Torrevieja, 26/6/2002 Los vecinos de Punta de la Víbora protestan por las obras y el ruido
LUISA SÁNCHEZTORREVIEJA Los vecinos de Las Patricias y de Torreta III, urbanizaciones situadas en Punta de la Víbora, se quejan del «descontrol» municipal, en relación tanto con las construcciones ilegales, como en asuntos de ruidos o de limpieza.Esta zona, urbanizada en los años ochenta, en unos terrenos muy próximos a la Laguna de la Sal, construida antes de la declaración de parque natural, está formada por pequeños bungalow, a los que sus propietarios han ido haciendo diversas modificaciones, rompiendo la homogeneidad de la construcción y, en muchos casos, haciendo propios terrenos comunes, sin que el Ayuntamiento haya tomado cartas en el asunto de una manera homogénea. Las quejas de los vecinos parten, por un lado, de quienes se ven afectados por las obras en edificaciones contiguas. Las consideran, incluso, un peligro, ya que los cimientos originales, según creen, no cuentan con la resistencia adecuada para soportar más peso del inicial sobre todo, porque la mayoría de las reformas no se han sido hechas por profesionales. Por otro lado, también protestan quienes han sido sancionados, porque se sienten agraviados, ya que no se han aplicado unas normas iguales para todos los propietarios. Denuncias«Esto es un descontrol», manifestó Manuel Barrios, ex presidente de la urbanización Las Patricias, que comentó que «dejé la presidencia de la comunidad por aburrimiento, porque aquí cada cual hace lo que le da la gana, y cuando se denuncia una obra ilegal, el Ayuntamiento dice que denunciemos en el Juzgado».Barrios lamentó que «da la impresión de que a los extranjeros se les da un trato de favor, porque ellos hacen lo que les da la gana, y a los españoles si les denuncian». No obstante, también algunos propietarios extranjeros se quejan de una política arbitraria en materia de sanciones, según comunicó Esquerra Verde, que anunció que un grupo de residentes extranjeros de esta zona había denunciado una situación de agravio comparativo ante el Síndic de Greugues. La denuncia de algunos extranjeros sancionados se basaba, según el mencionado grupo de oposición, en que los reclamantes ante el Síndic se sentían agraviados por la política arbitraria en materia de sanciones, al haber sido multados por obras menores, cuando otras infracciones urbanísticas de mucha mayor entidad que las protagonizadas por ellos no habían sido denunciadas ni sancionadas. La política de sanciones urbanísticas no es lo único. Barrios denunció el abandono de las calles «que no vienen a limpiarnos nunca, ni a podar, porque dicen que es una zona privada, para lo que le conviene». Otra de las quejas de los propietarios se centra en el sistema de alcantarillado de la urbanización. «Las tuberías de aguas fecales pasan por mitad de los patios y cuando se obstruye alguna nos salen los detritus en nuestras casas». La emisión de música a alto volumen, proveniente de tres bares contiguos sin que la Policía o la Concejalía de Actividades intervenga, como señaló uno de los vecinos afectado por los ruidos, Juan Sáenz, es otro de los inconvenientes que sufren los vecinos de la zona.
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