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Barcelona, 23/2/3
Y se hizo el silencio
El cubrimiento de la Ronda del Mig finaliza hoy tras 10 años de obras
• Les Corts y Sants estrenan un túnel de 2,2 km y una rambla de 55.000 metros cuadrados
• La intervención ha reducido la contaminación, ha reactivado el comercio y ha encarecido los pisos
PATRICIA CASTÁN
Diez años de polvo, cortes de tráfico, trajín de excavadoras y calles patas arriba escriben hoy su página final en la Ronda del Mig, en Sants y Les Corts. El faraónico cubrimiento del cinturón cicatriza una herida que partía barrios en dos y que castigó durante años los tímpanos de miles de vecinos. La obra iniciada en 1994 ha culminado con el túnel urbano más largo de España, de 2,2 kilómetros de longitud (el segundo de Europa) y que no tendrá réplica en ninguna otra parte de Barcelona, según aseguran fuentes municipales.
La gran transformación, que afecta a Les Corts, Sants y La Bordeta, deja atrás una inversión final de 67 millones de euros (11.147 millones de pesetas) con tres objetivos cumplidos: mejorar la conexión entre barrios, reducir drásticamente la contaminación y el ruido (que antes de la obra ofrecía puntas de 85 decibelios) y crear una rambla de 55.000 metros cuadrados que se ha convertido en paseo y punto de encuentro para dos distritos. La transformación, no obstante, alcanza los 100.000 metros cuadrados urbanizados ya que se ha acompañado de ampliación de aceras y reducción de los carriles (uno o dos según los tramos, con pavimento sonorreductor).
CASO ÚNICO
El primer teniente de alcalde, Xavier Casas, destaca que la complejidad técnica de la obra la convertirá en un caso único, que no servirá de modelo. "Esta opción sólo es válida si no hay otra alternativa contra el ruido o una frontera entre barrios", apunta. En este caso, la distancia entre un lado y otro de la calle (50 metros) recomendaba el cubrimiento. Por contra, pone como ejemplo la amplitud de la Gran Via, que ha generado otras opciones válidas que no amenazan la seguridad.
La larga duración de los trabajos ha hecho que incluso las primeras fases (el tramo cubierto de la calle de Sants a la avenida de Madrid) hayan sufrido continuos retoques en materia de seguridad. "Donde había inicialmente cuatro turbinas de aire hemos acabado con ocho", detalla Casas. El paso subterráneo cuenta finalmente con 50 turbinas y 6 extractores de humos hacia el exterior.
El objetivo prioritario era garantizar la seguridad del túnel en caso de incendios o accidentes. En este sentido, Casas asegura que resultaba del todo "imposible" dar mayor longitud al túnel, como pretendían vecinos de Les Corts. El máximo responsable municipal de urbanismo insiste en que la distancia entre un siniestro y la salida a pie del túnel no debe exceder el kilómetro (desde una u otra boca), con el máximo espacio de entrada y salida.
CALENDARIO CUMPLIDO
El dispositivo de medidas ha condicionado los tramos finales del túnel, a modo de pérgolas, tras largas negociaciones con el vecindario. La última fase de las obras (de Mejía Lequerica a Travessera de Les Corts y de Antoni de Capmany a Carrilet) ha sido la que se ha llevado la mayor parte del presupuesto (48 millones de euros, casi 8.000 millones de pesetas, incluido el depósito pluvial). El ritmo de las obras ha sido frenético y simultáneo en ambos puntos, de modo que en momentos punta han llegado a coincidir 400 operarios, detalla el gerente del Instituto Municipal de Urbanismo, Alfredo Jorge Juan. El esprint contrasta con etapas negras, como la urbanización del tramo de avenida de Madrid a Travessera de les Corts, congelada durante meses por problemas económicos, ya que el párking subterráneo no tuvo el éxito previsto.
Ayer, cientos de operarios trabajaron a destajo bajo la mirada del alcalde, Joan Clos, que visitó la obra, para garantizar que todo esté listo para la inauguración de hoy.
NUEVA CALIDAD DE VIDA
La repercusión de los trabajos se ha dejado notar a diario al compás del cubrimiento. En cada nuevo tramo que iba quedando listo se reactivaba el comercio (los vecinos cruzan con mucha más frecuencia de una calzada a otra) y se multiplicaba el precio de los pisos, que han pasado de los dobles acristalamientos a las ventanas abiertas, admite Lluís Cervera, vecino de Les Corts, de la Coordinadora pel Cobriment del Cinturó.
El presidente de la Associació de Veïns de Badal, Brasil y La Bordeta, Pepo Mediavilla, también integrado en la coordinadora, sentencia que "el cubrimiento es un logro muy importante para el barrio", que comenzó a reivindicar la obra en los años 80 y a principios de los 90 sembró de pancartas los balcones.
Los vecinos, satisfechos con el resultado, sólo lamentan que el barrio siga cortado, esta vez en sentido descendente, por el paso de la vía del tren que las administraciones no están dispuestas a soterrar con motivo de los trabajos del AVE. Algunas fuentes vecinales apuntaron la idea de llevar a cabo una protesta hoy durante la visita de los responsables municipales.
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• Los vecinos de ambos extremos de la ronda celebran el cubrimiento, aunque con algunos apuntes críticos
• Las vías del tren siguen siendo la asignatura pendiente
EDWIN WINKELS
Cuando María Luisa Gusi se instaló en su, en aquel momento, nuevo piso de la Gran Via de Carles III veía el mar desde su cuarto de baño. Y delante de la puerta, cuando salía a la calle, había un descampado. De eso, hace 36 años ya.
Desde entonces, el descampado se convirtió primero en la terrible Ronda del Mig, que sólo se podía cruzar a través de un angustioso puente de acero. Y ahora, por fin, vuelve a asemejarse al tranquilo descampado de entonces, aunque con una rambla y césped más decentes. "En aquel descampado se celebraba siempre la fiesta mayor de Les Corts", recuerda Gusi.
Ella vive en la parte trasera del edificio, o sea que nunca sufrió el ruido del tráfico. "Pero todos estamos contentos de cómo ha quedado", resalta, no sin hacer un apunte crítico: "Todo es muy bonito, y el ayuntamiento se ha esforzado mucho. Pero mientras, en la misma ciudad que logra realizar una obra tan cara, los pobres siguen durmiendo en la calle", dice.
Las vías del tren
La jornada de hoy debe volver a ser como una de aquellas fiestas mayores de entonces, aunque Carmen Oliver alerta de que hay gente que podría salir a la calle con pitos y cacerolas, "porque no todo el mundo está contento", dice. "La ronda ha quedado muy bien, pero lo que piensan hacer con las vías del tren es horroroso. Ahí los vecinos nos haremos fuertes, porque no queremos que se levante aquí un muro de hormigón", dice.
Oliver vive desde hace cinco años --"cinco años con grúas delante del balcón", recuerda-- en tal vez la peor parte de la Ronda del Mig, ahí donde esa gran rambla de dos kilómetros es fracturada por el inmenso obstáculo ferroviario. "Nos habían prometido una pasarela por encima de las vías", añade. Lo que hay ahora son dos pasos peatonales subterráneos que son oscuros, largos y estrechísimos, y tanto de día como de noche son territorio de robos y asaltos.
Más abajo, Pere Vergel colocará pronto, en cuanto la primavera lo permita, una sillas y mesas en la acera delante de su bar, Cal Pere. "A mí, el tráfico nunca me ha molestado tanto, pero los vecinos están muy contentos con el cubrimiento. Sobre todo porque es ahora muy fácil cruzar al otro lado. Aunque ruido sigue habiendo", dice Vergel.
Porque justo en ese tramo hay todavía bastante tráfico en el lateral. El problema es que desde la plaza de Cerdà hasta Travessera de les Corts no existe ninguna salida de la ronda. Por eso, el cruce con Constitució es muy concurrido, aunque no sólo por coches. "Hay mucha más vida, y tengo más compradores", celebra Rosa, que desde hace 23 años vende ropa y flores en la esquina: "Lo mejor es el parque. Antes, la gente del barrio no tenía".
Ya cerca de la plaza de Cerdà, la única queja es un gran cajón que tapa la ronda, ya que ahí no cabía un túnel. "Es molesto para los vecinos de abajo, aquello les tapa la vista", dicen los gemelos Ramón y Pepe, acompañados por Gigi, un trío que durante años montaba en toda Europa su espectáculo, el Santos Show. "Llevamos 20 años aquí, pero en nuestro ático el ruido nunca se escuchaba tanto, porque tenemos una terraza. Pero otros vecinos nos dicen que siguen escuchando el mismo ruido, sobre todo por culpa de los semáforos", dice Pepe, ya jubilado.
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