Barcelona, 10/12/04 Emparedados en el salónVecinos del barrio de Can Baró protestan por la construcción de un vial frente a sus ventanasALBERT OLLÉS
La nueva infraestructura, que discurre en elevación a cinco metros de la fachada lateral, fue inaugurada en diciembre del 2003 para enlazar las calles de Josep Serrano y de Joan Cortada. Los afectados denuncian que su visibilidad ha quedado reducida al muro de hormigón que sustenta la obra y a los vehículos que circulan por su superficie. "Estamos hartos de soportar el ruido y la contaminación de los coches, que nos obliga a tenerlo todo cerrado día y noche. Es como vivir en una cárcel", aseguran. Los vecinos denuncian haber perdido toda la intimidad, ya que el vial permite el paso de viandantes. "Ni siquiera podemos abrir las cortinas, ya que en cuanto oscurece se ve todo desde fuera", explica Esperanza Bustamante, otra afectada. Ventanas tapiadasEl estrecho espacio que separa el edificio del vial estaba ocupado hasta hace pocos meses por una escalera de hormigón que estaba tan pegada a la pared que tapiaba las ventanas de la planta baja. Las protestas de los vecinos consiguieron que desapareciese, pero el resultado final tampoco ha sido satisfactorio: "El ayuntamiento nos dijo que haría un pequeño jardín para alegrar algo la zona, pero sólo dejó un parterre que se ha acabado convirtiendo en un vertedero". Los afectados llevan meses presentando denuncias en el distrito, pero aseguran que no han obtenido ninguna respuesta. "Por lo menos que arreglen el parterre", exclama una tercera vecina, Rosa López. La concejala del distrito, Elsa Blasco, reconoce el "inconveniente" que supone para los vecinos el vial, pero recuerda la importancia de la obra para el barrio: "Soluciona una demanda histórica, al dar salida a la calle de Josep Serrano". La mejor solución posibleBlasco apunta que el proyecto "incorporó mejoras sustanciales, tras escuchar las demandas de los afectados" y califica la solución final como "la mejor posible". Con el vial ya construido, solucionar el problema es complicado. Isabel Millán es consciente de ello y, tras haber pasado media vida en el barrio, ve cada vez más difícil el futuro: "Nos han ido marginando poco a poco y hemos llegado a una situación límite. Sólo queremos una vivienda digna y ésta ya no lo es".
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