A la cárcel por ruidosos
El Mundo Ruidos.org: la lucha contra el ruido
Índice de noticias sobre el ruido
Noticias de este mesNoticias del último mes


Deltebre, 09/02/04
MEDIO AMBIENTE / UNA SENTENCIA EJEMPLAR

A la cárcel por ruidosos

POR PRIMERA VEZ [Nota de ruidos.org: No es correcto, ver el caso Chapó] en España los acusados de un delito ambiental por exceso de ruido han sido condenados a una pena de prisión. Se trata de los dueños de un bar cuyo jolgorio ha mantenido en vela durante seis años a la familia que vive al lado

SALUD MUÑOZ

Juan Carlos Bo tras la cristalera de la vivienda de sus padres
Juan Carlos Bo tras la cristalera de la vivienda de sus padres, contigua al bar de copas cuyos dueños han sido condenados a una pena de prisión por exceso de ruido. /J. ANTONIO
Leocadia Casanova, de 68 años, vive a diario con ocho pastillas que ponen remiendos a problemas de hígado, trastornos del sueño y depresión crónica, consecuencias de seis años de largos fines de semana -de jueves a domingo- en una permanente juerga sin salir del comedor de su casa. Su esposo, Juan Bo, de 77, con problemas de corazón, durante su convalecencia febril de una operación cardiaca, confundía los contundentes chunta, chunta con bombas. «Me parecía que estaba en una guerra», explica para que la gente se haga una idea de lo que supone vivir, pared con pared, junto a un bar musical.

Según los expertos, los 59 decibelios que llegaron a registrarse en la vivienda equivalen a tener a una persona hablando sin parar en tono normal a un metro de distancia mientras se intenta conciliar el sueño. Juan Carlos, el hijo del matrimonio, se escuda del ruido con unos auriculares con su música preferida, «pero mis padres ven un rato la tele hasta que se ponen nerviosos y empiezan a pasear por toda la casa esperando el cierre del local».

INSOMNIO

EL EXCESO DE DECIBELIOS PUEDE COSTAR LA VIDA

Convivimos mal con el ruido, entendido como sonido desagradable y no deseado, pero la mayoría desconoce el elevado número de consecuencias negativas para la salud que puede ocasionar un exceso.

De un estado ideal y excepcional, oír el trino de un pájaro (10 decibelios) o el rumor de las hojas en los árboles (20 dB), pasamos a escuchar diariamente el claxon de los coches (90 dB), el tráfico rodado (85 dB) o las taladradoras en las obras urbanas (120 dB), este último valor muy cercano a los 140 dB, considerado umbral de dolor por la OMS. Durante el día se suele experimentar malestar moderado a partir de los 50 decibelios, y fuerte a partir de los 55. En el periodo vespertino, en estado de vigilia, estas cifras disminuyen en cinco ó 10 decibelios.

El nivel del sonido de una conversación en tono normal es, a un metro del hablante, de entre 50 y 55 dB. Hablando a gritos se puede llegar a 75 u 80. El ruido influye negativamente sobre el sueño a partir de los 30 decibelios.

Las personas sometidas de forma prolongada a situaciones que afecten a su tranquilidad, su descanso o su sueño suelen desarrollar cansancio crónico.Se habla de aumentos de hasta el 20% o el 30% en el riesgo de ataques al corazón en personas sometidas a más de 65 decibelios en periodo diurno.

El hijo ha ganado con los años un insomnio que se puede convertir en crónico y ha perdido su trabajo. «No era responsable conducir un camión sin haber dormido ni descansado». Ahora, que es jardinero, también madruga, pero «no juego con mi vida ni con la de nadie».

La familia Bo Casanova hace 33 años que tiene su vivienda, justo la mitad de una reducida manzana que comparte con lo que había sido un almacén y que desde el año 1998 ocupa el bar musical Unik. La pequeña manzana está situada en la avenida de los Hermanos Carsi, una carretera que se pierde en el horizonte de ese desierto de agua y barro que es la localidad tarraconense de Deltebre (10.200 habitantes).

Uno de los dos hermanos propietarios del bar, Antonio Roldán, es concejal por CIU en el Ayuntamiento del pueblo. Y, a pesar de ello, siempre que le preguntaron aseguró que desconocía la normativa municipal, que limita a 30 decibelios el ruido nocturno.Lo cierto es que, tal y como relata la familia Bo Casanova, es que el Ayuntamiento nunca actuó para poner fin a las molestias de los vecinos.

Según cuenta Juan Carlos, y confirma la sentencia de la juez Nuria Pomer, la policía local efectuó desde agosto de 1999 hasta marzo de 2002 hasta 30 mediciones cuyos valores superaban siempre los 30 decibelios permitidos. A pesar de ello, las denuncias fueron archivadas, según el propio Ayuntamiento, «porque los sonómetros no estaban en buenas condiciones». Ante la indiferencia, la familia recurrió a Santiago Aguiló, un perito que registró 59,6 decibelios en el silencio de la sala y de los dormitorios interiores -no los que comparten la pared con el bar-, con la luz apagada y las puertas y ventanas cerradas.

TRIBUNALES

Y en el año 2002 decidieron ir a los tribunales con los ojos cargados de sueño y una larga retahíla de achaques. Juan Bo padece hipertensión, diabetes y del corazón. Leocadia estrés, depresión y ahora otros males relacionados con el hígado que pueden atribuirse a la falta de descanso y sueño. Juan Carlos inicia la peligrosa senda del insomnio crónico tras demasiadas noches sin dormir.

La juez que se encargó del caso aceptó los problemas de salud como la consecuencia lógica de la falta de descanso a causa del ruido del bar musical. El juzgado también realizó sus propias mediciones, que encargó al Laboratori General d'Assaigs i Investigacions (LGAI), la entidad colaboradora de la Generalitat especializada en estas mediciones, que registraron valores entre los 37,5 y 42 decibelios. La magistrada no tuvo en cuenta los argumentos de los acusados que indicaban que habían efectuado obras para insonorizar el local hasta los 79 decibelios y dio por hecho que los hermanos Roldán tenían conocimiento de las quejas, a pesar de que aseguraron desconocer el malestar de la familia.

Y el Juzgado Penal de Tortosa resolvió una sentencia ejemplar por un delito de contaminación acústica: cárcel para los acusados, el cierre del bar musical durante dos años, inhabilitación para regentar locales de ocio a ambos acusados por el tiempo de la condena y el pago de una multa diaria de seis euros durante 16 meses y de una indemnización de 6.000 euros.

La juez argumenta su decisión en que tanto el Tribunal de Derechos Humanos como el Tribunal Constitucional señalan que cuando se trata de contaminación acústica «constituyen supuestos de especial gravedad, aun sin poner en peligro la salud de las personas, cuando se trata de una exposición continuada y prolongada de los niveles de ruido». A pesar de tan contundente sentencia, el pasado martes la familia volvió a presentar una denuncia porque el bar musical continúa abierto y las molestias persisten. «Que les hayan castigado con cárcel no era lo que pedíamos, pero eso es decisión de la justicia. Lo que queremos es que acaben los ruidos».

APOYO VECINAL

En su lucha contra el ruido nocturno la familia Bo Casanova no está sola. 28 vecinos apoyaron una denuncia contra las molestias que producía el bar de madrugada. Los mismos 28 nombres que el concejal y su hermano no tuvieron ningún reparo en exhibir a las puertas del bar musical para delatar a quienes secundaban una campaña contra el local.

Los hermanos condenados se limitan a calificar la sentencia de «injusta» y «excesiva». Antonio Roldán, el concejal, pone gesto de desagradable sorpresa y asegura que «tenemos todas las licencias y el local insonorizado» y no se explica la contundencia de la juez.

Como ellos, un número indeterminado de clientes del local encuentra «exagerada» la condena y se concentrarán hoy domingo ante las puertas del bar para mostrar su apoyo a los propietarios. Mientras, la familia que lleva seis años sin dormir al otro lado de la pared confía, más que nunca, en la Justicia.

Más noticias de este mes | Último mes | Índice general de noticias
Página principal de ruidos.org