Eivissa, 22/06/03 El ruido supera el máximo permitido en los principales núcleos urbanos pitiusosCentenares de escolares están sometidos a niveles excesivos: en el colegio de Sant Jordi soportan 74 decibelios, 19,6 por encima de lo autorizado “En las poblaciones hay un serio problema de salud pública”, dice el biólogo Bartolo PlanasLos resultados de las más de 200 sonometrías efectuadas en las principales poblaciones y en los núcleos cercanos a las carreteras más transitadas concluyen que los niveles máximos de ruido se superan ampliamente. El tráfico es el principal culpable de esta situación, que tiene serios efectos sobre la salud.Cristina Martín
“Estamos rodeados de ruido; no se percibe como un problema pero en los núcleos urbanos hay un grave problema de salud pública; el ruido es devastador para la salud y no se está actuando”, alerta Planas. El nivel máximo de ruido permitido por la ley en zonas residenciales es de 55 decibelios, tope que sube a 65 en áreas industriales y turísticas, pero ambos se rebasan ampliamente. “A partir de 65 decibelios no se puede garantizar la salud de una persona”, explica Planas. El sonómetro que se utilizó para las mediciones registra valores durante 15 minutos y determina el LAeq, el nivel continuo equivalente ponderado en decibelios A, es decir, una media. Los estudiantes concluyeron que, en general, en el municipio de Eivissa se supera el límite de 55 decibelios en 11,6, al igual que en Santa Eulària. El tráfico es el principal culpable de esta situación, que se agrava por el mal planeamiento urbanístico, según Planas: las calles estrechas actúan de amplificador y no hay parques ni espacios abiertos en los que refugiarse y en los que pueda salir el ruido, como sí ocurre en grandes ciudades. “Los cascos urbanos pitiusos son igual o más ruidosos que Barcelona o Madrid”, asegura el biólogo. Centenares de escolares están sometidos a un ruido excesivo: en el colegio de Sant Jordi, situado junto a la carretera del aeropuerto, los niños aguantan de forma continua 74,6 decibelios (un 35,6 por ciento más de los 55 permitidos) y hay momentos en que se llega a los 93; delante del instituto Sa Blanca Dona el ruido constante es de 70 decibelios y alcanza topes de 96; en los colegios de Santa Eulària, la media también es de 70 y una punta de 98 decibelios, el mismo ruido que aguantan los alumnos de la escuela de Puig d´en Valls, que fue donde se registró el más alto del municipio, 103 decibelios (casi el doble de lo permitido). En Can Cantó se midieron 65 decibelios y puntas de 84, y en Juan XXIII, 73 y picos de 91,9. El rumor constante está producido por motores, la rodadura, tubos de escape (sobre todo de motos), bocinazos, la música de los coches, camiones y vehículos de transporte público, que son los más ruidosos porque a menudo no circulan en buenas condiciones técnicas. En el centro de Vila hay muchas calles en las que el ruido alcanza niveles muy preocupantes para la salud: los ejes de las grandes calles (cruces de Ignasi Wallis, Isidor Macabich, Bartomeu Roselló, avenida de España) o en vías mal diseñadas como Aragón, muy estrecha y con edificios muy altos que acentúan el eco, y las rondas. En el cruce Ignasi Wallis-Bartomeu Roselló el ruido medio fue de 73 decibelios, con picos de 91, y los alumnos contaron una intensidad de tráfico de 500 vehículos en 15 minutos. En Can Misses los enfermos están sometidos a 65,7 decibelios y puntas de 90. Pero el valor máximo se registró en el Huevo de Sant Antoni: un pico de 108 decibelios, el doble de lo autorizado.
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