Granada, 31/08/04 El Ayuntamiento tramita una denuncia diaria por exceso de ruido en domiciliosMedio Ambiente ha abierto 85 expedientes durante este último trimestre Las reclamaciones aumentan en verano por los aparatos de aire acondicionadoQuico Chirino«La batidora de mi vecina suena muy fuerte»; «La señora del piso de arriba se levanta muy temprano para ir a trabajar al aeropuerto y los tacones retumban en el techo». Son casos reales. La convivencia resulta, en algunos casos, especialmente difícil cuando estalla en los oídos. Y ocurre con mayor asiduidad de lo que pudiera pensarse. El área municipal de Medio Ambiente tramita casi un expediente diario por exceso de ruido. Los hay de bares y discotecas. Pero el capítulo más amplio lo ocupan los ruidos domésticos.Y en este apartado entra prácticamente de todo. Se ha convertido en un cajón de sastre sin filtros que alberga desde la denuncia por los rugidos de un congelador -verídico-, hasta el que no soporta a los niños de la vecina de al lado, que han convertido el salón en un campo de fútbol. Los expedientes por exceso de ruido se disparan en verano por culpa de las instalaciones de aire acondicionado. Hasta 21 quejas se han registrado desde el 1 de mayo por este motivo. Montar un refrigerador está sujeto a una amplia lista de normas y saltárselas acarrea multas de hasta 300 euros. Pero no se cumplen a rajatabla: los inspectores abren un expediente cada semana -durante todo el año- por un aparato de aire acondicionado mal ubicado o ruidoso. AnécdotasDurante el último trimestre -datos tomados hasta el 15 de agosto-, los funcionarios municipales de Medio Ambiente han abierto expediente, a instancias de los vecinos, a una academia de baile, dos obradores de pan, un cine y al propietario de un congelador. Son las anécdotas.Detrás de las cifras y los ejemplos hay otros porcentajes que nos devuelven a la realidad: Granada es una ciudad ruidosa, por encima de la media andaluza. Sin embargo, el exceso de ruido no es superior al del resto de capitales. Las asociaciones contra el ruido subrayan la dificultad que existe para acabar con los zumbidos que invaden el ambiente. La duplicidad de normas y competencias llevan mu-chas veces a los vecinos a la desesperación. Sólo queda cruzarse de brazos a la espera de que alguien haga algo. Sin embargo, las normas existen, hay que aplicarlas. El problema viene a la hora de decidir quién se hace cargo: la Policía Local, la Autonómica, los inspectores municipales El reglamento de la calidad del aire, aprobado por la Junta en 1996 y desarrollado en una ordenanza municipal en 2001, deja sobre el tapete las reglas del juego: frena a los vecinos más puntillosos y aplaca a los más fogosos. El artículo 42 de este documento recoge que se prohíbe «cualquier actividad perturbadora» en el interior de las viviendas, especialmente desde las once de noche y hasta las siete de la mañana. También se redactó una tabla con los topes de emisión de ruido. En un domicilios particular, el límite está en cuarenta decibelios de media. Por aportar un referente, tres veces menos que lo permitido en una caseta de feria. Pero hay casos difícil de encasillar. Se puede protestar por todo. Recientemente, un juzgado de Alicante obligó al dueño de un perro a trasladar a su mascota a un patio acotado. El motivo: el vecino no soportaba los ronquidos del can. El juez le dio la razón después de que un veterinario acreditase que, efectivamente, el animal roncaba y que no era posible operarlo.
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