Granada, 20/03/04 La primavera Granada alteraEl Paseo de los Tristes congregó la mayor concentración de jóvenes y se impuso sobre la fiesta organizada en el recinto ferial de ArmillaEl dispositivo previsto por la Policía Local no pudo finalmente evitar que los universitarios hicieran botellón en las calles de la ciudadJorge PérezNi las amenazas policiales ni la fiesta organizada en el recinto ferial de Armilla pudieron impedir ayer que miles de jóvenes salieran a la calle a dar la bienvenida a la primavera. Desde Plaza Nueva hasta el final del Paseo de los Tristes no cabía un alfiler. El plan de Fernando, estudiante de Económicas, era el de la mayoría de los estudiantes de la ciudad. «Voy a beber durante toda la tarde hasta que no me pueda mover», explicaba antes del mediodía.La jornada de ayer comenzó con dudas. Los universitarios intuían que había que celebrar algo, pero no sabían dónde. Tenían dos opciones para escoger: acudir a la fiesta organizada en Armilla -con seguridad, higiene y música en directo- o celebrarlo en plena calle, con un económico botellón. Eva, Diana y María, a la una de la tarde, sentadas en un escalón de Reyes Católicos, no habían decidido qué hacer. «No estoy dispuesta a pagar siete euros para entrar. Con ese dinero me paso la tarde entera comiendo y bebiendo», decía una de ellas. El coste de la entrada y la lejanía del recinto provocaron el rechazo de muchos jóvenes a la fiesta de Armilla. Roser y su grupo de amigos lo tenían claro: «Armilla está descartado», sentenciaban. Llegados a este punto, los que como ellos se decantaron por el festejo en plena calle, tenían que tomar camino. El Paseo de los Tristes se impuso como lugar de destino sobre los paseíllos de Ciencias, la otra opción que barajaban la mayoría durante la mañana. Fracaso policialPoco a poco, hora a hora, la concentración de personas en el Paseo de los Tristes se fue haciendo mayor. A las dos de la tarde, rondaban el millar y, a partir de las cinco, aproximar una cifra resultaba imposible. Ese dispositivo municipal anunciado por la Jefatura Local de Tráfico había fracasado en su intento de disipar los botellones.«Pretendíamos evitar las concentraciones, pero cuando hemos llegado los cuatro primeros ya habían llegado novecientas personas», justificaba José, uno de los pocos agentes que controlaban la zona. De cuatro agentes, pasaron a ocho, de ocho a diez y de diez... a ninguno. La Policía optó por controlar la entrada y salida de personas y limitó a un par de agentes de paisano los que se insertaron entre la kilométrica multitud. «Llegados a este punto, la única forma de evitar las peleas es dejar que hagan lo que quieran», añadía. Abandonar a los jóvenes al libre albedrío favorecía a la mayoría, ellos mismos, y perjudicaba a la minoría, comerciantes y vecinos. Conforme subió la marea humana en el Paseo de los Tristes, los bares y restaurantes se vieron obligados a retirar las mesas y sillas de las terrazas y a cerrar sus negocios. Francisco, desde la cafetería Au Lait, se sentía indignado. «El Ayuntamiento tendría que haber montado una buena fiesta, con música, espectáculos y servicios», denunciaba enfadado. También se quejaba Antonio, propietario del bar La Fuente: «¿Donde está el despliegue policial que prometieron?», se preguntaba. Al contrario, un vecino mostraba comprensión. «Una vez al año no hace daño. ¿Qué se diviertan!», comentaba. Una opinión compartida por la mayoría de los que se divertían. «Si no quieren que estemos aquí, que hubieran habilitado un recinto céntrico, que no esté en las afueras», decía Carmen, estudiante de Derecho. Una vez que el temido 'enemigo' policial consintió su presencia en las cercanías de la Alhambra, los jóvenes se despreocuparon por completo. «Amo Granada con todas mis fuerzas», decía el jerezano Rafa, novato en esto de la celebraciones estacionarias. A medida que pasaba la tarde, la ingesta de alcohol aumentaba el desparpajo de los universitarios. «Este año no nos echan porque ha ganado Zapatero», ironizaba Antonio, estudiante de Biblioteconomía. Las palmas, timbales y guitarras de este bello rincón granadino no perdieron el contacto con la música 'dance' de la Feria de Armilla. Los jóvenes saben lo que se cuece en todas partes y por eso, de boca en boca, saben donde tienen que ir en cada momento. Paquito fue el corresponsal informativo de su grupo de colegas. «La fiesta de la Feria de Armilla es flipante. ¿Acaba de tocar el Puchero del Hortelano! Yo me voy ahora otra vez para allá». No hubo ningún incidente desagradable digno de mención en ninguno de los puntos de la ciudad en los que se celebró con mayor o menor éxito la Fiesta de la Primavera. En el Paseo de los Tristes, pese a la escasa presencia policial la masa supo comportarse con civismo; en el Campus de Fuentenueva, doscientas personas fueron desalojadas sin oponer resistencia, y en la fiesta de la Feria de Armilla y sus alrededores, la seguridad prevista por la organización y los once agentes de la Policía Local de este municipio controlaron a los asistente también de forma satisfactoria. Los jóvenes celebraron la Fiesta de la Primavera como querían hacerlo: bebiendo, charlando y disfrutando del buen clima. Una vez acabadas las existencias de las bolsas de plástico, cada uno decidió si reponerse del trajín en casa o continuar la fiesta de bares. Es lo que tiene Granada.
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