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Tarragona, 13/10/03

La lluvia marca el estreno del plan antibotellón en la Part Alta

La Guàrdia Urbana reforzó su presencia en la Baixada Misericòrdia, pero no intervino
El estreno del dispositivo anti-botellón programado por el Ayuntamiento salió pasado por agua. El primer sábado en que debían empezar a aplicarse las medidas programadas para evitar las aglomeraciones de jóvenes en la Baixada de la Misericòrdia, la lluvia vino en auxilio de los vecinos de la zona y disolvió a los noctámbulos, que tuvieron que cobijarse donde pudieron
Joan Maria Piqué
La noche del sábado pasado no era una cualquiera. Era el momento de poner en marcha el plan anti-botellón previsto por el Ayuntamiento como reacción a las quejas de los vecinos: refuerzo de la Guàrdia Urbana en Part Alta y cierre de dos callejones junto a la plaza de la Font, reconvertidos por en urinarios públicos por parte de jóvenes incontinentes. La factura de la cerveza y sus efectos diuréticos la pagan los que viven ahí en forma de olores. Hay hombres que dejan rastro, como decía aquel anuncio de colonia.

Un paseo por la Part Alta a partir de la una de la madrugada. Se trataba de ver si las duras palabras del alcalde del pasado martes se traducían en acciones concretas al sábado siguiente. La afluencia de coches no ha disminuído: en los alrededores de la Capçalera del Circ se alinean unos vehículos que, con la normativa en la mano, no deberían estar ahí. Pero los conductores parecen fiarlo todo a la carta de pensar que ellos no va a tocarles. O quizá piensen que de noche los de la grúa duermen.

En la Baixada Peixateria, junto al Cos del Bou, un grupo de jóvenes beben bajo el arco de entrada de una puerta. Ríen y comentan la jugada con voces fuertes. A sus pies, las inevitables bolsas de supermercado. Estos deben ser los que se traen la bebida de casa. Así pues, el botellón existe

Un coche rojo con unas chicas aparca un poco más abajo: «¿Dónde vamos, a L'Antiquari?». «Si no tenemos aquel de más arriba, ¿cómo se llama? El Poetes». El que había sido uno de los locales emblemáticos de la Part Alta ya empieza a desdibujarse de la memoria colectiva.

El punto crítico de las quejas vecinales es la Baixada de la Misericòrdia, y también la plaza dels Sedassos, justo al lado. La calle vibra por el efecto de la música del Cau, situado en una de las vueltas del Circ. Si se pone la mano en el asfalto, se notan los golpes de la música. Justo encima, un coche de la Guàrdia Urbana, con las luces azules del techo encendidas, pero mortecinas. Dentro, dos agentes con pinta de aburridos. Desde luego, justo debajo parecen pasarlo mejor.

Delante de la puerta del Cau, dos o tres grupos de jóvenes beben en la calle, apoyados en las paredes. Hablan y ríen. No son muchos, no son más de una decena. Pero de noche todos los ruidos se oyen el doble: no hay más que oir como resuenan los tacones de las chicas cuando pasan por la calle Major, delante de la farmacia de guardia. En la entrada de una tienda de muebles, un poco más arriba, hacia la Catedral, un grupo de chicas beben en vasos de plástico.

Los que se encuentran por la calle se saludan como si fuera de día. Llovizna. Varias parejas corren para guarecerse en algún bar. Al cabo de poco, llueve en serio. Si alguien pretendía montarse una juerga en la calle, esta no es su noche. A las dos y media cae un diluvio y no se ve un alma, más que la pobre gente a la que el chaparrón le ha pillado en la calle, pero los bares no parecen llenos.

De nuevo en la Baixada Misericòrdia, no se ve un alma. Los chavales del portal se han esfumado aunque, con la que está cayendo, casi sería mejor decir que se han disuelto. Pasan algunas motos de pequeña cilindrada, que tal y como está el pavimento, se la juegan. Un coche de la Guàrdia Urbana sube por la calle hacia la plaza del Fòrum. Cinco minutos después, una furgoneta de la policía local hace el mismo recorrido, pero en dirección inversa. A las tres vuelve a pasar otro coche de la Guàrdia Urbana, pero quizá sea el mismo. Los dioses les han hecho el plan antibotellón al alcalde. Más efectividad, imposible.

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