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Jerez, 27/03/04
la esquina

Autogestión del 'botellón' (o 'botellona')

José Aguilar
Y ahí es adonde quería llegar yo. El caso de Sevilla, donde la fiesta se ha repetido -"en el mismo sitio y a la misma hora", decían los convocantes- y se repetirá, podría servir de ejemplo a otras ciudades andaluzas, cuyos alcaldes no saben cómo meter mano a los conflictos de convivencia derivados del botellón (o botellona, según los sitios).

Después de años de complacencia, y aun de incitación, los ediles, ante la irritación social y las primeras sentencias judiciales condenatorias, han empezado a entender que el derecho al descanso y la tranquilidad de los contribuyentes es más valioso que el presunto derecho a la diversión -¿en qué Constitución lo habrán leído?- de sus hijos, que aún contribuyen poco. Pero, aparte de que nadie quiere aparecer como represor, se encuentran con que regular el botellón (o botellona) es casi como intentar retener agua en un cesto. Por definición, los de la litrona se mueven según modas y caprichos, y seguramente no admitirían que un ayuntamiento les dijese dónde han de pasarlo bomba con Don Simón, Míster Johnny y todos los demás.

Las nuevas tecnologías han venido, sin embargo, a ayudar. La fiesta sevillana se convocó mediante carteles en las facultades universitarias y, sobre todo, a través de miles de mensajes de teléfono móvil y correos electrónicos.

De modo que con los SMS y los e-mails no sólo se organizan protestas políticas masivas, sino que se autoconvocan fiestas multitudinarias. Como los muchachos son un pelín gregarios (¿dónde va Vicente?) y, a la vez, se creen que son ellos los que deciden sobre sus vidas, ropas, viajes y músicas, aunque en realidad todo esto se lo sirven ya cocinado, se amontonan alegres y confiados en el sitio previsto, sin resquemor hacia una autoridad que no les ha confinado en ningún gueto.

De modo que, en lugar de paternalismo y autoritarismo, autogestión y liberalismo. Si lo que les gusta es actuar en manada y en manada lo pasan bien sin molestar a nadie, ¿cuál es el problema? Insisto, si lo hay, será para ellos y para sus padres. La sociedad solamente ha de tener a punto un dispositivo sanitario y de seguridad y aplicar los cambios pertinentes en el tráfico rodado de la zona y sus alrededores. Y, más tarde, recoger las basuras. Lo normal, pues, como cuando hay una concentración de pacíficos adictos al fútbol, las cofradías o el alcohol. Mientras no hagan daño todo será perfecto.

No sirve de nada llevarse las manos a la cabeza sobre la insensatez de la juventud, los tiempos que corren y otros lamentos que, de toda la vida de Dios, han empleado las personas mayores para constatar su incomprensión mutua con las que, de momento, son jóvenes.

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