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Cáceres, 15/02/04

El 'botellón' ya es un fenómeno de investigación sociológica

Un equipo de la Uex publica un gran estudio sobre el 'botellón' basado en la campaña 'Futuro' que realizó la Junta
Algunas de sus recomendaciones, como trasladar a los jóvenes lejos del centro, se recogieron en la Ley de Ocio
Claudio Mateos
¿Dónde nació el 'botellón?
El estudio también toca el polémico asunto de los orígenes del 'botellón', sobre el que existe una especie de leyenda urbana que sitúa a los jóvenes cacereños como inventores del fenómeno. La principal base de esa creencia es un reportaje publicado en el diario El País en 1995 sobre la movida en distintas ciudades españolas. En él se menciona el término botellón para referirse a la práctica de los jóvenes cacereños de reunirse a beber en espacios públicos por el incremento del precio de las copas. Para el sociólogo Artemio Baigorri esta mención en prensa no basta para presuponer que el 'botellón' se inventó en Cáceres, entre otras cosas porque ya en 1994, un año antes, el Consejo Local de la Juventud de Plasencia alerta sobre esta práctica en la ciudad del Jerte, y es lógico pensar que el incipiente 'botellón' también se realizaba por esas fechas en otras ciudades españolas.

No obstante, cualquier cacereño de más de 30 años sabe que a finales de los ochenta los jóvenes ya se reunían a beber en zonas de la ciudad como el Paseo Alto o La Madrila. Además, Baigorri apunta que a principios de los noventa son varios los países europeos ¯sobre todo Gran Bretaña¯ donde los jóvenes «se reúnen a beber en parques y espacios públicos».

Nadie duda ya de que el 'botellón' se ha convertido en uno de los fenómenos más problemáticos de este principio de siglo para la juventud, no tanto por las molestias y la suciedad que genera, sino sobre todo por el desmedido consumo de alcohol, especialmente entre los menores de edad. La Ley de Convivencia y Ocio de Extremadura, en vigor desde hace casi un año, ha logrado sacar el 'botellón' del centro de muchas ciudades y pueblos, como es el caso de Cáceres, pero no ha puesto fin al problema. Simplemente, lo ha trasladado donde no molesta.

Para saber más sobre este fenómeno, sus orígenes, sus consecuencias, y quiénes y con qué intensidad participan en él, la Editora Regional acaba de publicar el libro 'Botellón. Un conflicto postmoderno', presentado en Cáceres la semana pasada. Es el resultado del estudio que en año 2001 llevaron a cabo, por encargo de la Junta, los sociólogos Artemio Baigorri y Ramón Fernández, junto a un equipo de investigación de la Universidad de Extremadura dentro de la campaña 'Futuro', en la que participaron cerca de 60.000 personas entre jóvenes, padres y profesores. Fue una gran batida en torno al 'botellón', con amplias encuestas, trabajos de campo en los lugares de reunión de los jóvenes y análisis de la repercusión social del fenómeno en los medios de comunicación.

Desde el jueves
Era la época en la que la Plaza Mayor de Cáceres era literalmente 'tomada' cada fin de semana por miles de jóvenes, entre los cuales se infiltraron los investigadores y sacaron algunas conclusiones. La primera de ellas era evidente: el fin de semana comienza el jueves, sobre todo para los universitarios. Ese día, por la mañana, se notaba un incremento en la carga y descarga en los bares de copas y las tiendas de licores de la zona, que se abastecían para tres noches de intensa actividad. También lo hacían tiendas que durante el día vendían golosinas y bollos para los niños, y por la noche sufrían una «vampírica transformación» para centrarse en el comercio de bebidas alcohólicas.

Los investigadores detectaron en el 'botellón' cacereños varios grupos, identidades distintas en función del lugar de la Plaza que ocupaban. Así, señalan en el libro que los espacios abiertos eran ocupados en su mayoría por los más jóvenes, mientras que en los soportales se situaban los mayores de 25 años, si bien «aquellos que parecen iniciarse en la práctica del 'botellón' preferían al principio esos lugares apartados, pero después de un tiempo se reagrupan en el centro de la Plaza. Por otra parte, lugares como las plaza de Santiago y San Jorge eran frecuentados por jóvenes de entre 14 y 18 años, quienes «además de consumir alcohol hacen uso de otros inhibidores químicos, lo cual se ve favorecido por la total ausencia de restricciones y vigilancia policial», dice el estudio.

De mismo modo, identificaron grupos de jóvenes de clase media-alta en áreas «estratégicamente escogidas», concretamente en el tramo de soportales comprendido entre la calle Pintores y General Ezponda, «una barrera que les separa de otros grupos distintos». Otra observación curiosa es que las calles destinadas a orinar eran siempre las mismas: Arco de España, Zapatería, Ríos Verdes, Andrada, De la Cruz, Amargura y Plaza de San Juan.

Los autores del estudio mencionan, en el caso de Cáceres, un «turismo de 'botellón'», formado por jóvenes de otras ciudades y pueblos que llegan a Cáceres los fines de semana «atraídos por la movida de la que se han echo eco los medios de comunicación a nivel regional y nacional».

El más barato
Otra peculiaridad de Cáceres es que cuenta con el 'botellón' más barato de todos los analizados en el estudio: 3,13 euros (520 pesetas) por persona de media, un euro menos que en Badajoz. Además, Cáceres es la ciudad donde menos gastan los jóvenes encuestados, ya que dedican para toda la noche una media de 10,13 euros (1.865 pesetas), por los 16,68 euros (2775 pesetas) de Badajoz.

Los problemas de ruidos y suciedad de las calles se han solucionado con el traslado del 'botellón' al ferial, pero no así el del consumo excesivo de alcohol. De hecho, el 84 por ciento dice que bebe combinados de Whisky, ginebra o ron. Además, la mayor parte sólo se plantea dejar el 'botellón' «cuando se case, trabaje o sea mayor».

Alternativas
El estudio ahora publicado por la Editora Regional constata el poco éxito que han tenido las alternativas ensayadas en varias ciudades extremeñas y finaliza con una serie de recomendaciones, destinadas sobre todo a reducir los efectos negativos e impulsar lo que los autores llaman el «buen botellón', es decir, el que «no genera ruidos ni suciedad, los menores no tiene cabida y los mayores consumen alcohol de forma moderada».

Algunas de las propuestas de los investigadores se incorporaron a la Ley de Convivencia y Ocio, como el alejamiento del 'botellón' de las zonas residenciales. Así ha ocurrido en ciudades como Cáceres y Plasencia, donde los jóvenes se han trasladado desde el centro hasta el ferial y El Berrocal, respectivamente.

Al final del libro aparecen otras recomendaciones, la más original de todas tratar de fomentar la asistencia de los universitarios a clase los viernes por la mañana, por medio de incentivos. También se hace referencia la gran importancia de educar e informar a los jóvenes, y no se escatima una apuesta por el rigor policial para evitar los abusos más graves.

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