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Gijón, 06/05/04

El canto de Decibelio

Una familia de Contrueces denuncia a sus vecinos por el poderoso cántico de su pájaro, un agapornis macho
R. Lanero

EN SU JAULA. Decibelio es un precioso ejemplar de agapornis macho. / PALOMA UCHA
Cuando ella se fue, sólo le quedó su canto. Con su pequeño y delicado cuerpo enterró también largas tardes de pasión y arrumacos en la jaula. Decibelio, un ejemplar de agapornis, muy similar a los loros pero de menor tamaño, no ha llevado bien la soledad. Desde que su pareja falleció inesperadamente, no ha dejado de meterse en problemas. El que canta, su mal espanta, aunque lo lleve a casa del vecino. El alegre, y potente, piar del pájaro tiene en jaque a los inquilinos del piso de al lado, que ya han denunciado a su dueña, Amalia.

La sangre ha llegado al río. La Policía Local ha realizado mediciones en el edificio para comprobar si el sonido que emite este risueño agapornis supera los límites establecidos por la ley. El carácter apasionado del pájaro le hace elevar el tono por encima de los 30 decibelios, cifra que supera en dos puntos el máximo estipulado por la ordenanza municipal sobre contaminación acústica. Su portentoso don ha decidido a sus dueños a bautizarlo después de cinco años sin nombre: Decibelio.

Amalia, la 'tutora' del animal, no da crédito a la situación. Nunca antes había tenido problemas con su pájaro, por lo que no sabe muy bien cómo hacer frente a esta situación. «Esto no me puede estar pasando a mí. Nunca me han puesto una multa de tráfico y ahora me ponen una porque el pájaro canta». Desde su punto de vista, los vecinos son excesivamente quisquillosos. «En cuanto entraron en el piso, pusieron un panel para insonorizar su habitación. Les molesta hasta el ruido que hacen los platos de mi cocina».

Asegura que siempre ha respetado las horas de sueño de sus vecinos, tratando de mantener a Decibelio fuera de la cocina. Sin embargo, las exigencias fueron aumentando cada vez más, hasta que llegó un momento en el que decidió echar el freno. «Pensé que ya estaba bien de tantas tonterías. Yo estoy en mi casa y mi pájaro no tiene por qué estar encerrado en el baño a oscuras para que no cante». Señala, además, que ningún otro vecino ha protestado nunca por el piar de su agapornis.

«Insoportable»
Para la familia que duerme al otro lado de la pared, las cosas son bien diferentes. Aseguran que el ruido del animalito es «insoportable», hasta el punto de que ya han pedido presupuesto para insonorizar toda su casa.

María Antonia explica que «la cotorra» está pegada a la pared de su cuarto, por lo que apenas puede dormir por las noches. Tampoco puede concentrarse para leer un libro o para contarle un cuento a su hija pequeña. El ruido, breve e intenso, le golpea los tímpanos y le causa «angustia» a toda su familia.

Explica que «lo único que queremos es que no lo ponga en la cocina ni en la terraza». Tras 10 meses, han perdido la esperanza de llegar a una solución pacífica. Está dispuesta a llevar el caso a los tribunales si es necesario. Amalia, María Antonia y Decibelio se verán las caras ante el juez.

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