Bilbao, 16/10/03 Salvador Santiago, jefe de laboratorio acústico del CSIC«El ruido también puede resultar un placer»El especialista, que participa en un congreso de acústica en Bilbao, alerta del «estrés» que pueden causar las aulas sin insonorizarIñaki Castro
-¿Bilbao es una ciudad ruidosa? -Es tan ruidosa como cualquier otra que tenga unas características de tráfico parecidas. Coches, camiones y autobuses conforman la fuente de ruido que afecta a más personas. A partir de ahí, trenes, aviones e instalaciones industriales son los que más problemas pueden causar. -Ha centrado la mayoría de sus investigaciones en Madrid. ¿Salen ganando en tranquilidad los bilbaínos? -En Madrid tenemos zonas ruidosas -grandes avenidas con mucho tráfico-, pero hay núcleos residenciales que son francamente silenciosos. Hemos llegado a medir niveles de menos de 40 decibelios en algunos barrios. -¿Hay alguna ciudad española en la que se disparen las mediciones? -Los valencianos se quejan mucho del ruido. Ahora, es posible que con las circunvalaciones que se hacen en todas las ciudades hayan disminuido los niveles de ruido, pero en tiempos tenían que soportar todo el tráfico de la costa, que pasaba por el centro de la ciudad. -Paradójicamente, sus fiestas son un monumento al ruido. -Que un sonido sea ruido es una cuestión muy subjetiva. El único requisito es que moleste al receptor. Los levantinos disfrutan con la pirotecnia y en Calanda, por ejemplo, se tiran un semana dándole al tambor con niveles superiores a los 120 decibelios. A ellos, ese ruido les causa placer u otras sensaciones psicológicas. Carreteras silenciosas-La OMS recomienda que no se superen los 65 decibelios durante el día. Sólo en las zonas próximas a las autopistas se rebasan los 75.-Sí, pero de manera intermitente porque el tráfico no se mantiene constante todo el día. Además, desde hace una década, se estudian los pavimentos silenciosos. Están llenos de poros que absorben el sonido, pero con el tiempo pierden sus cualidades porque se van llenado de suciedad. Su limpieza -con chorros de agua a presión- resulta muy cara y, por ello, no se han acabado de implantar. -Las noches también son un punto sensible. -Cualquier local se puede aislar, pero la calle no. Eso demuestra un déficit en nuestra educación. Algunas investigaciones aseguran que los niños son conscientes de que gritan, pero no les importa. Nadie les ha inculcado que el ruido también molesta. -Muchas viviendas tampoco están preparadas para proteger a sus inquilinos. -El primer intento serio de poner un poco de orden en las cuestiones acústicas de una vivienda data de principios de los ochenta. Hasta entonces, muchos tabiques eran de papel de fumar. Ahora, y lo vamos a tratar en el congreso, se está terminando un nuevo código de la edificación. Introduce requisitos más exigentes y, sobre todo, establece controles posteriores a la construcción para comprobar los aislamientos. -Otros estudios indican que el ruido en las escuelas puede afectar al rendimiento escolar. -En general, y hablo de España y Europa, las aulas no están aisladas ni frente al ruido de la calle ni frente a los sonidos del pasillo o las escaleras. Por si fuera poco, las condiciones acústicas interiores tampoco son adecuadas. Los alumnos no oyen bien al profesor y las clases se complican mucho. Evidentemente, eso genera un estrés tremendo tanto en niños como entre docentes.
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