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San Sebastián, 16/12/03

Beasain y Zarautz, ejemplos de ocio nocturno sin molestar a los vecinos

Los hosteleros pactaron con sus ayuntamientos acabar con los ruidos y cerrar a la hora convenida En Irún pretenden llevar el ocio al extrarradio
Mikel Soro
Colecta contra el Ayuntamiento
La fórmula que han elegido los miembros de la Asociación de Vecinos Ixo para intentar que haya una solución definitiva a las molestias que se originan en la Parte Vieja de San Sebastián es pasar a la acción. La entidad está recaudando aportaciones entre todos los vecinos de la Parte Vieja para denunciar judicialmente al Ayuntamiento. 5 euros al mes es el mínimo y 12 euros aporta el resto, para pagar abogado y lo que venga. «Ya sabemos que el Ayuntamiento recurrirá, pero quedará constancia de que los vecinos le hemos denunciado por no respetar sus propias normas y será su propia vergüenza».

Cinco años de pelea en la Parte Vieja donostiarra
El racimo de quejas y denuncias de la Asociación de Vecinos de la Parte Vieja Ixo (callad) es interminable. Ruidos en los bares y en las calles, incumplimiento de otras normas municipales y absoluta falta de vigilancia. «Aquí el Ayuntamiento permite lo que no deja en otros barrios», concluye Itziar Landa, secretaria de la asociación que preside Eduardo de la Fuente. Todos los miércoles se reúnen los vecinos para tratar las últimas quejas y reclamar al responsable en el Ayuntamiento.

Landa rememora la pelea que llevan adelante desde hace cinco años. «Empezamos con los ruidos que no dejaban dormir. Se dio el caso de una vecina que se tuvo que llevar la cama a la cocina cada verano porque no podía conciliar el sueño si dejaba la ventana abierta».

La subvención para instalar dobles ventanas aislantes por parte de Parvisa (sociedad municipal para la rehabilitación del barrio) calmaron los ánimos de quienes disponían de fondos. Pero el ruido sigue y la amenaza de que aumente, también. «La norma impide abrir nuevos bares, pero ahora mismo tenemos a 45, muchos de ellos recientes, que han solicitado cambiar la licencia a pub para cerrar más tarde y poner música. Eso es ilegal según la norma del Ayuntamiento de 1989. Pero éste ha ofrecido concederla a los que estaban abiertos en esa fecha si demuestran que antes de sacar la norma tenían música. A uno se la han dado porque lo han confirmado tres amigos...», ironiza enfadada Itziar Landa.

Humos y botellón
Denuncia que hay pubs que carecen de licencia y con la orden de cierre en la mano, pero siguen abiertos. Otros que no cumplen las normas mínimas de seguridad e higiene. Bares que tienen cocinas y salidas de humos ilegales, un establecimiento que sirve bocadillos toda la noche, un comercio que vende el botellón a horas en las que debería estar cerrado por ley y hasta quien vende alcohol ilegalmente. «Los vecinos lo denuncian en las reuniones. Dos socios van al Ayuntamiento a notificarlo y denunciarlo».

Han conseguido que un restaurante apague una máquina que no dejaba dormir al vecindario y, para celebrarlo, degustaron unas quisquillas en la reunión. «Si esperan que nos aburramos y dejemos de denunciar, están equivocados. Cada vez que constatamos un abuso nos enfadamos más», recalca Landa.

Atrás quedan las protestas en la calle, reivindicaciones en los balcones, veladas amenazas, miradas torvas entre unos y otros, hasta tratamiento ambulatorio para los afectados por el ruido producido en noches de ocio y de perturbación. «El Ayuntamiento para llevarse bien con los hosteleros nos está demostrando que pasa por encima de los vecinos de la Parte Vieja», resume Itziar Landa.

Alternar por la noche supone muchas veces no dejar dormir al vecindario. Las conversaciones en la calle, las voces de los que van de copas en cuadrilla o la música de los locales convertida en ruido en los dormitorios son un tormento para los vecinos de los lugares donde se concentra el ambiente nocturno. Demasiados decibelios para poder descansar y quejas continuas. Los ayuntamientos buscan fórmulas que satisfagan a hosteleros y a ciudadanos.

Un sondeo entre vecinos, responsables municipales y dueños de bares de horario nocturno en poblaciones donde hay un ocio atractivo y multitudinario detalla que algunos lo consiguen, como en Zarautz; o, simplemente, la oferta va destinada al adulto que selecciona un local amplio, bien ambientado y rechaza alternar en la calle, como ocurre en Beasain. Otros suman etapas para ir reduciendo molestias, como en Irún; y hay quienes, hartos ya de esperar una solución, deciden costear entre todo el barrio una denuncia judicial contra el Ayuntamiento, como los vecinos de la Parte Vieja donostiarra.

BEASAIN
Ambiente pactado
Las copas en el Goierri se toman en Beasain, donde en los cinco últimos años han proliferado los pubs de música y copas sin que los vecinos lo lamenten. Un pacto firme y severo entre los hosteleros y el Ayuntamiento de tener cerrados a cal y canto los pubs a las 3.30 de la madrugada ha conseguido que nadie proteste. Además, los bares de ocio se han especializado en el cliente adulto, el que toma el trago largo y no alborota la calle. Muchos son clientes de las poblaciones de alrededor, gracias a los dos grandes estacionamientos promovidos cerca de la zona de ocio. Ello ha motivado que localidades que ven perder ambiente de noche pidan a sus munícipes que hagan lo mismo.

Josu, uno de los propietarios de un popularísimo pub beasaindarra, con 23 años dedicado al mostrador, explica cómo han logrado que vecinos y Ayuntamiento estén satisfechos de cómo desarrollan su trabajo sin molestar a nadie. «Los locales están muy bien montados, en edificios nuevos y hay muy buen ambiente. Que tienes que cuidarlo muy bien. Hemos evitado poner música de jóvenes para mantener al cliente adulto, de 30 años para arriba. Ese no mete ruido en la calle».

La zona de ambiente está en Zaldizurreta, con 9 pubs; al lado está la calle Mayor, con otros 8, conocida como la del cine. Argumenta que «la temporada fuerte nuestra es desde septiembre hasta navidades, porque luego llega la temporada de sidrerías y en verano la gente se va a la costa. Llegamos a un acuerdo con el Ayuntamiento de que nos permitiera trabajar hasta las 3.30 de la noche. A esa hora todo está cerrado. Y si alguno no cumple, nosotros mismos le reiteramos que debe hacerlo por el bien de todos».

Gracias a esa actitud, los aproximadamente 25 pubs beasaindarras pueden trabajar a gusto. «Los fines de semana vienen clientes de toda la provincia y hasta de Vizcaya, gracias a los dos aparcamientos creados a cien metros de la zona de ocio». Reconoce que algún vecino tiene que padecer los ruidos habituales, «pero no tenemos quejas continuadas. Procuramos no pasarnos para que todos nos llevemos bien».

En esta zona de ambiente nocturno no existe una asociación vecinal que gestione las quejas, si las hubiera. Pero una vecina de la calle Zaldizurreta consultada ratifica que «no se producen ruidos por exceso de decibelios de música. Unicamente en verano, al dormir con las ventanas abiertas, llega el murmullo de la gente. Pero no provoca molestias al vecindario». Otra más, una señora mayor, indica que «dormimos perfectamente. No hay ruidos molestos, aunque sé que alguna vecina de mi portal se ha quejado de alguna vez que ha habido jaleo en la calle».

ZARAUTZ
Convivencia casi perfecta
El municipio costero que crece sin parar tiene casi 130 bares y un excelente ambiente de noche. Y por la tarde. Sin embargo, los problemas de ruidos nocturnos en Barrenplaza y Musikaplaza se limitan a los que provocan los clientes con sus gritos y conversaciones en voz alta en plena calle. «Es pura falta de civismo», se queja Alejandro Josetxo Vázquez, concejal de Seguridad Ciudadana y Medio Ambiente. Las conversaciones aumentan y rebotan como el eco en las angostas calles del centro zarauztarra provocando molestias y las quejas del vecindario. Por eso, los primeros que tienen la obligación de cerrar son los hosteleros de Barrenplaza.

En estas zonas saturadas no se permite abrir nuevos bares y el que cierra desaparece como negocio de hostelería. El Ayuntamiento aplica el horario de cierre del Gobierno Vasco. «Es una medida a largo plazo para hacer desaparecer la saturación en algunas calles. Aquí está el verdadero problema. Los jóvenes se concentran en determinadas calles y cuando salen de los pubs y bares producen ruido, no achacable al barero». No sirve que patrullen los municipales «porque ese ruido de gritos se sigue produciendo. No es problema de orden público sino de educación. Como algunos que vuelcan papeleras o las jardineros mientras se dirigen a donde está aparcado su coche».

Los hosteleros zarauztarras conocen la rigidez municipal para defender el derecho de los vecinos a descansar. «Las multas son tan fuertes, entre 1.500 y 1.800 euros, con amenaza de cierre a la siguiente, que ningún hostelero se pasa con los decibelios de la música de su establecimiento ni con el horario de cierre», argumenta Vázquez. «Es la única forma de conseguir que el vecindario pueda descansar por la noche». Reconoce que en fechas concretas, como las fiestas, en verano y navidades, se permite retrasar el horario de cierre «porque todo el mundo está también en la calle», señala Vázquez.

Esa claridad de actuación ha conseguido que Ayuntamiento y la asociación de bareros zarauztarras Jaitxiki se lleven bien. «Establecemos los horarios con ellos y tenemos una comunicación fluida. Además nos sirve para que entre ellos mismos se aconsejen respetar la normativa». En verano, cuando se cuadruplica la población de la villa, «aumentan también los problemas de ruidos nocturnos. Pero no es un pueblo conflictivo si tenemos en cuenta que hay fines de semana en los que se concentran aquí hasta tres mil jóvenes. Y los vecinos sin embargo pueden dormir».

IRÚN
Dos calles ruidosas
En Irún se han apagado las quejas de la zona conflictiva de la calle Pinar, donde existe una discoteca. Las protestas vecinales por los ruidos, las voces de los clientes, y hasta alguna que otra bronca encontraron la comprensión de los responsables de la sala de fiestas que pusieron remedio y han aceptado la propuesta municipal de reabrirla en el extrarradio y hasta entonces no fomentar la sala. Los pubs cercanos han seguido la estela y, según explica Txomin Navarrete, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Irún Oiasso 2000 y de la vecinal del Pinar, «el barrio ha ganado en tranquilidad. Ahora nos queda la pelea por hacer desaparecer el ruido de las motos».

Echando la mirada atrás, Navarrete recuerda que «los clientes que salían de la discoteca y de los numerosos bares y pubs de los alrededores seguían gritando en la calle, debido al altísimo nivel de decibelios que habían soportado. Eso nos pasa a todos. Pero es molesto para los que duermen».

Ahora las céntricas zonas de Cipriano Larrañaga y Joaquín Gamón son las que provocan más quejas del vecindario por la acumulación de pubs y bares, con amplia clientela. Reconoce que los establecimientos están invirtiendo miles de euros en insonorizar sus locales «y lo están haciendo bien. Están perfectamente acondicionados. Pero lo que no es de recibo que haya en la calle decenas de jóvenes gritando y no dejando dormir al vecindario, un derecho consagrado por la Constitución», recalca el responsable de las asociaciones vecinales irunesas, a quien le extraña que no exista en estas dos zonas de la ciudad sendas asociaciones que intenten resolver el problema de la falta de descanso las noches de las vísperas festivas.

Quizá por todo eso, la Federación que preside Txomin Navarrete quiere lograr sacar del casco urbano irunés a todos los centros de ocio que provocan «ruidos, bullicio y molestias por la noche al vecindario». En este aspecto, no está nada satisfecho de la actuación del Ayuntamiento para resolver la situación. No quiere entrar en más valoraciones sobre el problema y las posturas que han mantenido desde Alcaldía y Urbanismo en la ciudad irunesa.

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