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Coruña,

El Ayuntamiento trató de mediar en el conflicto sin llegar a un acuerdo

Las quejas de un vecino obligan a precintar el centro social Mil Lúas

Los socios presenciaron con la boca tapada, en señal de protesta, la clausura de su local

El centro social Mil Lúas no ha tenido un cumpleaños muy feliz. Sus más de doscientos socios y cerca de mil usuarios habituales se han quedado sin actividades ni lugar de reunión durante, al menos, quince días. La denuncia de un vecino obligó al Ayuntamiento a precintar el local ayer por la mañana. La concejala de Asuntos Sociales, Mar Barcón, organizó una reunión en la que se trató de llegar a algún tipo de acuerdo entre ambas partes sin conseguirlo. El demandante protestaba por los ruidos que producían los conciertos, obras de teatro y clases de percusión. Los asociados aseguran que ninguna de sus actividades se prolonga más allá de las doce de la noche pero, al no tener licencia de apertura, se ven obligados a sufrir las consecuencias de la demanda.

“Por culpa de los caprichos de una persona varios centenares se van a ver privados de una programación cultural”. Así de tajantes se mostraban ayer los socios del centro autogestionado Mil Lúas ante las puertas de su recién precintado local en la calle de Orillamar. Técnicos municipales acudieron a cerrar el centro como consecuencia inevitable de la denuncia presentada por un vecino en el ayuntamiento.

Los ánimos estaban bastante exaltados, todos tenían algo que decir pero nombraron un portavoz, Carlos. Él explicó que el problema se remonta a los últimos meses de 2002. Fue entonces cuando el vecino comenzó a protestar “por el ruido del taller de percusión, los conciertos y el teatro”.

Cancelaron los conciertos

Para tratar de llegar a un acuerdo, según cuenta el representante del centro, decidieron cancelar los conciertos a partir del mes de noviembre, aunque continuaron con el resto de actividades que, según insistió, “nunca se prolongaban más allá de de las doce de la noche y tenían una buena respuesta de la gente”.

Al repetirse las protestas, la concejala de Asuntos Sociales, Mar Barcón, trató de mediar en el conflicto y convocó una reunión entre ambas partes en los últimos días. “Habíamos intentado hablar con el vecino varias veces”, explicó Carlos, “pero nunca quiso escucharnos, así que tampoco lo hizo en la reunión”.

El problema de los asociados era que no cuentan con licencia de apertura. “Las asociaciones culturales no la necesitan”, especificó una de las socias, “pero al no tenerla, el Ayuntamiento tiene que cerrar el local ante cualquier protesta”. Esto a pesar de que todos los vecinos que pasaban por la zona ayer por la mañana aseguraban que las actividades nunca les han molestado.

Su única opción si quieren reabrir es obtener la mencionada licencia. Para ello ya han dejado en manos de un equipo de arquitectos la elaboración de un proyecto que les permita adecuar su local a las condiciones mínimas de seguridad. Esperan que, “si todo va bien”, el centro pueda volver a abrir en quince días, “aunque el cumpleaños, ya nos lo han estropeado”, comentan.

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