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Granada, 16/08/04

El éxodo del botellón lleva el ruido y la basura de la capital a la Costa

En las calles de Granada, sólo la zona de Hipercor conserva aglomeraciones nocturnas Almuñécar, la más afectada, paga 18.000 euros mensuales para mantener el orden y la limpieza
M. Victoria Cobo
Los vecinos de la Plaza de Toros siguen sin dormir, pero ahora sólo el calor tiene la culpa de sus desvelos. El otro problema acuciante que les dejaba sin descanso, el botellón en ese espacio del barrio de Doctores, se ha dispersado con la llegada del verano y el fin de curso. Son una de las zonas más afortunadas, junto a los vecinos de la plaza Einstein, donde tampoco se da ahora este fenómeno de masas. Y es que uno de los efectos más palpables del verano en Granada, además de la subida de las temperaturas y la llegada de los turistas, es la relajación en esta costumbre de los jóvenes. Pero también acarrea un segundo efecto, que los municipios de la Costa son los que sufren el 'veraneo' del botellón.

Almuñécar y Calahonda parecen los más damnificados por el traslado del fenómeno. En el primero de los municipios se produce sobre todo en las plazas Damasco y Antonio Gala. Y en el segundo, el anejo de Motril, son las cercanías de la playa las que más atraen a estos peculiares 'animales nocturnos'. Salobreña parece librarse de los peores efectos dañinos, y Motril, según señala su propio alcalde, lo vive «de una forma ordenada».

18.000 euros al mes
El municipio de Almuñécar es el que paga una factura más elevada por el traslado del botellón, «un fenómeno importado de otros lugares», según define el alcalde Juan Carlos Benavides. Las arcas municipales hacen un desembolso mensual de 18.000 euros para tratar de paliar los efectos de estas aglomeraciones.

El Consistorio costero se ha visto obligado a contratar a dos agentes de vigilancia privada, que hacen ronda toda la noche junto a los jóvenes que participan en esta variante de la 'movida'. Esto se une a los agentes de la Policía Local que refuerzan el turno de noche por este mismo motivo.

Además, la retirada de bolsas, botellas y vasos, ha hecho que se destinen dos personas de los servicios de limpieza al turno de noche en estas zonas. Mientras los jóvenes ensucian ellos limpian, y lo que quede por la mañana, lo recogerán otros tres operarios que destina el Ayuntamiento exclusivamente para paliar los efectos de estas copas compartidas.

De lunes a domingo
La variante veraniega del botellón tiene, además, de otros destinos, otras costumbres. Así, con las vacaciones, la salida nocturna se extiende «de lunes a domingo», como explica Benavides. Y en cuanto a los participantes, el alcalde del municipio costero explica que los turistas también se unen a este fenómeno 'español'.

En el resto de localidades del litoral, parece que los efectos son algo más moderados. Carlos Rojas, alcalde de Motril, señala que en ese municipio la concentración se suele dar en el Paseo Marítimo, aunque estos días, con la feria, se ha relajado un poco. La diferencia está en que las calles motrileñas también viven el botellón durante el invierno, aunque menos abundante y concentrado en el pabellón de deportes, «que está más alejado y ocasiona menos problemas a los vecinos».

Más moderado
En cuanto a Calahonda, donde sí se vive a diario, el Paseo Marítimo es el protagonista. Rojas señala que las actuaciones específicas que se acometen desde su Ayuntamiento para velar por el orden pasan por las rondas de la Policía Local, que aumenta el número de horas de trabajo en verano, así como los efectivos de limpieza. Pero los gastos para ellos son mucho menos elevados que en el caso del vecino sexitano.

Y aunque vecinos e incluso comerciantes observen con desagrado la situación que se da cada noche en la playas costeras, hay que destacar que en los servicios de urgencia no se ha apreciado una mayor afluencia por intoxicaciones etílicas o similares. La explicación a esto puede ser precisamente que al darse el botellón siete días a la semana, la forma de beber se haya relajado un poco, como apuntan desde el Distrito Sanitario Sur.

Pero no hay que llevarse a engaño, el botellón de la capital está herido, pero no muerto. Y si las costumbres de los últimos años no se pierden, con la llegada del curso, y la vuelta de los estudiantes, botellas y vasos de plástico llenarán de nuevo las numerosas papeleras que el Ayuntamiento ha instalado en aquellos espacios públicos con tendencia a albergar este fenómeno.

Perenne Hipercor
En Granada capital hay un lugar donde aún pueden reunirse los adeptos a la bebida barata, en compañía y bajo las estrellas. Los aledaños de Hipercor siguen siendo un punto de reunión, aunque ya sólo agrupa a unos ciento cincuenta de los mil que pueden ser habituales.

Desde la Policía Local de Granada explican que sigue habiendo una «vida nocturna más que notable», en palabras del portavoz, Antonio Bezares. El responsable explica que ahora el refuerzo de cinco o seis agentes se produce todas las noches, de lunes a domingo, y que su tarea consiste en vigilar las numerosas terrazas que hay en la capital. Hay menores aglomeraciones y «una mayor dispersión por el buen tiempo», por lo que su trabajo sigue siendo continuo. Una zona como el Albaicín, con pequeñas reuniones, se ha convertido en uno de los destinos más visitados de los agentes.

Además, el problema de los ruidos sigue existiendo y deben vigilar el cierre de los bares, que en verano se ha ampliado en una hora. En cuanto al tráfico, Bezares señala que también ha cambiado sus hábitos, ya que «hay muchos turistas con sus coches que no saben por donde pueden pasar, y muchos vecinos del Cinturón se acercan a la capital».

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