Jaén, 15/02/04 La 'discoteca' bajo las estrellasMás de un millar de jóvenes se congrega cada noche de fin de semana junto a la Estación de Renfe pese al frío invernal con el 'botellón' como alternativa a los locales de ocio tradicionalesJ. E. Poveda
El frío no echa para atrás a nadie. A las tres de la madrugada -y con los coches aparcados en las inmediaciones cubiertos de escarcha- en el 'botellódromo' las mozas lucen piernas, ombligos y hombros al aire. Ellos, los más atrevidos, en mangas de camisa o marcando músculo en camiseta. En la discoteca bajo las estrellas no hay música. Apenas algún coche que atruena de paso, para lucir 'tuneo' y equipos. Hay un run-run de voces, de risas que no se perciben desde dentro, pero que vibran en el aire desde lejos. Puede que el 'botellón' moleste a los vecinos de las inmediaciones, pero no será por el ruido. El público
Incluso fuentes policiales insisten en que la concentración juvenil frente a Renfe no causa demasiados problemas. «Gente sana», dicen agentes con experiencia en patrullas nocturnas. Sin embargo no todo el que ronda por el botellón es trigo limpio. La zona de los muelles de carga está en penumbra. Por ahí se trapichea. Aparca un coche, se hace el trato, se va el coche y ahí no ha pasado nada. El perfil de 'camello' en estas zonas de movida no responde al estereotipo tradicional. No son profesionales del tráfico de drogas. Son chavales que 'pasan' hachís, pastillas o pequeñas cantidades de cocaína con las que se pagan sus vicios y sacan algo de dinero. Se vende, pero la mayoría de los que van de botellón va a lo suyo, como si no estuvieran los 'camellos'. Gente sana, recalca la Policía. La venta de drogas no es la única ilegalidad que se comete en el entorno del 'botellón'. La ley andaluza prohíbe la venta de bebidas alcohólicas en comercios a partir de las diez de la noche. Pero a esa hora hay media docena de establecimientos cercanos a Renfe que apenas si han comenzado a hacer caja. Se puede comprar una botella o un lote hasta bien entrada la madrugada. En algunos de los establecimientos hacen como que están cerrando y las venden en la puerta a través de una verja. En otras, a cara descubierta sea cual sea la hora. Si muchos escapan a la tentación de las drogas, lo que nadie puede evitar en una noche de botellón es tener que orinar. Desde las once de la noche comienza el desfile: ellos a la pared que hay detrás de la sala de exposiciones de una entidad financiera. Ellas, detrás de cualquier cosa en la zona de los muelles de la estación de ferrocarril. Conforme avanza la noche el hedor se va haciendo más intenso. El alcohol hace efecto. Cada vez se necesita evacuar con más frecuencia y se toman menos precauciones. El espectáculo llega a ser poco edificante. A las cuatro la plaza está ya casi desierta, convertida en un vertedero de bolsas y botellas. En un par de horas llegará la cuadrilla de limpieza, que lo dejará todo a punto para que de nuevo el jueves, a las once de la noche, comiencen a llegar jóvenes con botellas a la discoteca bajo las estrellas.
Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias |