Granada, 26/05/2002 EditorialLey no tan secaEL informe sobre le llamada 'ley seca' o 'ley antibotellón' -en realidad, ley de Prevención del Consumo de BebidasAlcohólicas-- que el viernes aprobó el consejo de ministros, antes de remitirlo para consulta a diversas instituciones, es mucho más moderado y razonable que el que se divulgó en primera instancia, y que provocó lógico debate social. La propuesta, que aún puede ser enriquecida antes de llegar al Parlamento y convertirse en ley, eleva la prohibición de venta de bebidas alcohólicas a los menores de18 años -16 actualmente--, acorta las sanciones a los menores que consuman alcohol en la calle -de dos a seis fines de semana de servicios sociales como máximo--, limita la publicidad de las bebidas alcohólicas, prohíbe su venta en ciertos establecimientos -como las áreas de servicio de las autopistas-, obliga a anunciar los riesgos del consumo de alcohol en la publicidad autorizada y en los centros de venta, y apunta tímidamente la posibilidad de realizar una labor preventiva en los currículos de Educación primaria y secundaria. El que fue inicialmente principal objetivo de la ley en ciernes, el consumo de alcohol en la calle, queda con amplios márgenes de discrecionalidad: se prohíbe siempre que «se altere la seguridad ciudadana o la libre circulación de las personas», salvo en los lugares autorizados por las administraciones públicas. Nada se puede objetar a la pertinencia de una medida que pretende alertar de los peligros de una droga 'dura' como es el alcohol, tratada hasta ahora con gran benevolencia social, así como proteger a los menores de edad de sus efectos más perniciosos. Las consultas en curso -al Consejo de Estado, a la Federación de Municipios y Provincias, al Consejo de Consumidores y Usuarios, etc. permitirán sin duda mejorar el texto de la norma, que ya parece bastante equilibrada y posibilista. En todo caso, hay que tener en cuenta que ninguna ley podrá por sí sola encauzar a la juventud hacia expectativas que no pasen por el 'botellón' y la embriaguez precoz. Para cambiar las cosas realmente, toda la sociedad deberá dotarse de nuevas y más exigentes pautas morales y culturales.
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