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Híjar, 05/12/04
Pide la retirada de dos torres de alta tensión anexas a su vivienda en Híjar
El Ayuntamiento asegura que la familia no corre peligro y que el traslado es ya imposible
La compró con la promesa de que la quitarían
MARÍA APARICIO
Con la promesa de que quitarían las dos torres de alta tensión que la custodiaban, Encarna García, su marido y sus cuatro hijos, compraron hace seis años una vivienda unifamiliar en Híjar, anejo de Las Gabias. Hoy, una sigue a espaldas del edificio aunque a un metro escaso, y la otra, en plena entrada formando parte del mobiliario.
Pero ha pasado el tiempo y los continuos dolores de cabeza de dos de sus pequeños y de la propia Encarna empiezan a preocupar a la familia humilde que, ha decidido iniciar una lucha para conseguir el traslado de ambas torres. Aunque se debate «entre la salud y el miedo de que, por construirse después, nos echen abajo el único hogar que tenemos».
El día a día se tronca demasiado duro. Al continuo malestar físico «que no hemos sentido nunca hasta venir aquí a vivir», se suma el miedo que provocan las torres cualquier noche de tormenta. Si un día normal el zumbido que produce la electricidad se escucha desde cualquier habitación de la casa, los días en que el tiempo empeora el ruido «es ensordecedor». Además, aseguran que las chispas saltan de los hierros que forman el poste y en alguna ocasión han sufrido algún que otro sobresalto. El peligro convive con ellos.
Al menos la de la entrada
Con este panorama, su objetivo no puede ser otro. «Queremos que por nuestro bien, se lleven los postes, por lo menos el de la entrada. Tememos que a la larga nos pueda afectar, pero nadie nos presta ayuda de ninguna clase», añade García. Sin embargo, la posibilidad de trasladar el 'problema' es prácticamente imposible. Las torres pertenecen a la línea Almería-Motril de Red Eléctrica Española y se colocaron antes de que se construyera la vivienda. Los constructores iniciaron la obra sin permiso del consistorio y fue posteriormente, una vez terminada, cuando se legalizó la situación. El soterramiento, que en poco tiempo sufrirá la línea de baja tensión de la avenida San Miguel, vía paralela a la vivienda, es imposible en este caso. «Tiene tanta fuerza que este tipo de cables es imposible que vayan bajo tierra», aclara el alcalde, Francisco Javier Aragón.
Existen estudios contradictorios sobre los efectos sobre la salud de los que viven cerca de estas instalaciones pero, de momento, las empresas están obligadas en la actualidad a colocar este tipo de torres a 25 metros como mínimo de cualquier vivienda.
«Hemos solicitado informes técnicos y nos han asegurado que no tienen peligro de sufrir ningún problema relacionado con la salud», concluye el equipo de Gobierno.
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