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San Sebastián, 22/02/04

Dueños de la noche

Un millón de jóvenes de entre 15 y 24 años están cada domingo en la calle pasadas las seis de la mañana
C.Coca / I.Álvarez / D.González

Un grupo de jóvenes se agrupa en la puerta de una discoteca en la noche de fin de semana. [SARA SANTOS]
Son los dueños de la noche. Cada mañana de domingo, al amanecer, un millón de jóvenes españoles de entre 15 y 24 años apuran copas, cigarrillos, bailes y conversaciones, antes de regresar a sus casas, donde pasarán la mayor parte del día en la cama. Salir de noche se ha convertido los fines de semana en la actividad por excelencia de los jóvenes, en el rasgo esencial de un estilo de vida propio y diferente del que mantienen de lunes a jueves, días en los que su actividad se concentra en el estudio o el trabajo.

El informe Jóvenes y estilos de vida, dirigido por Domingo Comas y editado por el Injuve, revela que la diversión nocturna hasta bien entrada la mañana del día siguiente es un fenómeno que crece imparable. En sólo seis años, dicen los autores, el número de adolescentes y jóvenes que apuran la noche prácticamente se ha doblado.

El estudio se centra en los jóvenes de 15 a 24 años que viven en municipios de más de 20.000 habitantes, aunque los autores entienden que no hay muchas diferencias en el estilo de vida respecto de quienes residen en el ámbito rural. La muestra se distribuyó en 72 municipios, divididos en grupos según su dimensión, y en cinco franjas de edad. En total, se hicieron 1.700 encuestas. En el País Vasco fueron entrevistados chicos de Bilbao, Getxo, Barakaldo y Sestao.

«Los padres han arrojado la toalla»
Jóvenes que de lunes a viernes son trabajadores, responsables y hasta «dormilones» se convierten las noches del fin de semana en noctámbulos impenitentes que viven con el horario cambiado, ante la resignación absoluta de sus padres. María Teresa Laespada, profesora de la Universidad de Deusto y especialista del Instituto Deusto de Drogodependencias, analiza el problema.

- ¿Esta salida nocturna y masiva de los jóvenes sucede en otros países?
- No. Es un fenómeno típicamente español que comenzó en algunos lugares del Mediterráneo y se ha ido extendiendo. Los protagonistas de la noche fueron primero los «jóvenes-adultos», de 25 a 30 años, pero ahora es algo que se ha trasladado hasta la adolescencia. Ahí está la novedad.

- ¿Hay indicios que permitan pensar que es una moda pasajera?
- No los hay a corto plazo. No nos olvidemos que detrás de todo está un sector económico, el hostelero, que es muy importante.

- ¿Cuál es la actitud de los padres?
- Los padres han arrojado la toalla. Hasta los 17 años la pelea con los hijos está en la hora del regreso a casa. Pero a los 18, con la mayoría de edad y el ingreso de los chicos en la Universidad, los padres pierden todas sus armas para fijar horarios.

- ¿Qué es lo que más preocupa a los padres?
- Lo que más, que lleguen a casa bien. Por eso, muchas veces imponen a sus hijas que vuelvan acompañadas o en cuadrilla. En cuanto a las drogas, las legales las ven como algo que hemos consumido todos y que pasará. Las ilegales, en cambio, les producen temor. Las prohíben, insisten en ello, pero muchas veces no quieren ver lo que tienen delante.

- ¿Los horarios del fin de semana condicionan la vida familiar?
- Totalmente. Lo que sucede ahora es que padres e hijos se ven de lunes a jueves, normalmente a la hora de cenar porque el resto del día tienen sus ocupaciones, pero en cambio casi no se ven ni coinciden en fin de semana.

Los jóvenes españoles son pasotas y poco tolerantes con la diferencia
Un estudio echa por tierra el estereotipo de una actitud rebelde ante lo establecido Acomodaticios, pragmáticos y partidarios de vivir al día, lo que más valoran es el ocio
Los mitos sobre la tolerancia y rebeldía social de los jóvenes españoles no tienen base real. Después de años de estudio y análisis específicos sobre comportamiento y actitudes de la juventud, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y el Instituto de la Juventud (Injuve) trazan un primer perfil nada complaciente con los adolescentes de este país.

Ni la tolerancia que se les supone es tal, ni son activos, ni tampoco rebeldes «con causa». Reaccionan mal ante la diferencia y los comportamientos que se salen de las pautas que ellos consideran normales. Un ejemplo: entre los jóvenes que practican el consumo de «botellón», quienes lo rehuyen son tenidos por inadaptados y rechazados del grupo.

«Sorprende la importancia que tiene en el mundo juvenil el concepto de ser 'normal', entendiendo por normal lo esperable», comenta Eusebio Mejías, sociólogo de la FAD y autor de varios de los estudios sobre la juventud.

Los expertos recalcan que es una primera aproximación y faltan datos, pero varias cosas están claras. Los jóvenes asumen sin rechistar los estereotipos que forjan de ellos los adultos y los medios de comunicación.

Indiferencia
Si en el imaginario común «ser joven» implica oponerse a la autoridad, ser idealista o practicar fórmulas de ocio arriesgadas, lo asimilan como propio y estigmatizan a quienes no se ajustan a estos patrones de conducta. La paradoja es, según este diagnóstico, que es una rebeldía superficial, más provocada por sus hormonas en conflicto que contra las pautas sociales establecidas o contra un mundo injusto. Son, de hecho, acomodaticios, pragmáticos y partidarios de vivir el día a día.

«No estoy encantada con estos datos, pero hay que ser prudentes», asegura Elena Azpiroz, directora del Injuve. «Yo creo que los jóvenes también tienen aspectos positivos y mucho que aportar a la sociedad».

Esos 1.700 muchachos, entre los que hay estudiantes, trabajadores y parados y representantes de un abanico ideológico muy amplio -aunque mayoritariamente de izquierdas, como es habitual entre los jóvenes-, muestran una aceleración de la tendencia a la vida nocturna que ya se había detectado en los noventa. Un dato lo demuestra con enorme claridad: el porcentaje de los que a las 6.30 de la mañana del domingo aún no se ha acostado ha pasado en seis años del 8% al 34% del total. Es decir, que un comportamiento claramente minoritario se ha transformado en común en un plazo de tiempo muy corto.

Si se ha atrasado la hora de acostarse, también lo ha hecho la de levantarse de la cama. En el grupo más noctámbulo, los de entre 19 y 22 años, puede hablarse ya directamente de cambiar el día por la noche, dado que se sitúan casi en el 37% los que a las dos de la tarde del domingo siguen en la cama. Un porcentaje no desdeñable del total, superior al 5%, duerme aún a las seis de la tarde. En términos de media, la hora de iniciar la jornada para los jóvenes de entre 15 y 24 años, que en 1996 era las 10.10 los sábados, y las 11.00 los domingos, ha pasado a ser las 11.30 los sábados y las 12.30 los domingos.

Un número de jóvenes creciente, pero aún no comparable al del fin de semana, sale también los jueves: se trata de trabajadores con horarios atípicos, universitarios que no tienen clase los viernes -o, simplemente, no van- y parados, que prefieren salir una noche con menos masificación en los bares. El día más «democrático», en el sentido de que son más similares los porcentajes de jóvenes, considerados por sexo, edad y ocupación, es el sábado. Esa noche, el número de quienes están en bares y discotecas dobla al de los viernes.

Baja el 'botellón'
Hablar de bares y discotecas es lo más adecuado, porque el «botellón» pierde importancia desde finales de los noventa. Eso no significa que descienda el consumo de alcohol. Al contrario, se dispara en fin de semana: el número de chicos jóvenes que beben en exceso es en la noche del sábado diez veces superior al que se da el jueves, y veinte veces en el caso de las chicas.

En el grupo de 19-20 años, el que se distingue de forma muy clara por la intensidad en su forma de vivir la noche, nada menos que un 34,4% bebe alcohol de forma abusiva. En cambio, el tabaco registra escasas variaciones de unos días a otros. El estudio no distingue por días en cuanto al consumo de drogas ilegales.

Inseguridad
Y, tras la noche, el regreso a casa, que preocupa a padres e hijos, tanto por la inseguridad en muchas zonas de las ciudades como por el riesgo de la carretera para quienes deben desplazarse. Los jóvenes son conscientes del riesgo de sufrir un robo o una agresión, pero les parece un problema menor: sólo el 2% de los chicos y el 8,3% de las chicas aseguran sentir «mucha inseguridad» cuando regresan solos por la noche a casa.

Una percepción con una curiosa distribución por edades: sufren más la inseguridad quienes tienen 19 ó 20 años, y la notan poco los más jóvenes y los mayores del tramo de edad objeto del estudio. Algo que también sorprende si se tiene en cuenta que uno de cada diez chicos reconoce haber sido víctima de un robo con violencia y, uno de cada tres, de uno sin violencia.

La noche es, más que nunca, de los más jóvenes. Y en el otro lado de la cuestión, el de los padres, lo que hace sólo unos años era la preocupación de unos pocos ha pasado a ser problema de todos.

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