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Granada, 17/11/03

Los gamberros asaltan el Parque Lorca para hacer botellones y destrozarlo

Una pandilla de vándalos aprovecha las noches del fin de semana para .divertirse arrojando mesas y basuras al estanque y pintando las paredes
Quico Chirino
«El parque es tuyo, cuídalo». Este letrero, a la entrada del Parque García Lorca, algunos lo han interpretado a su manera. A la primera parte hacen poco caso. Lo cuidan poco. Sin embargo, han tomado la palabra, lo han hecho suyo y campan por el recinto a sus anchas destrozando todo lo que pillan por delante.

El parque, el más importante de la capital junto a los jardines del Carmen de los Mártires, se convierte por las noches, especialmente durante los fines de semana, en una discoteca improvisada para las pandillas de gamberros. Aprovechan que el recinto está cerrado a partir de las diez de la noche, que la Policía no pasa y que no tiene vigilancia, saltan las vallas y montan los botellones junto al lago. A sus anchas, sin que nadie les ponga freno. Lo han vuelto a hacer este fin de semana, a pesar del mal tiempo. Además, el sábado la movida fue a lo grande. No importa que haga frío o arrecie el temporal: queman ramas y bolsas de basura para calentarse.

Después, cuando han conseguido emborracharse, comienza su fiesta. Cada madrugada dejan sus huellas en las zonas de recreo del parque, en el entorno de las dos cafeterías, una en cada extremo del recinto de 70.000 metros cuadrados, un pulmón verde al límite de la Vega.

Encarnita González y Sahra Aitkattou, propietarias de los dos bares, desgranan los agujeros de un parque que por las noches se transforma y deja de ser el espacio afable que invita a pasear durante el día.

La diana
El lago se ha convertido en el blanco de las gamberradas. El sábado, los vándalos se dedicaron a arrojar las mesas de las terrazas al pantano. Ahora, los patos las utilizan para descansar. Botellas, pintadas, azulejos rotos... es el rastro de un rato de marcha.

«Venimos por la mañana y pensamos: Dios quiera que no hayan hecho mucho», claudica Encarnita. Todas los días tienen que pasar varias horas adecentando los destrozos de los vándalos antes de abrir las cafeterías. A Sahra le han abierto su bar dos veces en los últimos meses, tan sólo para robarle las botellas.

La sensación es de impotencia. «No hay vigilancia. Todo se arreglaría si viniera la Policía Local a dar una vuelta todas las noches», denuncia Luis, un vecino del barrio. A Sahra le han destrozado el cañizo del techo y han decorado su barra con mensajes como 'Petardas'. Encarna llegó un día y se encontró que le habían arrancado varios azulejos. Los servicios están pintados, las paredes quemadas y las cerraduras forzadas. Los jardines tampoco se han salvado del asalto. Las pandillas no se han cebado especialmente con las plantas, pero los azulejos con el nombre de las flores están destrozados, rotos en pedazos por el suelo. Un despropósito.

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