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Cádiz, 12/4/3

Hablando en el desierto

Día de la Contaminación Acústica

Francisco Bejarano

El Día Mundial contra la Contaminación Acústica, el nombre completo de la jornada institucional de hoy, no debía tener en España un nombre tan cursi, sino "contra el Ruido y las Escandaleras", que es lo que quiere decir el idiotismo "contaminación acústica". Lo digo porque España es país ruidoso y quizá no se entienda bien una expresión tan fina.

España es algo más ruidosa que Italia y algo menos que algunos zocos del norte de África donde he estado. No creo en el cambio de costumbres de un país por instituir un día, pero tampoco está de más. Con todo, en España hay, y seguirá habiendo, una gran tolerancia para el ruido, quién sabe si porque nuestros oídos están adaptados ya a las vociferaciones y estrépitos después de tantos siglos. Forma parte incluso de las fiestas con las fallas y las tamborradas a la cabeza.

En algunos pueblos de Almería hay porfía entre poblaciones cercanas a ver cual de ellas quema más cohetes, petardos y tracas en las fiestas patronales. El prestigio del pueblo va en ello y las autoridades se encargan de proveer la pólvora. La iglesia de Dalías ardió un año.

Los extranjeros se extrañan de nuestros gritos y manoteos. Los británicos no se explican por qué en un bar con buena parroquia no se puede hablar sino a voces para hacerse entender. Los franceses se indignan de noche sobre todo, cuando los despiertan acelerones de coches y motos o grupos palmeando y cantado de madrugada por la calle, o cuando en la puerta de un establecimiento de copas un grupo de amigos tienen una larga despedida cercana ya el alba.

De la llamada "movida" nocturna de fin de semana mejor es no hablar porque se trata de una cuestión política, de mala política se entiende. Y de una moda que, como todas las modas, pasará algún día. Ya está anticuada, pero tiene sus coletazos.

La mayoría de los ruidos se pueden evitar, pero es más cómodo no hacerlo. Conocida la expresión "Estar más callado que en Misa", debemos tomar el griterío como una falta de respeto de gente mal concertada. Oigan, si no, los equipos musicales de algunos coches, vean cómo los sonidos chirriantes y estridentes se tomaron como estética músical, incluso en la música llamada culta, hace tantísimos años y aún pasa por modernidad.

Napoleón, acostumbrado a los fragores de las batallas, fue un profeta al decir que la música era el ruido menos desagrable. Sí, la mayoría de los ruidos molestos se pueden evitar, pero España parecería otra, sería otra. Pasarán varias generaciones antes de que el día institucional de hoy tenga algún éxito o termine por desaparecer del calendario oficial ahogado por los altavoces horrísonos y las voces estentóreas de España.

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