Málaga, 20/12/04 RuidoJosé Luis González VeraEl ruido es considerado en Málaga una especie de estado meteorológico semejante al sol, o al terral. Hace calor, hace ruido. Hace viento, mi vecino vocifera coplas carnavaleras. La naturaleza, que vierte esas excentricidades. En esta ciudad donde, por motivos sociales, la conciencia de lo público ha quedado anulada, nunca hemos disfrutado un Ayuntamiento que quisiera unir a sus ciudadanos en el concepto de casa común, más allá de los carteles ocasionales en los autobuses y algún pasquín entre publicidad de videncias y discotecas. Los habitantes de La Plaza de la Merced ya sufren con bajas laborales los trastornos del botellón festivo, cientos de personas que ríen, se relacionan y hablan, sin hacer nada censurable, desde mi humilde punto de vista, excepto emitir decibelios comunales que impiden el sueño, primer derecho humano cuando la noche enciende las ganas de divertirse para noctámbulos de vida desordenada como yo.El ruido carcome el sistema nervioso como una termita, tal como sancionan sentencias médicas y judiciales de toda instancia; sin embargo, en esta aspirante a urbe, primor de educación, lo escandaloso es la dejación de funciones que, frente a él, han mostrado los sucesivos consistorios, desde Aparicio hasta De La Torre. Es urgente conducir la idiosincrasia callejera malacitana hacia el silencio. Locales, motos y coches-disco son fáciles de controlar con una mínima voluntad política, pero los concejales, en general, desconocen las calles lejanas a sus zonas nobles, excepto fiestas y romerías. El precio de las copas en los bares impide su función de lugares gratos para conversar, ligar y beber con la moderación que cada uno desee imponerse. Vivimos en un sistema que selecciona mediante el bolsillo, y eso ha lanzado a muchos al alcohol de súper y al consumo de intemperie; es decir, botelloneros y vecinos son víctimas de los planteamientos erróneos sobre salud y adicciones. Conflicto entre pobres. El Ayuntamiento tiene la obligación de procurar espacios para la expansión ciudadana, a la vez que debe garantizar la habitabilidad de cada hogar. Sea el Cortijo Torres, o alguna zona de este Puerto tan poco malagueño, se trata de habilitar unos retretes móviles, vigilancia, la limpieza posterior y algún elemento atractivo para la marcha nocturna; el buen ambiente lo regalan nuestros jóvenes, eso sí, con libertad, en vaso grande solidario y con hielo.
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