Córdoba, 14/11/04 Cubatitas frescos para todosSI todo marcha como corresponde, el Ayuntamiento pondrá en funcionamiento el próximo fin de semana lo que en el lenguaje político se conoce como "zonas de encuentro" y que los periodistas, igual que el idioma de la calle, hemos bautizado como botellódromos. A saber, el concejal Cabanillas pretende que todos los cordobeses abonemos los gastos de una serie de barras donde quizás se facilite hielo gratis a la juventud para sus bebidas y de unos aseos públicos para hacer más cómodo el festival nocturno. Mediante la instalación de cuatro de estos puntos diseminados por toda la ciudad –El Arenal, los jardines de Chinales, detrás de la Caseta del Círculo del Paseo de la Victoria y en un espacio ubicado entre el Jardín Botánico y ETEA–, el gobierno municipal cree que los jóvenes que participan en esta movida van a dispersarse. No se trata de evitar las concentraciones, sino de propiciar su reparto por toda la ciudad. La teoría dice que dichas zonas estarán preparadas para estas reuniones al estar equipadas con papeleras evitando los dantescos espectáculos que se experimentan, por ejemplo, en el Paseo de Córdoba. En realidad, el Ayuntamiento no inventa nada. Estos enclaves adecuadamente equipados, según la literatura acuñada por el Consistorio, ya se han puesto en marcha en otras ciudades andaluzas. Y el resultado ha sido nulo. El comportamiento de los jóvenes durante la noche tiene que ver con una multiplicidad de factores ajenos a la voluntad de los políticos. El segundo problema es la ubicación. Por bien que hile el Ayuntamiento y por mucho consenso que pretenda imponer a la decisión, ninguna comunidad de vecinos en sus cabales va a tragar con tener cerca la movida promovida por el Ayuntamiento. De hecho, los vecinos del centro ya han levantado la voz por la instalación que irá en La Victoria. De todas maneras, el principal problema de los botellódromos viene a cuento de una pregunta que alguien del gobierno municipal debería responder. ¿Se puede saber qué demonios hace el Excelentísimo Ayuntamiento de Córdoba dedicando sus presupuestos a que el personal se tome unos cubatas fresquitos? Cuando los ciudadanos pagan anualmente sus impuestos, esperan que esos fondos se dediquen a la mejora de las calles, al florecimiento de la cultura, a la creación de seguridad, empleo y riqueza o a que exista un sistema de protección social hacia los desfavorecidos. Se entiende que nadie abona con todo el dolor de su corazón uno de los impuestos de vehículos más caros de Andalucía y España para que se dedique ese dinero a ponerle a tiro a los chavales las copas sin que los vigilen sus padres. Las soluciones imaginativas contra la movida rayan en este caso lo absurdo. Y se genera una dinámica perniciosa. La Administración, que ha de garantizar los servicios básicos de la ciudadanía, acaba promoviendo el supuesto derecho constitucional a tomarse un cubalibre por la noche, que es una actividad que se debería financiar cada cual con su dinero. Lo dijo Rosa Aguilar en su encuentro con las asociaciones de vecinos. No se paliará la movida criminalizando a los jóvenes ni poniendo en marcha iniciativas políticas que demonicen su comportamiento. Como si ese fuera el debate real. Lo que se dilucida aquí es si el Ayuntamiento está de parte de los que no pueden dormir, de parte de los que se divierten o en ese equidistante punto en el que se ubican los timoratos. El botellón es la piedra de toque de un gran debate sobre la ciudadanía y el uso o abuso de la ciudad. Y el gobierno municipal se plantea regalar el hielo. Estupendo.
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