Diario Sur Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes

Málaga,

El Defensor del Pueblo investiga una queja por el uso sin control de los televisores en el Clínico

La hija de un enfermo en estado terminal denuncia que su padre tuvo que «soportar el uso del aparato de madrugada y a un volumen excesivo» La familia asegura que se sintió indefensa y estudia la posibilidad de llevar el caso por el juzgado de lo contencioso-administrativo
Pilar R. Quirós

TELEVISORES. Demandan que se regule su uso. / SUR
No daban crédito a lo que estaba sucediendo. El episodio que vivió la familia de Andrés C., de 64 años, operado de una gravísima dolencia, pasó por un absurdo peregrinar de una habitación a otra del Hospital Clínico para que Andrés pudiese descansar con tranquilidad, sin tener que oír la televisión que ponían sus múltiples compañeros de cuarto hasta altas horas de la madrugada.

«Pese a que su estado de convalecencia era muy delicado tuvo que soportar niveles de ruido ciertamente perniciosos para su salud y programas abominables sin que los enfermeros, cuyo trato sanitario fue excelente, pudieran hacer nada para remediarlo. En el Clínico había un caos de organización», subraya a SUR su yerno, el profesor titular de Derecho Administrativo de la Universidad de Málaga, Diego Vera, cuya familia sufrió lo indecible hasta que su suegro pudo morir en paz en una habitación individual.

Que se haga justicia
Tras esta odisea, que les ha dejado sumamente afectados, solo tienen un objetivo: que se haga justicia. Por ahora, el Defensor del Pueblo Andaluz ya ha admitido a trámite su queja en la que hacen una propuesta de prohibición de televisores en los hospitales públicos o, en su defecto, estrictos requisitos de utilización (entre los que se incluyen el uso de auriculares individualizados y horarios de funcionamiento).

«El día 21 de octubre de 2003 mi padre es internado en el Hospital Clínico Universitario de Málaga. El 10 de noviembre de 2003 es intervenido quirúrgicamente. La intervención es complicada y muy agresiva, existiendo la posibilidad de que no pudiera superar el postoperatorio». Así inicia la hija de Andrés, la carta que envía al Defensor del Pueblo Andaluz.

Hasta aquí todo parece correcto. El problema empieza cuando a Andrés, que supera la operación, lo envían a una habitación (626-1) de cuatro enfermos. En este primer cuarto, el uso de dos televisores es constante. «En concreto, los familiares de uno de ellos se concentraban hasta en número de ocho (digo bien, ocho) para comentar y discutir determinados acontecimientos televisivos», según reza en el texto.

Más tarde se produce un cambio de habitación y un alta. Pero con el nuevo ingreso de Andrés, se iba a repetir la historia. Uno de los enfermos tiene la televisión todo el día puesta y a un volumen insoportable (habitación 414-1), según indica. Pero lo peor está por llegar. «La situación adquiere tintes kafkianos cuando una madrugada el citado ciudadano, compañero de habitación, sintoniza una película pornográfica en el citado aparato televisivo» sin importarle, obviamente, que los enfermos de al lado tuviesen ganas de ver ese tipo de películas.

Las quejas de Diego Vera y su familia fueron continuas, «pero nadie pudo controlar, no ya la simple utilización de la televisión, ni siquiera el volumen o el horario de utilización de ésta», tal y como indican en el escrito.

Se produce otro cambio de habitación (402-4) cuando Andrés ya «había entrado en un estado preagónico». Allí, un joven «veía constantemente programas de música con el volumen que consideraba oportuno», subraya su hija.

Informes al SAS
Finalmente, este desagradable peregrinar, que duró dos meses, acabó cuando la familia logró una habitación individual (419) el día 8 de diciembre, y Andrés «fallecía el 16 de diciembre rodeado exclusivamente de su familia, tranquilo, y sin televisión». El Defensor del Pueblo Andaluz ya ha iniciado una investigación solicitando informes a la dirección del hospital Clínico y a la Dirección General de Asistencia del Servicio Andaluz de Salud.

Desde hace un mes, el Clínico dispone de una guía del usuario en la que se indica que si el paciente «está en una habitación de uso compartido debe tener en cuenta las condiciones de salud del otro paciente a la hora de utilizar la televisión o la radio, procurando no elevar el volumen de dichos aparatos o, llegando al caso, prescindir de ellos». Sin embargo, no indica quién debe velar por el cumplimiento de esta norma, y tampoco prevé el uso de auriculares, algo que debería estar extendido (al igual que en los aviones) para no molestar a los que no quieren oír la televisión.

Cauce jurídico
Es más, Diego Vera subraya que estudian la posibilidad de llevar el caso al Juzgado de lo Contencioso-Administrativo. Y, en principio, la Carta de Derechos y Deberes del Paciente, le ampara. En su primer punto indica que el paciente tiene derecho a «recibir atención sanitaria (...) respetando su personalidad, dignidad humana e intimidad». La intimidad y el respeto al descanso es lo que demanda esta familia en un acto de solidaridad para todos los enfermos. Y lo tienen claro: moverán cielo y tierra hasta que lo consigan.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org