Bilbao, 23/03/04 ¡Qué estruendo!Aunque muchas veces no le prestemos la atención que se merece, el entorno acústico puede influir gravemente en la salud y producir males tanto físicos como en la esfera psíquica o personalJavier Lavilla
Nuestra capacidad para apreciar sonidos es muy amplia, no sólo en cualidad sino en intensidad y localización. Realmente no hay diferencia entre sonido y ruido, aunque éste suele definirse como un sonido no deseado. La intensidad de los sonidos, o 'presión sonora', se mide en decibelios. Pueden aparecer efectos nocivos sobre la salud a partir de los 30 decibelios. Al llegar a un nivel de 85 decibelios, es recomendable el empleo de protectores auditivos. Para mantener una conversación normal es necesario que la intensidad de la voz supere al menos en 15 decibelios al ruido de fondo. Por ello, si la intensidad de ese ruido es de 35 a 40 decibelios, todavía puede mantenerse una conversación, pero elevando el tono. Cuando la intensidad es de 65 decibelios, la conversación se hace imposible. La contaminación acústica es menos conocida que la atmosférica. Sin embargo, cada vez está resultando más significativa. Según la OMS, más de dos tercios de la población mundial que vive en centros urbanos están sometidos a unos niveles de ruido perjudiciales para la salud. Un 20% de la población europea está expuesto a una intensidad de ruido de 65 decibelios, y un 30%, a un nivel de ruido nocturno por encima de los 55 decibelios, lo que provoca serios problemas para conciliar el sueño. España está considerada como uno de los países de la UE con unos índices de contaminación acústica más importantes, y destaca entre las capitales la ciudad de Madrid. Esta contaminación tiene efectos sobre la salud que generan repercusiones en la esfera física y psíquica, afectan a la estabilidad y generan un estrés importante. Los efectos son mayores cuando esos sonidos son estridentes o recibidos con desagrado o miedo. Depresión y angustiaEl ruido puede provocar problemas de atención y concentración, por ejemplo en el rendimiento de los escolares. También puede influir en el comportamiento de los adultos, produciendo una mayor agresividad y violencia, así como otras conductas patológicas de aislamiento y rechazo al entorno. El sueño se ve igualmente afectado: aparece el insomnio, la calidad del descanso se reduce y la persona que es sometida a esta presión tiene una mayor tendencia a desarrollar un cansancio crónico con fatiga y mala tolerancia al trabajo. Al final, todas esas alteraciones producen un estrés psíquico que da lugar a otros síntomas, como depresión, angustia y problemas en las relaciones personales y laborales.Las consecuencias no se limitan a esta esfera psíquica. También aparecen problemas orgánicos producidos por el ruido. La principal consecuencia es la pérdida de audición. El riesgo de padecerla aumenta por encima de los 75 decibelios. Hipertensión arterialTambién la tensión arterial se incrementa notablemente por la exposición al ruido. Si esa exposición es continuada, junto a otros factores que actúan incrementando el estrés, la hipertensión puede incluso llegar a hacerse crónica. De hecho, en algunos trabajos llegan a describirse una relación entre el ruido y la aparición de problemas cardiovasculares. En determinados casos de exposición continua al ruido, especialmente si se tratan de tonos agudos, se han descrito también molestias de estómago y problemas gastrointestinales. Además, estos tonos agudos influyen en la reaparición de enfermedades ya superadas, como problemas de piel, neurológicos, etcétera.Las poblaciones sensibles a este problema son las más débiles, como ancianos y niños. Incluso los fetos pueden verse afectados y reaccionar con alteraciones del ritmo cardíaco. Aquellas personas que desarrollan tareas cognitivas complejas son especialmente vulnerables, como ocurre con los ciegos. La población urbana es la más expuesta a este peligro, por el ruido del tráfico. De todas formas, se puede producir un 'acostumbramiento' que no hace desaparecer todas las consecuencias. La exposición persistente al ruido puede llegar a producir una reacción mediante la cual somos capaces de escuchar y sufrir esos sonidos pero sin darnos cuenta de ello.
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