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Miranda de Ebro, 19/1/3

Los más ruidosos de la región

El mapa de ruido urbano de la Comunidad Autónoma señala que Miranda de Ebro soporta un nivel sonoro de 75 decibelios y la sitúa a la cabeza de las ciudades con mayor contaminación acústica
A. H.

EL RANKING
Miranda de Ebro: 75 decibelios (nivel máximo de 77,7 y un mínimo de 67,2).

Salamanca: 74 (82,1 y 66,9).

Burgos: 74 (80,6 y 66,9).

Benavente: 74 (76,8 y 69,6).

Zamora: 73 (78,5 y 65,2).

Segovia: 73 (78 y 67).

Aranda de Duero: 73 (77,1 y 70,5).

Ponferrada: 73 (76,7 y 69,6).

León: 72 (80,7 y 66,2).

Ávila: 72 (75 y 63,2).

Palencia: 71 (78,5 y 60,5).

Guardo: 71 (77,9 y 64,2).

Valladolid: 71 (76,5 y 63,4).

Soria: 71 (74,8 y 68,1).

Medina del Campo: 69 (74,5 de máxima y 60,8).

Que los mirandeses han sido siempre reconocidos por su bullicio, jolgorio y algarabía durante la celebración de las fiestas de San Juan del Monte es algo de lo que los sanjuaneros han hecho gala a lo largo de la historia y que no se le escapa prácticamente a nadie; pero que la villa del Ebro reciba el apelativo de ciudad más ruidosa de la región, por la alta contaminación acústica que soporta, es ya otra cosa muy distinta.

El mapa de ruido urbano de los núcleos con más de 20.000 habitantes de Castilla y León, elaborado por la Administración regional, constata que Miranda de Ebro cuenta con un nivel sonoro de 75 decibelios, con máximos de 77,7 y mínimos de 67,2; mediciones que sitúan a esta ciudad a la cabeza del ránking de contaminación acústica por delante de las capitales de provincia: Salamanca, Burgos, Segovia, Zamora, León, Ávila, Soria, Valladolid y Palencia, y de localidades como Ponferrada, Guardo, Benavente, Aranda de Duero y Medina del Campo.

El fenómeno de la contaminación acústica, a pesar de que hasta hace no mucho tiempo ha pasado prácticamente desapercibido, afecta hoy en día a la mayoría de las ciudades. Martillos hidráulicos en las obras, equipos de música de los bares y vehículos con conductores que pretenden hacerse notar; aglomeraciones de gente al aire libre, circulación ferroviaria y sobre todo el tráfico rodado provocan que nadie esté a salvo de los ruidos y suponen también las mayores quejas de los ciudadanos en este campo.

A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no sobrepasar los 65 decibelios, la realidad es que esta indicación se supera con creces tanto en Miranda como en todas las localidades castellano-leonesas mencionadas anteriormente. A partir de ese nivel, los efectos físicos del ruido pueden originar pérdida de audición; de hecho, en los últimos años, la edad media de las personas afectadas por sordera ha bajado de los 60 a los 30-45 años. Mientras que las consecuencias en la salud mental de los ciudadanos se centran en la posibilidad de presentar síntomas de nerviosismo, ansiedad o estrés, que, a su vez, pueden tener efectos secundarios: taquicardias, alteración de la frecuencia respiratoria, modificación de la presión arterial, de la tensión muscular, resistencia de la piel, agudeza visual y vasoconstricción periférica; síntomas que, generalmente, desaparecen tiempo después de cesar la exposición al ruido.

Zonas saturadas

El último estudio conocido sobre la contaminación acústica en esta ciudad, realizado por los mirandeses David García Metola y Paz Merino Agudo, identifica como zonas acústicamente saturadas la travesía de la N-I, la calle La Fuente, el semáforo junto al Ayuntamiento y tanto la carretera como la calle Logroño.

«Todas son zonas afectadas fuertemente por el tráfico rodado. El punto de la N-I, próximo al hotel Tudanca, acentúa este problema por el paso de vehículos pesados y la velocidad lenta de la circulación», indican sus autores. «Si nos fijamos en los Leq -nivel de un ruido constante que tuviera la misma energía sonora que aquél durante el mismo periodo de tiempo- y en la normativa -Ordenanza Municipal de Ruidos y Vibraciones- todos estos puntos tendrían dificultades para su cumplimiento -por debajo de los 65 decibelios-, aunque ya se especifica también que los ruidos derivados de las vías de tráfico tienen un tratamiento especial», matizan.

Las estimaciones de estos dos jóvenes indican que las proximidades del Hospital Comarcal Santiago Apóstol tendrían también problemas para el cumplimiento de la ordenanza, una vez que contemplan mediciones de 70 y 67,2 decibelios por el día y la noche, respectivamente, cuando la normativa señala los 45 y 35.

«En la parte vieja, se detecta la influencia en el ruido de los bares cuando no hay tráfico cercano. El tráfico enmascara el efecto de los bares en la calle La Fuente y en semáforo junto al Ayuntamiento. Tenemos dos problemas que se suman en la zona, haciendo que en muchos periodos no se cumpla la normativa», recalcan.

Por contra, apuntan que en el resto de lugares de la ciudad estudiados «los niveles se ajustan bastante a la ordenanza, destacando por su buena calidad acústica la estación -lugar de medición- del barrio de Anduva».

Para intentar corregir estas situaciones, la Administración regional está desarrollando un sistema de vigilancia del ruido ambiental y un programa de prevención de la contaminación sonora, que defina qué nivel de ruido soportan las ciudades en la actualidad -Mapa del ruido urbano- y las medidas correctoras que se puedan establecer al respecto.

El plan deberá concretar las líneas estratégicas de actuación de las administraciones públicas en materia de control del ruido ambiental, después de analizar su origen, causas y tendencias futuras. «Se pretende establecer las bases para el despliegue de una red de control del ruido ambiental en la región, para más tarde determinar tanto las necesidades de infraestructuras como de equipamiento de dicha red y evaluar su alcance operativo», explican desde la Junta.

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