Oviedo, 07/03/06 Pesadilla por un párkingLas obras para el aparcamiento subterráneo de Jovellanos minan la moral y la salud de no pocos vecinos de la zona Hace un año que los residentes soportan las excavadoras 10 horas al día y 6 días a la semanaAngel Gonzalez07.32 horas. Comienza el particular ritmo cardiaco de las obras que se desarrollan en la parcela del previsible futuro ayuntamiento en Jovellanos. Muchos vecinos de las calles Víctor Chávarri e Indalecio Prieto ya intuyen su "calvario diario", mientras los operarios comienzan su jornada laboral y el sol apenas ha despuntado. El barrio entero vive en ciclos de seis días: sólo el domingo paran todas las máquinas.08.00 horas. Cuatro perforadoras comienzan su trabajo. Agrupadas a lo largo de una de las dos calles, son una fuerza infranqueable que los vecinos temen y prefieren soportar desde la otra orilla de las obras. "Se nos va la salud, se nos está yendo la vida por esta construcción y nadie tiene una consideración para los que sufrimos esta desgracia", afirma una vecina de la calle Víctor Chávarri "con los nervios en un puño" desde que se levanta de la cama. Los primeros pasos para ejecutar el aparcamiento subterráneo han logrado sacar de sus casillas a más de un residente de la zona. Tanto que de la mañana a la noche mantienen las persianas de sus viviendas bajadas por el polvo. "No podemos seguir viviendo en la penumbra de estas casas, es tan horrible que no se puede abrir las ventanas porque el polvo no te deja respirar", explica esta vecina. Su madre de avanzada edad llegó a ser hospitalizada hace unos meses con un fallo cardiaco y ella no duda de la influencia determinante del ruido y el estrés que provoca la obra bajo sus ventanas. EL VASCO Y GASCONA 10.00 horas. Hace un mes, muchos estudiantes de Oviedo vivieron más tiempo en en el centro de estudio El Vasco que en sus casas. Hoy siguen utilizándolo, como entonces, totalmente acostumbrados a las obras. "Estás estudiando y sientes una vibración ligera, ves cómo se mueven las mesas y las sillas, aunque tampoco es que impida a nadie estudiar porque molestan mucho más los coches que pasan", explica un estudiante de Relaciones Laborales que recuerda el comienzo de las obras con pesar: "No hay ni comparación, ahora estamos muchísimo mejor". Sin embargo, a los comercios y negocios de la zona parece no haberles pasado factura. Las sidrerías de la calle Gascona no advierten un descenso en la afluencia de clientela. Aunque con cierta ironía, uno de los responsables de estos establecimientos afirma que "cada uno lleva lo suyo como puede." Nadie reconoce en alto los inconvenientes de la obra salvo unos pocos vecinos, pero la resignación es la nota dominante. UNA TREGUA Al mediodía los operarios comparten su descanso con el vecindario, que espera que se alargue la sobremesa. "A la una nos envuelve un silencio de ensueño. A las dos vuelve la muerte" afirma una descreída trabajadora de la calle Indalecio Prieto que se muestra harta de las perforaciones, de hecho, ha perdido toda fe en que terminen en un plazo prudencial: "Firmo por tener estos ruidos durante lo que queda de obras. Los ruidos son tan grandes que no se oye el teléfono en la habitación de al lado", explica una trabajadora de un despacho de abogados, situado en la plaza de La Noceda. Un signo palpable: el parquet de su despacho vibra bajo los pies continuamente. Para ella, lo peor de todo es que no se está teniendo ninguna consideración con los vecinos. Nadie les informa de cómo va la obra, ni del plan de trabajo para que puedan organizarse y sufrir, en menor medida, los inconvenientes de la construcción. MEDICIONES En cualquier caso, una de las situaciones que más les indigna "es comprobar el cambalache entre la empresa y la policía que viene a medir la contaminación acústica", denuncia encolerizada la trabajadora del despacho de abogados. No puede creer que se paren las obras cuando viene la policía y que se vuelvan a reanudar según se montan en el coche policial de regreso a la central. Ya son las 20.08 horas. Hace unos minutos que no se oye el estruendo de la perforación, sólo se percibe cómo se van retirando las excavadoras, los vehículos ligeros y los trabajadores. Las paredes de los portales no hacen eco y la afluencia de tráfico en Víctor Chávarri empieza a bajar. Es la rutina que desde hace un año viven los cientos de vecinos de toda la zona. La tarde trae la calma y hasta el continuo ir y venir de coche pasa a ser un arrullo.
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