Madrid, 29/12/03 Mapas acústicos «pondrán nota» del uno al cinco a cada zona de la ciudad según su nivel de ruidoSara MedialdeaA comienzos del año entrarán en funcionamiento las brigadas contra el ruido, que formarán policías de la Patrulla Verde e inspectores de Medio AmbienteTodos los ruidos de Madrid estarán recogidos en los mapas acústicos zonificados que el Ayuntamiento va a elaborar, y que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, presentará hoy. A partir del trabajo ya realizado en el mapa acústico general de la capital, los nuevos responsables municipales van a evaluar cada barrio atendiendo a sus niveles sonoros, y los puntuarán del 1 al 5. Este mapa servirá, entre otras cosas, para determinar qué actividades pueden realizarse en cada zona y cuáles estarán prohibidas. Los mapas zonales de ruido harán la función de estudios de impacto ambiental, a través de los cuales la Concejalía de Medio Ambiente, que dirige Paz González, podrá dictaminar a favor o en contra de la concesión de licencia a una determinada actividad. Y lo hará según ésta se ajuste, o no, a los límites sonoros admitidos para esa zona concreta de la ciudad. Cinco nivelesEn ocasiones, podrá solicitar que antes de facilitar una licencia, se exija a sus peticionarios que introduzcan en la actividad en cuestión elementos que minimicen su impacto acústico.Los mapas de zonificación acústica tendrán cinco niveles: desde el 1, en que no se admitirá ninguna actividad ruidosa en el barrio, hasta el 5, mucho más permisivo a la hora de informar favorablemente la concesión de nuevas licencias. Para que los datos con que se elaboran estos mapas no pierdan su vigor, existirá un servicio de actualización dinámica de los niveles de ruido. Esto se realizará mediante una flotilla de vehículos Smart, que recorrerán las zonas acústicamente sensibles para revisar los niveles sonoros, haciendo mediciones en tiempo real. Revisión de la ordenanzaEste sistema de actualización continuada se pondrá en marcha en 2004, y responde al nombre de Servicio de Actualización Dinámica de Medio Ambiente en Madrid (SADMAM).Los responsables del área de Medio Ambiente trabajan en la actualidad en la revisión de la última ordenanza contra el ruido. Uno de los objetivos que se persiguen con la modificación es endurecer las sanciones, de manera que no salga impune quien cometa una infracción o actúe reiteradamente contra la normativa. Básicamente, se persigue que ningún propietario de local prefiera abonar las sanciones y continuar infringiendo la norma porque le «compense». Brigadas mixtasPara actuar contra quienes se salten la ordenanza y controlar su cumplimiento, entrarán en funcionamiento las brigadas contra el ruido. Serán un cuerpo especial de trabajadores integrado por personal de varias concejalías. Entre ellos habrá agentes de la Policía Municipal -pertenecientes a la Patrulla Verde-, pero también funcionarios de inspección del área de Medio Ambiente.Estos últimos llevan ya tres meses recibiendo formación especializada para enfrentarse a sus nuevas responsabilidades. Las brigadas contra el ruido supondrán en la práctica un incremento de los controles y las inspecciones, y empezarán a ser operativas a principios del próximo año. Sus componentes realizarán inspecciones por zonas, especialmente en aquellas áreas señaladas por los mapas acústicos. Habrá una vigilancia específica sobre las llamadas «zonas predetectadas», en las que se acumulen mayor número de locales con actividades ruidosas o se produzcan concentraciones humanas. Sanciones más durasEs intención de los responsables de Medio Ambiente incrementar las cuantías de las sanciones, de manera que nunca sea «rentable» para el infractor saltarse la norma y abonar la multa. Este objetivo, explicado por el delegado de Medio Ambiente, Ignacio López Galiacho, es especialmente aplicable en el caso de locales de ocio o diversión, para los que se pretende que nunca «compense» la infracción.La iniciativa que ahora va a poner en marcha el Ayuntamiento madrileño continúa una línea que ya iniciaron los anteriores responsables de Medio Ambiente. De hecho, en el año 2002 se realizó incluso un experimento sociológico en el que el Ayuntamietno colaboró con la Universidad Politécnica de Madrid.Entonces, una veintena de madrileños de diversas edades, oficios y entornos participaron en un ensayo voluntario con el objeto de averiguar a qué suena Madrid. Durante varias semanas, estas personas -amas de casa, conductores de autobús, estudiantes, cantantes de rock, policías, y otros- llevaron encima, 24 horas al día, un dosímetro. El aparato permitió recoger en todo momento los niveles de ruido a que se veían sometidos. El experimento sirvió para obtener algunas conclusiones, cuando menos, curiosas: por ejemplo, que el ruido de las sábanas al girarnos en la cama supera los 40 decibelios; que puede alcanzarse mayor nivel de ruidos paseando con un amigo por El Retiro que una noche de tapeo en un mesón; que un trayecto en Metro soporta menos impacto sonoro que una calle de Centro en hora punta, y que la alarma del despertador, en el relativo silencio de la madrugada, alcanza y hasta supera los 64 decibelios, sin que pese a ello uno llegue a inmutarse. El ensayo realizado por encargo del área de Medio Ambiente se incluyó dentro del Plan Estratégico para la Reducción de la Contaminación Acústica. Plan de UrbanismoEl actual Plan General de Ordenación Urbana divide la ciudad en cinco áreas, definiendo los usos permitidos en cada una de ellas según sea su nivel sonoro. Así, hay una primera área de silencio, especialmente indicada para los equipamientos sanitarios; el área dos o levemente ruidosa, donde pueden instalarse desde viviendas a colegios, dotaciones culturales, iglesias y zonas verdes.El área tres, o «tolerablemente ruidosa», permite la existencia de hoteles, oficinas, servicios de las administraciones públicas, zonas comerciales, deportivas y recreativas, excepto al aire libre. El cuarto tipo es el área ruidosa, para uso industrial, infraestructuras e intercambiadores de transportes. Hay todavía una última categoría, el área «especialmente ruidosa», en la que pueden coexistir ferrocarriles y carreteras, actuaciones al aire libre e incluso transporte aéreo. No obstante, esta clasificación no pasa de la pura teoría: en la geografía del término municipal, muchos de los niveles sonoros señalados aparecen entremezclados, de manera que existen grandes vías de comunicación cerca de hospitales, o zonas residenciales junto al aeropuerto.
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