohibido beber en la vía pública?". "No, ¿por qué?". Así empezó una de las actuaciones de la policía local en la plaza de la Legión Española de Valencia, frente a Viveros, en una plaza ajardinada entre bloques de vecinos. La policía denunció a dos de la decena de jóvenes que se encontraban tomando alcohol en la calle. "Estamos de fiesta", explicaba uno de ellos, con atuendo a lo romano, peluca de rizos y lacito rosa en el pelo.
Mientras la policía recoge los restos de la fiesta, con algunas luces encendidas en las viviendas que asoman al jardín, otros puntos reclaman atención: el cruce de las calles de Salamanca con Conde de Altea -donde a partir de las 2.00 se acumulan en doble y triple fila más de 40 coches, algunos abiertos y con la música puesta, donde la policía reconoce que hasta la grúa tiene serios problemas para quitar los vehículos-, Luis Casanova, Maestro Sosa, la plaza de Maguncia -en la que los vecinos han alzado la voz sin éxito por los horarios de cierre desde hace varios años-, Eduardo Boscá... La sala de la policía local puede recibir cada noche de jueves, viernes y sábado una media de 20 llamadas para que una patrulla acabe con la tortura del botellón. David Montero, vecino de El Carmen, explica: "En mi casa vivía mi abuelo, de 82 años. Ha tenido que irse a casa de una tía porque no podía dormir del ruido de la gente en esta plaza. La música se puede bailar en mi habitación y vivo en un cuarto piso". Ester García es vecina de la plaza Xúquer. "Mi casa tiene una distribución absurda, muy distinta a la que debería, pero tuve que hacerlo para poder dormir. Beben, gritan, cantan. Dan las dos, las tres, las cuatro. La policía viene, pero al día siguiente, más y más".
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