Madrid, 14/01/04 Ruido excesivo, vecinos hartosAlgún lector se queja de que nadie atiende sus solicitudes respecto a las quejas sobre ruidos. En mi caso contacté con el Seprona de la Guardia Civil de Madrid, que está en la calle Batalla del Salado, y además del excelente trato profesional que recibí se tomaron mi problema en serio, vinieron a hacer unas mediciones en mi casa y en el lugar donde se producían y desde entonces ya no padezco aquellos insoportables ruidos.Espero que esta experiencia pueda servir a otros que sufren las terribles molestias de los ruidos. Cristóbal Rojo | 39 años. Mis vecinos colombianos se encargan de ponerle banda sonora a mi vida. Igualmente, mis vecinos portugueses ponen la televisión a un volumen exagerado. En ambos casos también hablan muy alto. Muchas veces, a gritos. Me entero de todo sin quererlo. No lo consideren racismo. Simplemente es así. El resto de los vecinos no dan un ruido. Cuando vives en comunidad, vengas de donde vengas, creo que hay que respetar al resto de los vecinos y no meterte en su casa con tu música o tu televisión. Yo trabajo, madrugo y necesito descansar. Estoy cansada de música latina, gritos, muebles que corren de acá para allá, juergas, etc. También de Operación Triunfo, Gran Hermano y algún otro programa que, sin haberlos visto nunca, me sé de memoria gracias al volumen de la tele de los de al lado. Un poco de respeto por los demás. Encarnación. Para tener buena política contra el ruido, además de involucrarse los responsables de los servicios públicos (bomberos, servicio de limpieza, etc.), también debemos hacerlo los demás ciudadanos: evitar el claxon o el rugir de los motores y sus pitos durante la mañana, utilizar zapatos cómodos cuando se pasea uno por la casa a ciertas horas, evitar mover muebles innecesariamente a las tantas, etc. Es un compromiso de todos, no sólo de los políticos. Ojalá Madrid sea en unos años una capital viva, pero a la vez que ofrezca calidad de vida, algo de lo que adolece actualmente. Raquel Fernández. A diario me despierto a las cinco de la mañana porque a esa hora mis vecinos latinoamericanos 'se tienen que ir a trabajar' y para ello es necesario arrastrar muebles y demás parafernalia. Los fines de semana nunca sé si podré dormir por si deciden celebrar una fiesta, eso sin contar con que en una casa de cuarenta metros cuadrados podrán vivir del orden de quince a veinte personas. Y esto sólo es un pequeño ejemplo de lo que miles de familias obreras tenemos que sufrir en Madrid ante la indiferencia de la Policía y de las autoridades porque, como siempre dicen, 'no se puede hacer nada'. F. M. C.
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