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Gijón, 30/11/03

Derechos y... que era lo otro?

No hay conciencia de las necesidades colectivas y los sacrificios para el bien común
Cristina
Acabáramos. Ahora resulta que la ´Plantona´ no es que cumpla todos los requisitos de las normativas, sino que ninguna planta de depuración asturiana los cumple. Que todas se acogen a la excepcionalidad. Que lo de los dos mil metros de distancia mínima con las zonas habitadas sería lo ideal, pero que la realidad y la práxis, mala suerte, se empeñan en lo contrario.

Dejando de lado el hecho de que tener una normativa que en la práctica no se puede aplicar es de lo menos práctico, valga la redundancia, todo esto recuerda sospechosamente a lo que los yanquis llaman NIMBY (not in my back yard). O sea, que está muy bien que haya plantas de depuración mientras no me las pongan al lado de casa.

Y donde dice planta de depuración ponga usted cualquier cosa imprescindible o deseable pero a priori molesta: cárceles, centros de distribución de metadona, escenarios para conciertos, contenedores de basura, antenas de telefonía... No conozco a nadie que no quiera ver entre rejas a un asesino, o que renuncie a utilizar el móvil, así que a priori estamos todos de acuerdo en que esas instalaciones son necesarias. Pero si hay que hacer algún sacrificio, que lo haga otro. En mi patio trasero, no.

La solidaridad está bajo mínimos, señores. No hay conciencia cívica de las necesidades colectivas y de los sacrificios necesarios para el bien común. Sólo pensamos en los derechos individuales, o como mucho en el bienestar del gueto molecular en el que nos sentimos más protegidos, ya sea la familia, el tramo de la calle donde vivimos o el bar donde nos tomamos las cañas con los amiguetes. Conocemos al dedillo nuestros derechos, pero sobre el tema de los deberes como que pasamos de puntillas, y si encima nos hablan de sacrificios ya para qué te cuento.

Visto lo visto, me niego a ser la única pringada, y con la media docena de familias que viven en mi portal vamos a emprender una campaña de denuncias. Queremos que el ayuntamiento nos quite los bares de copas de la zona, que arman mucho ruido. Los contenedores de reciclaje, por favor, me los mueven un par de manzanas calle abajo, que sobre todo el de vidrios despide un olorcillo a vino rancio que ya, ya. Vayan pensando cómo arreglan lo del colegio que tenemos enfrente, que los críos montan un jaleo de mil diablos (ojo, esta debe ser una medida provisional, porque dentro de unos años mi hija estará en edad escolar y entonces me convendrá que vuelvan a abrirlo). Y hagan el favor de quitar el jardincito de flores que hay aquí al lado, que soy alérgica al polen.

No conocemos nuestros deberes, y nos da igual, no? En cambio sí conocemos nuestros derechos, sobre todo el más básico y fundamental: tener una ciudad hecha a medida de nuestros gustos y necesidades. Y si se tiene que fastidiar alguien, que sea el de al lado.

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