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Avilés, 16/05/04

Los hosteleros de Rivero exigen medidas para controlar la 'movida'

Los dueños de locales denuncian el grave aumento de alcoholismos y peleas los fines de semana Critican la escasa presencia de la Policía en la calle Los menores protagonizan la mayor parte de los conflictos
C. Bartsch
Ya están hartos. Los hosteleros de Rivero asisten con impotencia y preocupación a un fenómeno surgido hace unos meses y que ha cambiado la fisonomía de esta popular calle del centro avilesino. La llegada del fin de semana atrae cada tarde-noche a cientos de jóvenes que la han elegido como punto de encuentro y diversión. Si bien esto, en principio, les podría parecer positivo por el aumento de negocio que conlleva, lo cierto es que esa posible ganancia no les compensa ante las situaciones que tienen que afrontar: continuas peleas, borracheras o la venta y consumo de drogas. Lo peor de estas situaciones es que la mayor parte de sus protagonistas son menores de edad.

Ricardo Reguera Álvarez es uno de estos hosteleros. Forma parte de una sociedad que regenta dos locales en distintos puntos de la calle, y describe la transformación sufrida por Rivero en los últimos meses, en especial de su clientela. Si hace unos años La Ferrería era la zona elegida para 'repostar' antes de tomar rumbo hacia la discoteca 'Quattro', ahora Rivero le ha tomado el relevo. «Muchos antiguos clientes han optado por desplazarse a otras zonas de la ciudad ante la llegada masiva de gente tan joven y, sobre todo, por el mal ambiente que se respira. Recuperarlos va a ser difícil», apunta.

Este hostelero subraya la dificultad que para ellos supone el control de su clientela. La edad mínima para consumir está estipulada en 16 años, pero gran parte de los jóvenes que acuden a los bares apenas pasa de los 14. «Nosotros pedimos la documentación, pero si uno no puede, el compañero que ya es mayor pide por él», explica. El 'calimotxo' y el juego del duro son los reyes en los bares, sobre todos de los grupos que acuden a primera hora, cuando el ambiente está más tranquilo. Después, poco a poco, comienzan a llegar los que ya vienen 'animados' de los botellones que organizan a primera hora de la tarde. A partir de ahí, cualquier cosa es posible.

Lo más frecuente es asistir a multitudinarias peleas que van desplazando a los chavales a lo largo de la calle. Entre los directamente implicados y los que asisten a la misma como otra forma de diversión, el paso por la calle se torna complicado.

Ante la indiferencia policial, vecinos y hosteleros vuelven su mirada hacia los padres. Muchos opinan que la mayor parte de ellos no sabe realmente qué es lo que hacen sus hijos cuando salen de casa, «aunque esta es una situación que se ha producido y se producirá siempre», apunta uno de ellos. «Después se sorprenden cuando les llegan a casa citaciones judiciales. Pero lo mejor es que, de una u otra forma, se enteren», replica otro.

¿Soluciones? Unos apuntan a que se eleve el control de la venta de alcohol en los bares, otros al incremento de la vigilancia policial, otros a un mayor cuidado por parte de los padres de lo que hacen sus hijos Desde hace unos meses, la pescadilla se muerde la cola en Rivero.

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