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Granada, 04/05/04

La fiesta del Día de la Cruz se cierra con dos toneladas de basura y un millar de intoxicaciones etílicas

La Policia Local calcula que se reunieron unas 25.000 personas cada uno de los días festivos
Los servicios de emergencias recibieron 370 llamadas por excesos con el alcohol en sólo 20 horas
M. Victoria Cobo / C. Sánchez Y A. Mansilla
La última jornada, el día grande de Cruces, pintaba gris. Como el cielo bajo el que esperaban las barras, y la cara de resaca con que amanecían los fiesteros del día anterior. Y tampoco presentaba buen color la faz de los organizadores de los distintos 'tinglados' que soñaban con miles de euros de ganancias y en algunos casos no llegaría ni a los cientos. Según los cálculos de la Policía Local han participado unas 25.000 personas cada día festivo, domingo y lunes. Y otros tantos en el improvisado 'macrobotellón' que se celebraba la noche del sábado. Buenas cifras teniendo en cuenta la lluvia caída, pero insuficientes en cuanto a volumen de negocio.
Demasiado alcohol
Vender, las barras vendieron lo que pudieron, pero supermercados, pequeñas tiendas y comercios improvisados hicieron, si no su agosto, sí una buena caja. Porque beber, se bebió, y mucho. Así se desprende de los datos del servicio de emergencias sanitarias. Un millar de intoxicaciones etílicas calculan estas fuentes entre el jueves, cuando se inicia la 'movida', y el lunes de fin de fiesta. Sólo en las primeras veinte horas del lunes ya hubo 370 llamadas de auxilio por el consumo excesivo de alcohol. Dato que lo convirtió en un día 'punta' en cuanto a trabajo. Y eso que se auguraba quizá una mayor tranquilidad gracias a la resaca.
Y basura
Esta falta de control a la hora de consumir grados se cebó sobre todo en los jóvenes entre 16 y 25 años. Por este motivo, Cruz Roja realizó dieciséis traslados a hospitales por intoxicaciones etílicas sólo en el día de ayer.

La lluvia, al bajar el número de asistentes a las Cruces, hizo que la cantidad de basura fuera similar a la de años anteriores, unas dos toneladas, a la espera del balance definitivo. Además, parece que el agua vino 'como caída del cielo' para mitigar en parte el efluvio de la mala costumbre de algunos de orinar en la calle. Los vecinos, lejos de considerar que habían mejorado las maneras de los juerguistas, atribuyeron al líquido elemento la baja intensidad de los olores. Y por supuesto, al esfuerzo extraordinario del Ayuntamiento, que con el dispositivo especial, cuyo presupuesto llegó en años anteriores a los 24.000 euros y puso en la calle a 180 trabajadores.

Lunes 'laboral'
La lluvia quiso ser protagonista de nuevo en el último día festivo, pero pudieron más el rojo de los claveles y las ganas de juerga de los granadinos y foráneos adictos a la fiesta de mayo. Baile, música y bebida fueron los auténticos 'reyes' del evento, aunque tardaron en llegar. A primeras horas de la tarde no había aún 'ambiente'. Mucho ruido para tan poca gente. Poco feriante y mucho turista despistado que no sabía muy bien dónde se metía. Y es que el Día de la Cruz no era fiesta local y había que trabajar.

En la Plaza de la Universidad, destino estudiantil por excelencia, se congregaron aproximadamente el mismo número de fieles que el día anterior, unos tres mil, aunque más tranquilos. La cruz, hecha con fotocopias de apuntes, mostraba ya los efectos de las inclemencias del tiempo. Allí se mezclaban Sabina y Manolo Escobar, para disfrute de los menos ortodoxos.

Los alrededores de la Catedral, más tranquilos, mostraban una media de edad inversamente proporcional al número de 'botellones' . Es decir, que en la Plaza de Alonso Cano y Las Pasiegas se avistaban familias completas y una marcha amenizada por sevillanas y rumbas. El 'superviviente' José Manuel Soto, y la del Monte, María, sonaban alternativamente. Y al son de la primera, segunda, tercera y cuarta, un grupo de adolescentes belgas, en viaje de fin de estudios, se colocaba, con más voluntad que estilo, un clavel reventón en el pelo. No sabían qué son las Cruces, y no hubo quién se lo explicara, pero no pareció importarles. Pocos minutos después estaban bajo la carpa moviéndose con estilo flamenco, o algo similar.

Aguantar el chaparrón
Abandonando la zona más turística, el Realejo también se presentaba más flojo. Pobre entrada hasta bien avanzada la tarde. Las carpas se quedaban grandes para los perennes juerguistas que ya habían optado por aparcar los atuendos primaverales y enfundarse en un buen chubasquero y botas impermeables. Indumentaria mucho más cómoda para poder manejar con noctámbula destreza vaso de cubata y botella de refresco. Un buen ejemplo de adaptación al medio. Hasta que no llegaron los primeros efectos del alcohol y la muchedumbre resguardaba de posibles ridículos, no se generalizaron los bailoteos.

Y esto llegó bien entrada la tarde. Cuando a las siete caía una lluvia más intensa, allí no se iba nadie, bien aferrados como estaban a los paraguas. Y llegadas las nueve de la noche seguía apareciendo gente con bolsas y botellas sin estrenar, para unirse al jolgorio. Hubo peleas, alguna asistencia médica pero predominó el buen ambiente pese al mal tiempo.

Escenas parecidas se sucedían en la mayoría de escenarios dispuestos para la celebración de la fiesta de las flores. Algunos hacían la ruta para contemplar las cruces ganadoras y otros, los más jóvenes, se empeñaban en darle a sus cuerpos un nuevo tute de jarana. Pero la lluvia conseguía dejar unas cifras más pobres y la resaca hacía que algunos no quisieran ni oler el 'pilicrim'.

De vuelta
Pero no todo era ayer movida. También era jornada de regresos. Alberto y Fernando, gaditanos, empujaban con andar cansino sus maletas con destino a la estación de autobuses. El primero reconocía sin complejos, «yo de Granada, nada más conozco el Campo del Príncipe y la explanada de Hipercor». Su acompañante se escondía bajo unas gafas de un sol que se había tomado el día libre.

En dirección contraria, camino del Realejo, Erika le metía prisa a su novio. «Vamos, que te pesa el culo!», le espetaba. El chico le contestaba, «a mi lo que me pesa es la barriga de tanta cerveza!». Aún eran las tres de la tarde y con esta pareja subían otros tantos. Pero hay que reconocer que otros muchos jóvenes llevaban una ruta distinta y las bolsas del supermercado no portaban los ingredientes del 'botellón', sino la comida para la semana. Además, volvían a verse por la ciudad a los estudiantes con sus apuntes bajo el brazo.

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