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Barcelona, 19/12/04

De víctimas a verdugos

La caravana vecinal traspasó su desesperación a los inocentes usuarios del aeropuerto de BCN
X. A.
Colas en los accesos Varios conductores desesperados se apean del coche para mirar el colapso.
Colas en los accesos Varios conductores desesperados se apean del coche para mirar el colapso.
Foto: MAITE CRUZ

El estruendo provocado por un avión que aterriza o despega es insufrible, pero también lo es quedarse atrapado en un atasco a las puertas del aeropuerto y perder el vuelo. Los vecinos de Gavà-Mar aseguran que están "desesperados" por el incesante paso de aeronaves sobre sus cabezas y ayer se lo hicieron pagar a los usuarios del aeropuerto de El Prat que tampoco tienen la culpa. "Nuestra intención no es fastidiar, pero no nos queda más remedio", aseveró Fernando Peña, vicepresidente de la asociación de vecinos de Gavà-Mar y locomotora de la marcha lenta que ayer bloqueó el aeropuerto.

Una familia entera, con niños incluidos, tuvo que recorrer unos dos kilómetros con los fardos a cuestas hasta la terminal. "No llegamos, no llegamos", repetía el padre, metiendo prisa a la comitiva. El taxista que los transportaba quedó atrapado en mitad del caos y les recomendó que siguieran a pie. Unos metros mas allá, una chica lloraba y arrastraba a trompicones su maleta con ruedas.

"Es una vergüenza que todos los sábados pase lo mismo. Alguien debería pararles los pies. No hay autoridad", se quejó un conductor bloqueado. Otros incluso llegaron a increpar y a insultar a los manifestantes. "Arranca o te parto la cara", gritaba un hombre desde la ventanilla de su Audi. "Hay otras maneras de quejarse menos molestas. Siempre pagamos el pato los mismos", recriminó un tercero al borde de un ataque nervioso.

Pero los vecinos de Gavà-Mar no se amedrentan ante nada. "Parte de la culpa del colapso la ha tenido la Guardia Urbana de El Prat, que ha cerrado el acceso al aeropuerto. Si no, no pasa nada porque éramos menos coches que la última vez", insistió Peña, buen conocedor de los dos anteriores bloqueos, de los días 30 de octubre y 21 de noviembre.

Taxistas prisioneros
A pie con las maletas Llegada a la terminal.
A pie con las maletas Llegada a la terminal.
Foto: MAITE CRUZ
Los taxistas también sufrieron ayer en sus carnes las consecuencias de una protesta después de haber dejado al aeropuerto sin servicio el pasado jueves como consecuencia de su día de huelga. "Nosotros hemos sido más cuidadosos con los ciudadanos. Hemos intentado no molestar a nadie. Aun siendo muchos más, no se nos ocurrió bloquear el aeropuerto como a ellos", se quejó un chófer metropolitano que estuvo una hora prisionero y sin taxímetro.

El vicepresidente de los vecinos de Gavà-Mar se defendió como pudo. "Pretendemos molestar lo menos posible. Como sabemos que la gente viene al aeropuerto con dos horas de antelación, intentamos no bloquearlo más de una hora. Además, hemos dejado pasar a muchos coches y no hemos cerrado los arcenes", replicó.

AENA pidió a los vecinos de Gavà-Mar que no vuelvan a repetir acciones como las de ayer porque "perjudican muy seriamente a los usuarios del aeropuerto". Indirectamente, la marcha lenta también provocó pequeños retrasos en la operatividad de El Prat, porque los aviones agotaron hasta el último segundo antes de partir, esperando hasta el final a todos los pasajeros.

El tira y afloja entre AENA y vecinos va en aumento. Hace unos días, el organismo aéreo pidió a los habitantes del barrio que dejen de lanzar cohetes al paso de los aviones porque está prohibido y porque pueden provocar un accidente. Fernando recriminó este tipo de acciones "que no cuentan con el apoyo ni están promovidas por la asociación de vecinos".

No obstante, el vicepresidente hizo un razonamiento en voz alta: "Si un simple cohete de los que puede tirar hasta un niño molestan a los pilotos, es porque vuelan muy bajo, ¿no?", se preguntó.

Cuando la caravana de vecinos abandonó El Prat, el paisaje era desolador: coches abandonados en cualquier parte y viajeros que seguían arrastrando a pie su equipaje. Suerte que el primer Aerobús que pudo romper el cerco los fue recogiendo de uno en uno, como si se tratara de un coche escoba.

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