Tarragona, 21/08/04 Murillo, el silencio más insoportableLos propietarios de los locales de marcha salouenses cerrados por orden de la Generalitat afirman pérdidas astronómicas y problemas de ansiedad por la medidaJordi CabréAfirman que llevan días sin dormir, que los nervios les corroen por dentro y que alguno debe seguir, incluso, tratamiento psicológico. Hoy se cumplen 51 días del cierre de los tres bares ubicados en la calle Murillo, entre Serafí Pitarra y Carles Bu•gas, lo que hace más de tres años se conocía, entre los jóvenes, como Slammers. Aquel 2 de julio supuso un golpe duro para los propietarios de estos negocios, aunque tenían la esperanza de que el problema se solucionaría antes de finalizar el verano. Ahora ven que no será así, declaran pérdidas de miles de euros y temen que su lucha pueda eternizarse en los juzgados, tras la decisión de la Generalitat de admitir el recurso de altura de un grupo de vecinos que habían pedido el cierre por contaminación acústica.Antoni Àvila (Tonny's), Mario Ortega y Josep González (Bar Fashion) y Carlos González (Costa Nit) han recibido un nuevo varapalo de la Generalitat. El ente autonómico ha admitido a trámite un recurso de altura de los vecinos del bloque de viviendas Buigas Luz mediante el cual certifica cautelarmente el cierre de los establecimientos de este tramo de calle. Si a esta postura de la Generalitat, que será recurrida en el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC), se le añade el decreto de alcaldía que entró en vigor el pasado 2 de julio y por el que se ordenaba la suspensión cautelar de actividad, lo cierto es que este mes y medio con las persianas bajadas ha afectado, y mucho, a los bolsillos de estos empresarios. «Hay que tener en cuenta que de la noche a la mañana se han perdido unos 60 puestos de trabajo en los tres locales; las pérdidas económicas podrían alcanzar más de 150.000 euros brutos y a esta falta de ingresos hay que sumarle los más de 700.000 euros en inversiones, realizadas para insonorizar y adecuar los locales afectados», explica Àvila. «Con esta situación, la verdad, es mejor no salir a la calle. Te pones nervioso, ves cómo los bares cercanos funcionan y tú no puedes hacer nada sólo porque cuatro vecinos, que están unos días de vacaciones en Salou, afirman que el ruido de los locales les molesta. Lo que además, con las obras hechas, es imposible porque son los mejor insonorizados de la provincia por no decir de más sitios», dice Carlos González. Slammers, palabra tabú«Lo que no entiendo es porqué después de la sentencia de los Slammers, en 2001, ahora se nos compara. Nada de eso. Somos otros bares, con medidas ajustadas para evitar la contaminación acústica. Lo que pasa es que a nosotros nos han puesto el dedo en el ojo y en cambio, en otros sitios, los vecinos comprenden la situación y conviven con los locales», dice Mario Ortega. Su socio, Josep González, intuye que podría haber algo más allá de la denuncia y que a pesar de «habernos gastado tanto dinero, parece que nos quieren ahogar».De hecho, los cuatro regentes quieren dejar claro que la sentencia de cierre de los Slammers ya se cumplió y «los que estamos ahora no tenemos nada que ver con el pasado. Parece que nos quieran ver como una segunda parte, y esto es totalmente falso». Parece ser que la admisión de este recurso de altura de la Generalitat suscita cuando menos muchos interrogantes. Primero porque afecta a un único tramo de calle en Salou, donde se impide otorgar licencias de bar musical y los argumentos de la Generalitat se basan en una sentencia de hace tres años -el cierre de los Slammers- cuando aquello quedó finiquitado en mayo de 2001 (y el cierre de locales se produjo en septiembre de aquel año). Segundo, porque desde el Ayuntamiento se considera la postura como «una intromisión a la autonomía municipal» y más cuando el Plan General fue aprobado previamente por la Comissió Territorial d'Urbanisme, órgano perteneciente a la Generalitat, y ahora ésta ha admitido a trámite un recurso de altura para paralizar la concesión de licencias de bar musical en un tramo concreto. La complicada cuestión pasará a manos del TSJC, quien deberá estudiar los recursos de los vecinos, Ayuntamiento y propietarios afectados para decidir finalmente si este tramo de la calle Murillo de Salou podrá tener bares musicales o bien se terminará para siempre con esta actividad allí.
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