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Sevilla, 20/10/2002
LA MOVIDA JUVENIL EN LOS REMEDIOS

Más policías, más jóvenes y las mismas quejas

TRINIDAD PERDIGUERO

Tienda de conveniencia pasadas las 11. JUAN CARLOS MUÑOZ El inusitado despliegue de la Policía Local y Nacional en Los Remedios no logró atajar la noche del viernes al sábado el fenómeno de la movida, concentrado en la calle Padre Damián, cerca de la Feria, con botellonas, y junto al parque los Príncipes, donde varias tiendas de conveniencia surten de los ya conocidos packs de bebidas alcohólicas y refrescos; la afluencia de jóvenes fue incluso mayor que otros fines de semana y, de hecho, la calle volvió a quedar cortada, aunque no hubo incidentes como los de hace dos viernes, que se saldaron con daños en el interior de un bloque de pisos. Los operarios de Lipasam actuaron antes de lo acostumbrado, a las 4.30, después de que las pandillas se dispersaran, prolongando el insomnio de los vecinos, según denunciaron de nuevo.

El número de policías municipales fue más del doble: diez agentes patrullaron el barrio (lo habitual es que sean cuatro los que cubren Triana-Los Remedios) con la indicación de controlar la venta de alcohol en tiendas desde las 22.00, que se siguió produciendo, y el horario de cierre de bares. “No podemos ir contra los chavales, porque sería una provocación”, explicaba uno de los agentes, convencido de que pese a la alarma social suscitada no es el de Los Remedios un barrio especialmente castigado por la movida, en la que -añadió- la Policía sólo puede mediar para evitar fricciones entre los que se divierten y los vecinos y multar y clausurar locales que incumplen la normativa.

Varios furgones de la Policía Nacional se dejaron ver también en el entorno de Padre Damián, un refuerzo con el que -según fuentes de la Delegación del Gobierno- se pretende evitar nuevos incidentes. Hasta el jefe superior de la Policía en Andalucía Occidental, Antonio Bertomeu, inspeccionó la zona ante el asombro de los vecinos. Éstos, sin embargo, mostraron su escepticismo sobre la posibilidad de que cambien las concentraciones nocturnas en las inmediaciones de los Padres Blancos, cuando ni la movilización de esta semana ni la presencia policial han servido para que al menos se reduzca. “Ha sido horroroso, puede que ya no nos quede más que dejar el barrio”, comentaba uno de los afectados, que recordaba que hay “miedo” a salir y entrar en las casas. Varios jóvenes lanzaron el viernes cubitos de hielos a fotógrafos de prensa que tomaban imágenes de la concentración. Otros residentes recordaban que las llamadas a la Policía Local y las denuncias han sido constantes durante años y sólo han pasado a primer plano por los recientes destrozos.

Es un capítulo más de esta historia difícil en la que cada una de las partes tiene argumentos y soluciones distintas. “No es un problema de los bares, hace falta un sitio en las afueras, con locales y zonas donde los que quieran hacer botellonas la hagan sin molestar”, opinaba Abel, con 20 años y casi una década bebiendo en la calle. “La gente empezó a ir a Padre Damián cuando vallaron los jardines de la Tabacalera, le decían el recreo de Santa Anta y San José porque te encontrabas a los mismos que en el patio de esos colegios”, añadía el joven antes de comprar las bebidas en una tienda para un grupo de chicos y chicas, estudiantes, vecinos de Los Remedios y de 15 años. Aseguran que nunca han hablado con sus padres de la botellona. “Mi madre ni se imagina que bebo”, aclaraba Rocío, que como sus amigos comenzó a consumir alcohol hace dos años, con 13, en fiestas de fin de año y en la playa. Ninguno cree que tenga problemas en dejar la bebida, aunque conocen a gente que empieza a tener un comportamiento preocupante. Sobre las molestias a los vecinos, dicen que se trata de un problema de buenos modales.

Cerca de Padre Damián, junto a la Feria, un grupo de universitarios hacía otra botellona. Sólo -insistían- se estaban divirtiendo, igual que si lo hicieran en un velador cualquiera. “Lo de los destrozos en el bloque son unos niñatos que hacen una trastada con unas copas de más. Los gamberros de verdad roban motos o te quitan la cartera, pero no pierden el tiempo en eso”, afirmaba Javier, aspirante a aparejador y convencido de que la botellona es una etapa en la vida, dañina, “como casi todo, según se mire”. “Mi padre sabe que salgo de esta manera y que todos mis amigos lo hacen. Él sólo me pide que controle y que me comporte cívicamente”.

Junto al parque de los Príncipes, José Antonio, propietario de una tienda abierta las 24 horas en la calle Santa Fe y con más de media decena de empleados despachando al filo de la medianoche, recordaba que él es sólo el dueño de un local con licencia municipal. “Las soluciones a la movida las tienen que buscar los políticos”, decía abogando por acotar un espacio para la movida, como los chiringuitos que había en la Feria hace 15 años. “Con esto pasa lo mismo que en el campo del Sevilla. Por unos cuantos energúmenos no se puede criminalizar a toda la juventud”, apostillaba tras reprochar a la prensa que se empeñe en dar una visión negativa de la movida. Soledad, vecina de Virgen de Luján que pasea a su perro de noche salteando botellonas o pasando sobre sus restos por la mañana, cree que se trata de un problema de educación. “Los Remedios es un barrio sucio, con o sin la botellona, y no nos acostumbramos a actuar con civismo”.

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