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Murcia, 17/02/04

«El dueño le prometió a un chico cubatas gratis si orinaba en el portal»

J. P. P. / C. L. R.
El fiscal pide que los dueños de un pub de Murcia que molesta a los vecinos acaben en la cárcel

«Este tipo de conductas no pueden quedar impunes»

«Ha habido un absoluto desprecio a las más elementales normas»

Ver sentencia condenatoria de 16/12/2005

Las pastillas para conciliar el sueño se han convertido en un elemento imprescindible en la mayoría de las mesitas de noche cercanas al pub Bucanero, en la calle Francisco Caravaca de Archena. Un local que sigue abriendo con regularidad pese al proceso judicial. «Desde hace diez años, aquí no hay quien pegue ojo», denuncian los vecinos, enfrascados en una guerra abierta y sin cuartel con los dueños del local. «Llevo ya más de doscientas denuncias, mediciones de decibelios y otros trámites». Ahora, la Fiscalía se ha tomado en serio las denuncias de este vecino, que prefiere mantener su anonimato. Él y su mujer. llevan «tres años en tratamiento psiquiátrico» provocado por el insomnio, la ansiedad y el estrés que conlleva no poder echar una cabezada en condiciones.

«Mi dormitorio da a la calle, así que ahora duermo en la cocina», comenta la esposa. Los partes policiales muestran niveles de ruidos de más de 80 decibelios en el interior de su casa. Y no todo queda en los nervios.

Agresiones
Tanto este matrimonio como sus vecinos Alfonso y Teresa -que también firman la denuncia-, dicen haber sufrido agresiones. «Un día, Ricardo, el dueño de Bucanero, quería pegar a mi marido porque habían discutido -cuenta Teresa-; yo sujetaba la puerta de la entrada para que no entrase en casa, pero él me empujó y me tiró al suelo». «Una noche oí cómo el dueño le decía a un chico que si se orinaba en nuestro portal tendría los cubatas gratis durante un mes», añade su vecino.

La calle está habitada por mucha gente mayor, como Dolores, una octogenaria que no sufre directamente los ruidos del establecimiento, pero sí «los gritos de la gente que sale, y se pone debajo de mi ventana a las tantas». Vive en un bajo, y su dormitorio da directamente a la calle. «Mi marido paralítico durmió en esta habitación durante muchos años, y al pobre no le dejaban descansar».

Pero algunos vecinos tienen una opinión distinta. «Aquí no hay tantos ruidos, lo que pasa es que toda esta gente es muy especial», dicen Olaya y Candi, que viven en el piso de arriba del pub. Claro que ellas son las propietarias del local, que alquilan a los dueños.

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