Sevilla, 22/12/04 Opinión - ColaboracionesBotellona y malos tratosFernando IwasakiParece mentira que el socialismo español --tan sensible a proteger a indefesos varios amenazados por fumadores, jefes abusivos, pandilleros escolares, acosadores sexuales y maltratadores conyugales- no haya advertido todavía que los vecinos torturados por los estragos de las botellonas, también son víctimas de malos tratos. Uno sabe muy bien que las mujeres maltratadas no son equivalentes a los no fumadores, pero quien no lo sabe es la propia Administración, empeñada en subrayar el carácter de víctimas de unas y otras, promulgando una batería de leyes destinadas a prohibir conductas perniciosas como fumar y maltratar, protegiendo a los no fumadores y a las maltratadas, y sancionando penal y económicamente a fumadores y maltratadores. No se me ocurre solicitar que los energúmenos de las botellonas sean perseguidos como los terroristas domésticos, pero sí me haría ilusión que fueran incriminados como los fumadores. El 2004 será recordado como el año en que tomamos conciencia de la violencia escolar, en virtud del suicidio de un niño agredido y martirizado por sus compañeros. Ignoro cómo atajarán el problema las administraciones implicadas, pues la violencia escolar es resultado de una indisciplina, una crisis de autoridad y una degradación académica fomentadas muchas veces por las propias ideologías progresistas, pero al menos me vale la conciencia que hoy existe sobre los malos tratos en las escuelas, para extrapolarla a los vecinos que padecen los malos tratos de la botellona. Finalmente, el «mobbing» o acoso laboral se ha convertido en una práctica unánimemente denostada porque engendra inseguridad, aislamiento, angustia y problemas de salud, que -miren por dónde- son los mismos achaques que sufren quienes no pueden descansar por culpa de las botellonas, la incivilidad y la cobardía de las autoridades. ¿Por qué los vecinos maltratados por la botellona no pueden reclamar la misma atención que reciben las víctimas del acoso laboral? Cuando un ayuntamiento considera que los derechos de un no fumador son más valiosos y esenciales que los de un vecino enfermo y torturado por las botellonas, no cabe pensar que ese ayuntamiento es solamente inepto. No. Lo que es obvio es que ese ayuntamiento considera políticamente más rentable apoyar a la canalla de la botellona que a la carcundia de los vecinos. Así, para el ayuntamiento de Sevilla la botellona es progresista y los vecinos quejicas unos fachas de cuidado. Instalados como estamos en la «cultura de la queja», me permito sugerirle a los vecinos afectados, que en lugar de constituir Plataformas por el Descanso promuevan Asociaciones de Víctimas del Botellón, pues actuando como «víctimas» se abriría un abanico de posibilidades que hoy por hoy no están a su alcance. Y si el ayuntamiento menosprecia su magnitud política, habría que empezar por demostrarle que sus fuerzas no son nada desdeñosas. Las familias que soportan y padecen los estropicios de las botellonas tienen que pasar a la acción judicial contra el ayuntamiento, pues sufren insomnios, tensiones, agobios y malhumores susceptibles de ser indemnizados económicamente, porque afectan su salud, su equilibrio y su rendimiento laboral. ¿O es que las reivindicaciones de los vecinos maltratados son más insignificantes que las de los no fumadores? ¿Acaso los trabajadores expuestos a la arbitrariedad de sus jefes no viven en permanente desasosiego? Conforme se acerca el fin de semana, los vecinos se sienten como los escolares acosados ante la inminencia del lunes o como las mujeres maltratadas cuando el torturador llega a casa. No hay derecho.
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