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Barcelona, 14/11/04

La estación del insomnio

  • • Vecinos de Ciutat Vella claman contra el estrépito nocturno en el vestíbulo de la terminal de França
  • • Renfe alquila la instalación para celebrar fiestas privadas
ÓSCAR HERNÁNDEZ

La estación de França no duerme. Y los vecinos tampoco. Y no es que haya trenes nocturnos, ni que las brigadas de mantenimiento trabajen de madrugada. El bombardeo de decibelios se desata por motivos nada ferroviarios. Renfe alquila desde hace años el vestíbulo de la estación para la celebración de fiestas privadas. La última, el pasado lunes, no acabó hasta las dos de la madrugada para desespero de los insomnes forzosos que debían madrugar para ir a trabajar. "Es lunes, por favor. Esto no hay quien lo aguante", suplicaba Tomás Mirete, un pintor de 58 años que vive en el número 33 de la calle de Comerç, adonde llegaba con nitidez la música de la fiesta de una marca de ron.

Música amplificada
"En los últimos tres años ya se han celebrado más de 20 fiestas como ésta --añade Mirete--. Siempre llamo a la Guardia Urbana, pero casi nunca vienen. Cuando lo hacen, los agentes reconocen que el local no tiene permiso para usar música amplificada, pero dicen que no pueden hacer nada porque Renfe ha alquilado el vestíbulo".

Mirete asegura que la razón está de su parte, pero no le sirve. Explica que ha presentado denuncias en el ayuntamiento y hasta en el juzgado de guardia. Le dicen que lo entienden, pero las fiestas no cesan. Muestra una carta del distrito de Ciutat Vella, del 2002, en la que le informan de que no tienen constancia de ninguna solicitud de licencia para este tipo de actividad. Y la secretaria técnica de prevención, Berta Argany, le propone una solución: "Llame a la Guardia Urbana para que actúe con eficacia". El pasado jueves, una portavoz del distrito confirmó que la estación no tiene permiso e insistió en que los afectados deben llamar al 092. "Pero los urbanos casi nunca vienen", dice Mirete mientras invita al periodista a llamar al 092. El operador de la Guardia Urbana toma nota y asegura que ya han ido a la fiesta. El periodista insiste en que vengan con sonómetro para comprobar los ruidos y certificarlos. Pero la patrulla no aparece. "Tenemos derecho al descanso y no nos hacen caso. Aquí no podemos dormir", añade el pintor.

Una zona de moda

A su lado, otra vecina, Mónica Bufort, de 32 años, asiente. "De jueves a domingo ya nos habíamos resignado. Si nos quejamos nos dicen que esta zona (el Born) está de moda y que hemos de resignarnos. Pero que encima hagan ruido entre semana...", afirma Bufort. Esta mujer asegura que el sonido sale por todos los lados de la estación, que no está acondicionada ni insonorizada.

Tras ella, unas enormes puertas de hierro cristal, dos de ellas abiertas, dejan ver con claridad un mosaico de luces de discoteca y varias gogós agitándose en un escenario montado en el vestíbulo ferroviario. Cientos de personas con vasos del ron patrocinador bailan en la pista provisional. Dos chicas, que dicen ser las organizadoras del evento, salen a dar explicaciones: "Si hay quejas, tenéis que hablar con Renfe. Ellos tienen los permisos. Se trata de una fiesta privada en la que no se venden entradas", afirman seguras, aunque prohíben que este diario tome fotografías de la celebración.

Las puertas, de par en par
Un portavoz de Renfe explicó que, efectivamente, alquila la estación para celebrar las fiestas, pero eso no supone que puedan causar molestias. Sostuvo que la del lunes era la primera que causa problemas en los últimos dos años. "El responsable de la estación pidió a los organizadores que cerraran las puertas para evitar molestias", aseguró. Sin embargo, entre la medianoche y la una de la madrugada seguían abiertas de par en par.

"Este ruido no es normal. A mí tampoco me dejan dormir", asegura, agobiado, Jonathan Castillo. Tiene 21 años y también reivindica un sueño tranquilo "para poder estudiar al día siguiente". Lamenta también que en el barrio, frente a la estación, quedan pocos vecinos, porque casi todo son pensiones, hoteles y oficinas. Mientras Castillo, Bufort y Mirete comparten sus desvelos, decenas de jóvenes no dejan de entrar en la estación más bonita, pero también más ruidosa y golfa, de la ciudad.

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