Bilbao, 30/4/3 OPINIONPaís Vasco ruidosoJULEN REKONDO /EXPERTO EN TEMAS MEDIOAMBIENTALESLa actividad humana ha sido siempre una fuente inagotable y continua de sonidos. Sin embargo, el vertiginoso proceso de urbanización que caracteriza a las sociedades modernas ha aportado a la civilización un nuevo problema ambiental: el ruido. Y desde hace ocho años un Día internacional, que se celebra hoy, se preocupa en todo el mundo por la contaminación acústica. El aumento sistemático de la actividad comercial e industrial, una elevada tasa de crecimiento de las viviendas, la pérdida de áreas verdes, la explosión demográfica y una mayor demanda de transporte público y privado han supuesto un impacto nocivo en lo que se denomina el ambiente sonoro del núcleo urbano y, por defecto, en la calidad de vida de sus habitantes. Tradicionalmente, el ruido era considerado como la fuente de contaminación más inofensiva, ya que, a diferencia de otros agentes, sólo se percibe por un sentido y sus efectos son menos inmediatos. Es, sin embargo, uno de los contaminantes más invasivos que se encuentran en la atmósfera. En el ámbito internacional se considera que es el tráfico el factor principal de generación de contaminación sonora en los núcleos urbanos, representa un 80% del ruido ambiental y expone a cerca de un 20% de la población de la Unión Europea a unos niveles superiores a los 65 decibelios, que es una cifra muy elevada. Es el caso también de Euskadi, ya que, según el Mapa de ruidos que ha elaborado el Gobierno vasco, el tráfico, seguido de la actividad industrial, son los principales focos de contaminación acústica. Según el estudio, más de cien municipios de la comunidad autónoma superan el ruido máximo permitido y sobrepasan los setenta decibelios debido a su proximidad a carreteras muy transitadas. Muchas y variadas son las causas de esta contaminación acústica. La legislación, hasta ahora, ha sido insuficiente y dispersa, y la que existe se ha incumplido de manera sistemática. No se controla el nivel sonoro de los vehículos de motor, ni se exigen los correspondientes controles acústicos en las inspecciones técnicas. En la construcción de infraestructuras, industrias y edificios tanto públicos como privados se olvidan con demasiada frecuencia las medidas necesarias para reducir al mínimo posible el impacto acústico. La instalación de pantallas que reúnan unos requisitos mínimos legales respecto a su aislamiento, absorción y transmisión de ruidos puede constituir una aportación interesante para reducir en parte el problema, aunque es sobre todo la planificación urbanística la que cobra hoy en día toda su importancia en la prevención y control de la contaminación acústica. Ello implica una nueva orientación del planeamiento urbano y exige tener en cuenta esta problemática en las futuras actuaciones urbanísticas. Pero, como se ha dicho, la normativa en nuestro país hasta ahora ha sido insuficiente. Euskadi padece, como la mayoría de las comunidades autónomas, un déficit de legislación específica de ruidos. La normativa existente se limita a un decreto aprobado por el Gobierno vasco en 1985, pero que no regula de forma global el ruido, y algunas ordenanzas aprobadas por ayuntamientos, pero que ignoran el ruido del tráfico y el de la calle. El pasado 29 de marzo, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley del Ruido, que transpone una directiva europea a nuestra legislación. Sin duda, esta nueva normativa puede representar un importante avance para limitar los ruidos, y deberá ser acompañada del cumplimiento estricto de la reglamentación y de adecuadas campañas de educación ciudadana para completar su eficacia.
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